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Recuerdos
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-¿Q
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ué ocurre Claire?
Brinque del
susto, Alexander se encontraba de mi lado, tomando mi mano preocupado,
reaccione que tenía una cara asustada, y esto lo estaba haciendo preocuparse
por mí.
Inmediatamente
cambie mi cara.
-No
te preocupes no es nada… es solo.
Sabía que no
debía decir nada de eso, a fin de cuentas el estaba también involucrado y le
afectaría.
-Vi
una abeja.
-¿Una…
abeja?- dijo con un tono de incredulidad
-E…
si una abeja, le tengo fobia a las abejas… me dan mucho miedo. De hecho, iré
ahora mismo para ordenar que la atrapen antes de que lastime a alguien.
Corrí sin
preguntar o esperar que diría él, me sentí tonta por tan ridícula excusa, me dirigí
hacia donde había visto a la Tía Teresa, aunque ya no la encontraba, entre a
una habitación, no tenía ni idea porque, pero fue un impulso de mi cuerpo,
diciéndome que había algo ahí.
Entre a la
habitación, era una habitación vieja, aunque se mantenía en buen estado, en la
pequeña cama, con holanes y osos de peluches, se encontraba la Tía Teresa,
dándome la espalda, eso le dio un aspecto tenebroso.
Me acerque a
ella, antes de llegar a ella, comenzó a girar hacia mí.
-¿Ya
has tomado tu decisión… querida Claire?
-Yo…
aun…
-¿Debo
recordarte que mañana será el día que te comprometerás? Sería muy grosero de tu
parte irte después de haber hecho una fiesta para anunciarlo.
-Yo
no quería…
-Lo
sé. –Me interrumpió bruscamente- por eso es que te estoy ayudando.
Quedamos un
momento en silencio. Abrí la boca para decir algo pero ella rompió el hielo
antes que yo.
-Tienes hasta la media noche de hoy. Después de eso no podre ayudarte.
Se giro a mí, y
comenzó a acercárseme. Cuando se acerco lo suficiente para ver sus ojos
oscuros, y distinguir su pupila me susurro.
-Piénsalo
bien, puede que cuando aceptes serás realmente libre… feliz.
Después de eso se
fue de la habitación, yo en cambio me había quedado helada de lo que me había
dicho.
Me acerque lo más que pude a la cama y caí de
golpe sobre ella. Después me recosté en ella y me arrincone, después tome un
oso de peluche, era muy grande.
¿Qué? ¿Cómo pude
haber pensado eso? Si puedo tomarlo con ambos brazos.
Claro… ahora
recuerdo… era muy grande para mí cuando era pequeña.
De estar
acostada, vi como una sobra pequeña corrió a lo largo de la habitación, lo que
más me hizo estremecer fue que termino a un costado derecho de la cama, junto a
mí, se había escondido. Me dio temor saber lo que había ahí, aunque una parte
de mi no lo tenía, lo único que hice es acercarme a la orilla y observar lo que
había ahí.
Era yo de
pequeña.
De repente, toda
la habitación cambio drásticamente y se formo un recuerdo tan vivo que sentí
que estaba presente en el. El color, los objetos, la presencia de mis padres y
yo en la misma habitación.
La pequeña niña
escondida se reía mientras se tapaba la boca para que no la escucharan, parecía
que ella no podía verme a mí, pero yo si a ella. Cuando de repente entro una mujer
hermosa, de cabellos largos, lacios y de color café, mi madre. Entro lentamente
a la habitación diciendo:
-¿Donde
estas Claire? Oh que mal no la encuentro. No está aquí.
La chica a tales
pensamientos de la madre comenzó a reírse. La mujer se dio cuenta y se acerco a
la cama, y la asusto diciéndole:
-¡Te
encontré¡
La abrazo y
comenzó a darle vueltas, cuando vi que caerían en la cama donde yo me encontraba,
me levante de golpe y en seguida ellas cayeron en la cama. Riendo, abrazadas,
este recuerdo estaba cavando de nuevo la herida que me había costado tanto
trabajo cerrarla los últimos años, el recordar los momentos que se que nunca
volverán.
Cuando se
calmaron, la niña quedo recostada y la madre a un lado de ella, le dio un peluche,
eso me hizo voltear a mis manos, el oso de peluche ya no estaba en mis manos.
Recordé que ese
peluche me lo había obsequiado mi mama, un poco antes de que hiciéramos el
viaje de ida a aquel reino que nos esperaría una gran desgracia.
Pero ocurrió algo
que no había recordado.
-¡Quiero
ser Reyna¡¡Quiero ser como tu mamá¡
La niña con los
ojos brillantes y llenos de seguridad le dijo a la mujer. No recordaba que yo
lo hubiera dicho pero si ahora lo estaba recordando era por algo.
-Serás
una gran Reina, pero recuerda Claire. Siempre sigue lo que tu corazón te dicte.
Si no quieres algo, no te fuerces a hacerlo, no hay nada que uno no pueda
hacer, no es cuestión de nivel social, económico, sino del esfuerzo y
dedicación de cada uno de nosotros.
La niña pequeña
quedo sorprendida ante las palabras de su madre, pero aun así con una gran
sonrisa le dice:
-Lo
que quiero ser de grande es ser como tu mamá, una Reina.
Al parecer la
niña no había comprendido las palabras de la madre, pero sabía que algún día,
cuando fuera el momento las entendería, por lo que no dijo mas y la abrazo
fuertemente.
-Claro que si…. Hija mía.
Ahora lo comprendo todo, se lo que
tengo que hacer. Mire mis brazos y ahí estaba el peluche, lo abrace fuertemente
y me dije a mi misma. ``Voy a hacerlo… voy a ser Reina´´. Mire a mi alrededor y
todo había vuelto a la normalidad, a la realidad.
Me dirigí a la
puerta, la abrí y Salí, no me di cuenta que una persona estaba afuera y choque contra
ella, era un empleado con un gran jarrón de flores, no le vi la cara pero sabía
que era un hombre, cabello café y un poco largo.
-Discúlpeme
Le dije
inmediatamente después que casi lo tumbaba, no hizo señal de haberme escuchado
y solamente siguió caminando sin mirar atrás.
Inmediatamente se
dieron cuenta de mi presencia, pues el príncipe había estado preocupado por
haberme ido de repente y desde entonces me habían estado buscando.
El príncipe al
verme se acerco rápidamente, y después me pregunto:
-¿Dónde
has estado Claire? ¿Te encuentras bien?
Era demasiado
exagerado estar tan preocupado solo por unos minutos de ausencia de mi parte.
-Si,
¿Por qué no debería de estarlo?
-Claire,
han dado la alarma de que ha entrado un intruso al castillo, no sabemos quien
es o que es lo que busca, pero no debe ser nada bueno.
-Y
¿Hay alguna idea de donde puede estar?
-No,
pero mandare a varios guardias aquí para que vigilen.
-Muchas
gracias.
Lo primero que se
me ocurrió es que podría atrasar la fecha de compromiso, me sentía muy
presionada, pero llego por detrás de mí el Tío Ernest arruinando mis
posibilidades:
-Pero,
no podemos atrasar la fecha de compromiso, sería un inconveniente.
El príncipe
asintió con la cabeza, después me miro y al ver la presencia de mi Tío no me
dio más que un beso en la mano y se marcho.
En cuanto se fue,
el Tío me lanzo una mirada fría como si hubiera sabido lo que había pensado. Se
retiro sin decirme una palabra, siempre me había faltado un padre y parecía que
él lo sabía, y más a propósito me causaba dolor.
Me quede sola en
el pasillo, no me gustaba esta sensación, lo que más me causaba dolor era darme
cuenta de mi soledad, así que siempre trataba de no pensar en ella. Camine
hacia dentro del castillo, un guardia me escolto hasta mi habitación por el
peligro que había ese día.
Llegue a mi
habitación e inmediatamente alguien entro a la habitación, era Antonia y tenía
una cara preocupada. Cerró la puerta.
-Claire,
por favor dime qué te pasa
No podía creer
que se hubiera dado cuenta, a caso lo sabía y solo me está probando o es solo
un presentimiento.
-Teresa es tu Tía, pero últimamente te
ha estado siguiendo y hablando más seguido, y viniendo de ella me preocupa que te
este haciendo algo.
-Yo…- bajando la mirada
-Por favor Claire- me levanto la mirada con su delicada y rasposa
mano, puede que sea debido a todos estos años de trabajo que hasta sus manos
han salido afectadas- solo quiero
ayudarte…
Pensé seriamente
en mentirle, pero ella siempre había encontrado la manera de distinguir cuando
mentía y decía una verdad, no tenia opción.
-Yo…
estaba pensando en huir antes de comprometerme.
-¿Qué?
Fue ella la que te dio la idea.
-¿Como
lo sabes?
-Aunque no lo creas, siempre has sido
muy responsable, siempre has pensado en los demás antes que en ti misma, no
puedo pensar que se te hubiera ocurrido algo como eso a ti.
-Emm…-respire hondo hasta que pude pronunciar palabras- Ella me ha dado el día de hoy para responderle, y la verdad es que aun
no se qué hacer.
Antonia se me
acerco y me tomo los hombros, me miro a los ojos muy segura.
-Escúchame
bien Claire, te diré algo que tal vez no ha cruzado tu mente, y además
independientemente de eso, quiero que tomes tu decisión. Y sabes que de cualquier forma te apoyaría.
Asentí con la
cabeza.
-Teresa,
nunca se había preocupado por ti ¿O sí? ¿Te has preguntado porque lo ha estado
haciendo? Tengo una idea y no quiero que me malinterpretes… Angelina.
-¿Angelina?- me sorprendió lo rápido que cambio de personaje la conversación
-Cuando
tus padres murieron, ellos vinieron para representarlos, pero… en realidad
nunca han sido dueños…Reyes de estas tierras, Claire.
Esto me tomo de
sorpresa, siempre creí que ellos habían tomado posesión aquí, pero no sabía lo
que tenía que ver con la conversación.
-Si
desaparecieras, no quedaría nadie heredero a la corona… y esos derechos se
pasarían a la siguiente familia…
-Mis
Tíos
-Y
por lo tanto quien seria Reina fuera…
-…Angelina
Fui tan ingenua,
¿cómo no pude verlo?, pero eso no podía descartar mi posibilidad de huir, tal
vez ella lo hacía para que ella obtuviera el trono, pero eso también me
beneficiaría a mí. A fin de cuenta, ella siempre había sido mejor que yo.
Nos quedamos en
silencio, fue tan penetrante que hasta podía escuchar los latidos de mi corazón,
y estoy segura que Antonia también podía hacerlo. Después de un rato de silencio,
el guardia que estaba afuera de mi puerta, le señalo a Antonia que se retirara,
ella asintió con la cabeza y se retiro de la habitación.
Al cerrarse la
puerta, me sentí mas vacía que nada, ya no tenía ni idea de lo que iba a hacer,
ni lo que pensaba, ni creía.
Pero tenía que
tomar una decisión. Mi límite era antes de que se acabara este día.
*
Unas cuantas
horas después, regrese a mi habitación, después de haberle dicho a la Tía
Teresa lo que había decidido, parecía contenta a saber mi decisión, no pensaba
en lo que ella quería, sino en lo que yo quería.
Me cambie el gran
vestido por una bata larga y ligera de color rosado claro para dormir. Cuando
me senté en mi cama, sentí un bulto cerca de mí, pero no tan pesado, era
liviano, voltee para observar que era.
Era una pequeña
gatita. Dormía pasivamente sobre mi cama, era de color blanco, peludo y
esponjoso, lo supe porque pase mi mano sobre ella, tal hecho que hizo que se
despertara.
-No
te asustes, no te hare daño.
Acerque mi mano,
y esta correspondió ronronear y replegarse a mi mano, acercándose a mi brazo y
llego a mi regazo. Se acomodo y comenzó a dormirse. Comencé a acariciarla, me
acomode en mi cama dejándolo cerca de mí, lo coloque entre mis brazos y nos quedamos
dormidas. Supongo que ambas.
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