domingo, 29 de septiembre de 2013

Metateleos Capitulo 6

CAPITULO 6 – EL REENCUENTRO

Gracias a lo que los capitanes pudieron presenciar en el campo de guerra y de habérselos pedido, han decidido darme el entrenamiento que requiero lo más pronto posible, pues puede haber ciertos problemas mayores si aún no puedo controlar mi razer interior.
En la mañana han venido a nuestro refugio para llevarme a una recamara donde ahí podre tener el entrenamiento apropiado y me tendrán bajo control si algo malo llegara a ocurrir. La estancia aquí es aproximadamente 5 o 6 meses si lo hago correctamente.
Estoy completamente decidido, sé que lo lograre… solo tengo un poco de miedo el que algo malo ocurra, tanto en esta sala como afuera.
El lugar es muy amplio, todo es color blanco, sin vidrios para interactuar con el mundo… solo hay esta sala, un pequeño cuarto donde se encuentra toda la comida necesaria y un cuarto de baño.
Me siento algo encerrado aquí, pero creo que por el bien mío y el de los demás será necesario.
Hace un rato que estoy en esta sala, creo que debería comenzar por ejercicios físicos, quizá no tenga su poder, pero tendré una mejor condición física.
Intentare correr 90 kilómetros para calentar, después quizás 300 flexiones, como sea solo será para ponerme en forma. Intentare escribir los progresos cada 2 semanas.
Siempre tengo solo una meta al hacer esto… obtener poder para así proteger gente importante para mí.
Cada día intento dar lo mejor de mí, todo lo que puedo, pero aun así siento como si no progresara lo suficiente… sé que tengo aun tiempo pero no quiero desperdiciarlo, al contrario, quisiera que el proceso fuera mucho más rápido
Mañana ya se habrán cumplido las dos primeras semanas de mi entrenamiento. A partir de mañana ya se habrá terminado todo el entrenamiento físico y vendrá la preparación mental que también me he fijado una semana, suena un poco absurdo dedicarle demasiado tiempo a esto, pero si de algo estoy seguro es que cuando el momento llegue no puedo estar dudoso.
Ya ha comenzado la segunda sesión de mi entrenamiento… la preparación mental. Los capitanes que me vigilan me han dejado una grabación de sonido…
-Parsek, hemos observado ciertos patrones de tu conducta… estamos al tanto de que estas seguro de ti mismo, pero no apresures al entrenamiento… si algo sale mal cuando estés con tu razer interior sabes lo que puede pasar… ¿no es así? El entrenamiento no tiene por objetivo que lo termines lo más rápido posible… tiene por objetivo que desarrolles bien tus habilidades.-
Tal vez sea cierto, tal vez me estoy apresurando demasiado, quizá sea mejor prepararme más antes de hacer lo que deba hacer, aumentare dos semanas más el entrenamiento físico.
Si me apresuro demasiado intentando proteger a los demás, quizás termine siendo totalmente lo opuesto si no lo hago correctamente.
Ya es la mitad de la 4 semana, siento que si he progresado, me he vuelto mucho más ágil de lo que era antes, espero que sea lo suficiente para contraatacar.
Me pregunto qué es lo que estará sucediendo afuera, no puedo escuchar nada, es una recamara especial anti-ruido solo puedo mantener contacto con los 3 capitanes encargados de mí.   
Hace unos días me pregunte muchas cosas, bastantes sobre nuestro origen, que relación tendremos con los humanos, si pienso un poco sobre ello, llego a la conclusión de que al final son dos universos paralelos entre si… ¿habrá algún doble mío pero humano? ¿Habrá algún doble de todos en humano? ¿Tendremos similitudes si es que los hay o seremos lo opuesto? Creo que estoy divagando mucho… debo concentrarme en mi meta para poder cumplirla.
Mañana regreso a la situación en donde debo prepararme mentalmente, no creo que me lleve demasiado tiempo, estoy seguro de mí mismo y de lo que haré, no hay nadie quien me detenga ahora mismo.
Aquí es donde tengo que convencerme a mí mismo de lo que voy a hacer, para así poder sacarme todo rastro de duda, sé que ya estoy prácticamente listo, pero debo estar lo más preparado posible para esto.
Ya es la mitad de la semana que me he propuesto para esta sesión de entrenamiento mental… y cuando estaba reflexionando las cosas… me llego a la mente el recuerdo de que hace dos semanas y media que se supone que Decker saldría de su terapia… no pude estar presente para que lo dieran de alta y poder felicitarle y pedirle perdón por mis acciones… jamás quise que eso pasara… de cierta manera me hace sentir con más determinación para lograr mi objetivo.
Ya ha pasado la sesión de entrenamiento mental… mañana es el día en que me enfrentare cara a cara con Kesrap… estoy seguro de que todo saldrá bien, cuento con el apoyo de mis amigos y de los capitanes. Mi entrenamiento ha dado sus frutos y con esta experiencia por fin podre cosechar lo que mi entrenamiento me ha dejado. En fin… todo el día de hoy me dedicare a simplemente tener confianza en mí mismo.
Después de una noche de sueño que me hizo mucho bien, estoy listo para lo que me depare. Creo que los capitanes de nuevo me han dejado una nota de sonido.
-Parsek, por lo que sabemos según tu bitácora de lo que has hecho y lo que estás haciendo podemos dar por hecho que estás listo para lograr dominar a tu razer interno, cuando consigas tu cometido te sorprenderás con una noticia que creemos te fascinara. Recuerda que esta es la fase crítica de todo lo que has conseguido y hecho. Esperemos que todo lo que hayas hecho pueda ser lo suficiente para lograrlo. Cuando estés listo entra a la cámara de criogenización para evitar que tu cuerpo siga funcionando, pues ahora ya no podrás despertar hasta que lo consigas, y la mejor manera de conservar tu cuerpo por 5 meses es la criogenización. Te deseamos lo mejor soldado-
Al oír esto me siento aún más determinado. Ya es hora, entrare a la cámara ya. Al meterme en ella, como si estuviera programada puedo ver como puerta se cierra automáticamente, entonces comienza a salir un líquido de unos pequeños tubos, poco a poco comienzan a congelarme, pero no siento frio, no creo que sea hielo, quizá es un material especial para la conservación, será mejor que comience  a concentrarme en llegar con Kesrap.
-oh lo he conseguido algo rápido, regrese al lugar donde conocí a Kesrap-
Miro hacia todos lados, no lo veo por ningún parte, es difícil no ver a alguien con traje blanco en un lugar negro.
-Vaya, vaya ¿a quién tenemos aquí? Parece que ahora si estás preparado para entregarme tu cuerpo y mente, ¿no es así?-
-No pienso hacer eso jamás, de hecho he venido aquí para tomar tu poder… no pienso pedírtelo, pienso quitártelo-
-si algo aquí ha cambiado, es solo que ahora hablas más de lo que puedes hacer-
-¿Enserio quieres ver que no solo ha cambiado eso?-
-parsek viendo que tienes más confianza sobre ti mismo… ¿qué te parece si hacemos la pequeña apuesta que aquella vez no pudimos concretar?-
-¿qué apuesta?

-¿no me digas que ya has olvidado todo? Esta bien, te lo recordare, si ganas… te quedas con mi poder… y si pierdes…. (en ese momento se dibuja aquella sonrisa tan aterradora como la última vez) ¡¡¡ME QUEDARE CON TU CUERPO Y TU MENTE POR SIEMPRE!!!-

domingo, 22 de septiembre de 2013

+La Espera+ Cap.1

1
LUNA LLENA
No puedo siquiera recordar algo sobre los que hubieran sido mis padres, aunque no sé si deba llamarlos así, pues solamente me dejaron en un calvario donde sufro día con día. Mamá y Papá, quienes se hacen llamar así son muy lejanos a lo que pudiera imaginar lo que es un padre y una madre.

Nunca desde que tengo uso de razón he dormido en una cama, uno llega a acostumbrarse a lo que tiene, pues es todo su universo y no puedo pedir más de lo que tengo, pues puedo ser muy exigente para mi padre que trabaja como guerrero, el cual protegía a toda la nación.

Puede ser muy lejano mirar hacia el futuro, pues no sé si mas allá de limpiar pisos y lavar ropa hay algo que yo pueda hacer mas. Tal vez no hay un futuro más allá de estas cuatro paredes frías y húmedas, donde los caballos, vacas y animales de granja duermen junto a mí. Uno llega a acostumbrarse a lo que tiene, repito. Pero nunca está de más desear algo mas allá de lo que tiene. Aquí comienzan las esperanzas, aquí, comienza la espera de algo mejor en nuestras vidas.

Con solo 12 años de edad comprendo lo que significa esperar, más que esperar por una fecha, una fiesta, un regalo. Es esperar por completo que te permitan tener una vida, que muchos se encierran propiamente o, incluso renuncian a ella, que no daría yo por ser libre cada que una persona se rinde ante las riendas de la vida y sus contradicciones. Yo jamás me rendiría, por más dura que fuera, solo quiero ser algo más que un pago que mi familia no logro completar antes de abandonarme en las garras de la morgue. Solo quiero una oportunidad. Las oportunidades tienen un inicio, pero ¿Cómo saber cuando comenzó? Tendrán un límite de tiempo para aprovecharlas, la señora anciana que siempre me da unos cuantos panes cuando me ve cargando costales de arroz y trigo para la tienda de mi madre, me ha dicho que por algo pasan las cosas. Pero no puedo creer que todo el dolor y sufrimiento tenga un objetivo bueno en consecuencia de todo el tiempo perdido. No puedo creerlo. Tal vez ella nunca ha esperado como yo lo hago aun, aun sigo esperando.
La vida, mi vida; se basa en espera.
No puedo hacer algo más que esperar, actuar seria simplemente un error lógico, si quiera tratar de huir de mi destino es como si yo misma me colocara una soga al cuello colgando de un árbol y me tirara de él. Nadie en el pueblo se compadece de mí más que dándome sobras de sus comidas, pero se los agradezco, varias de esas ocasiones son las que me han salvado de no morir de hambre. A ese límite he llegado. A odiar a todo lo que me rodea. Aunque muy en el fondo, simplemente quiero tener una vida normal de una chica con su padre y madre, quienes le dan protección y amor, simplemente quería ser normal.

He procurado olvidar mis deseos, he procurado evitar soñar, pues simplemente el hacerlo y levantarse un día mas, dándome cuenta que todo lo que esperas es imposible y es irreal, duele más aceptar la realidad. Así que ¿Qué es lo que hago? Vivo como una marioneta de Arisa, mi madre, y de Ryu, mi padre.

*
Siempre que pienso en todo esto, solo vuelvo a lastimarme, así que procuro no hacerlo… muy seguido.

—¡Vamos, apúrate niña¡ no querrás que perdamos un cliente mas de nuevo por tu culpa ¿Verdad?

Ante la exclamación inminente aunque predecible de mi madre Arisa, esa vieja arrugada de unos cuarenta años que, según ella era una mujer hermosa y gastaba casi todo lo que teníamos en productos para ``mantener´´ su belleza.

En primera, creo que lo que busca ella no es mantener, sino encontrar. Y segunda, no hay nada en este mundo que haga milagros. Claro esto solo lo pienso en mi mente, si alguna vez lo hiciera personalmente que garrotazo me llevaría en la cabeza.

—No, no querré que ocurra eso de nuevo — agregué al momento que me inclinaba y tomaba de nuevo aquel costal de arroz, colocándolo en mi espalda y, flexionando un poco mis piernas tambaleantes para lograr levantarme y caminar hacia donde estaba el pedido, pues, para mi madre creía que eso era bueno para mí, haciéndome más fuerte de lo que era. Solo pretextos, siempre los pretextos sobraban.

Tomé un poco de aire antes de continuar caminando, pero, para mi mala suerte, alguien, y cuando digo alguien me refiero a Yuu, la hija de mis padres, aunque ella si era de sangre, yo solo, puede decirse que era adoptada, aunque en realidad era para sus ojos, un objeto. Esta niña vanidosa, como su madre, de unos centímetros más alta que yo; y bien que aprovechaba esa ventaja, coloco algo sobre mí, sobre mi cabeza, y trate de no imaginar lo que era, pero  para mi mala suerte si, era una gallina. Esta comenzó a revolotear alrededor de mis cabellos que, no eran muy largos, pero tampoco muy cortos, alborotando lo que apenas había alcanzado a cepillar esta mañana. Sin pensarlo caí de frente, y todo el peso del costal cayó sobre mi espalda y sobre mi estomago.

Sentí como el aire huyo de mí, al igual que un poquito de sentido de vida escapo, fue desesperante en ese momento, mirando hacia arriba, donde los rostros conocidos y desconocidos me miraban fijamente, sin hacer nada. Parecía un homicidio perfecto, pero los aldeanos no harían nada que la esposa del ``Acero Negro´´ dictara. Ellas, madre e hija, simplemente admiraban como mi rostro sudoroso por el esfuerzo, que combinado con la tierra volvía lodo lo que cubría mi rostro comenzaba a desvanecerse. No podía más, sabía que de aquí, por lo menos saldría con una costilla rota y desmayada. Claro todo esto solo sería mi culpa y un inconveniente que causaría bajas en las ventas.

Todo era muy injusto, todo…

Cerré mis ojos, para tratar de levantar lo que era el costal sobre mí, varios se reían, muchos decían: ``Pobre chica´´, y criticaban a mi madre. Pero ¿De qué sirve ver un problema, un accidente, si lo único que harás es observar? No sé ellos pero cuando miran tú propia decadencia es más desesperante. Puede llegar a  dar coraje de la forma en la que un ser humano actúa cuando otro ser humano es maltratado, humillado, asesinado frente a ti, y lo único que haces es mirar.

Todo se volvía más sofocante, sentía que mis brazos me temblaban al momento de intentar levantarme de nuevo. Cuando de pronto, el costal, mis penas que cargaba en mi espalda, se habían vuelto más ligeras, en realidad, no pesaban nada.

Fue un sentimiento increíble, aunque hubiera sido por un segundo, solo por un segundo, me sentí liberada. Aunque uno debe volver a la realidad. Todo lo que pienso o hago puede manifestarse en pequeñas cosas como una metáfora. Pero cuando te das cuenta que no es más que poner en objetos materiales algo que deseas comienzas a notar que te engañas a ti mismo.

Mire desconcertada hacia la persona que había sido mi ``salvador´´ por unos segundos, pero lo único que pude ver fue una sombra, no había nadie arriba de mi, simplemente escuche como el costal cayó a un costado de mi y pasos se dirigieron hacia la puerta, no pude ver más que una sombra.

Continuando con la realidad, mire hacia las causantes de mi martirio, claro, no parecían muy contentas con lo que había pasado, nadie me había ayudado en mi vida de aquella forma, retando a aquella mujer, a quien yo siempre la vi como una bruja.

Varias personas en el lugar comenzaron a susurrar y hablar, había de suponer que de aquella persona, varios afirmaban que no era de por aquí, y que parecía un guerrero, pues portaba una katana en su cintura.

 Bueno, al menos me doy cuenta porque fui ayudada, no sabían con  quien trataban. Aunque, al mismo tiempo sentí pena, sabía que si alguien intentaba darme la mano, tratando de sacarme del agujero donde me encontraba, seria pateado por alguien y caería al vacio conmigo.

Y no quiero condenar a alguien más que quede como yo. Por lo menos es lo que puedo hacer en mi situación, ignorar cualquier ayuda para que no sean maldecidos con la misma miseria que yo. Esto me ha llevado a un camino obscuro y solitario el cual recorrer. Aunque ¿En realidad alguna vez cruce ese camino acompañada? Ni siquiera conozco el sentimiento.

—¡Apúrate chiquilla¡ No tenemos todo el día—su mano dura, fría y pesada recayó sobre mi mejilla derecha donde; mi rostro giro hacia el lado contrario, algo aturdida mis ojos se humedecieron un poco por el impacto, pero inmediatamente talle mis ojos para que la mujer frente a mí no diera otro golpe diciendo que era una débil y malcriada hija, que con las lágrimas no me escaparía de los problemas.

Eso ya lo sabía, yo más que nadie, que he llorado en las sombras sé que no sirve de nada llorar, simplemente te sirve para darte cuenta que aun sigues siendo humana en este mundo, física y espiritualmente.

Me incline un poco adolorida por el costalazo y de nuevo lo coloque en mi espalda. Una chica, para mis criterios, no debería cargar algo tan pesado, pero muchos ni siquiera sabían que era una chica. Todo lo que me había pasado, mi aspecto y mi forma de actuar podría ser fácilmente confundida con un chico, y así fue. De nada ayudaba mi cuerpo poco desarrollado, tanto que me hacía preguntarme ¿Cuándo iniciaba la pubertad?

Salí por la misma puerta que salió mi salvador, aunque sabía que era la única salida de ese lugar, Arisa no le gustaba mejorar la calidad de servicio ni los productos, solamente su precio.

Las calles son terregosos, algunas piedras pueden sentirse a cada paso que doy, mas con un peso extra en mis espaldas. Sin zapatos puede ser todo más difícil, por lo menos algo que me cubriera de la arena que en las mañanas era como lava ardiente. Pero en las noches, era todo lo contrario, un frio incontenible. En cualquier caso era difícil de soportar para mí.

Como siempre, esas calles llenas de personas, a pesar de ello me sentían solitarias. Todos tenían un lugar donde regresar, si mas no recuerdo, eso era lo que los impulsa a caminar hacia una dirección en específico. Pero ¿Qué pasa conmigo? Solo regreso por temor a mi hogar, sé que si huyo no descansaran hasta que me encuentren, eso es lo que mi madre Arisa me dice cada que bajo mi mirada. Ella no le gusta que piense las cosas, gracias a dios no hay forma de que se dé cuenta en lo que estoy pensando, mi mente es el único lugar donde tengo privacidad y libertad de hacer lo que quiera, aunque muchas personas se limitan y también son encadenadas por algunos panes o monedas este lugar tan sagrado para un ser humano.

Mientras poco a poco parecían las personas abrir paso, tanto que me sorprendió, por un segundo creí que por mi había sido todo aquello, pero fue tan tonto pensarlo como casi sonreír frente toda aquella multitud. Inmediatamente comencé a escuchar como caballos galopantes venían a esta dirección, de esta forma como pude con el peso que llevaba desde el lugar inicial, orillándome junto con la multitud, formando solo un rostro más, eso esperaba, pues cuando mi padre llegaba con su equipo no me gustaba que me mirara…de aquella forma. Por lo menos esperaba que me siguiera viendo como un chico por unos cuantos años más que pueda defenderme por mi propia cuenta.

Murmureos, sonrisas, gritos de libertad aparecieron a mi alrededor, donde la única forma de saber de donde provenían era levantar el rostro y buscar los sonidos, pero eso podría crear un problema a una chica tan ``desconsiderada como yo´´

No esperaron a acercarse a nuestro salvador que, al mismo tiempo era nuestra maldición, pues era una relación de adoración pero temor a lo que pudiera responder, algo similar a un dios, pero este sabíamos que era de carne y hueso, no solo las leyendas podían confirmar eso que dictaba.

Acero Negro había llegado al pueblo de Yuukiraki, como decía su propio nombre; Lugar donde lluvia blanca cae.

Puede tener un hermoso nombre, pero eso no asegura tu estadía en este lugar.

—El Señor Ryu ha regresado para protegernos—agrego un hombre cuarentón a mi lado que, parecía más que emocionado por protegernos, mostraba un fanatismo evidentemente a seguir sus pasos por un motivo muy ilógico y sin comprensión al ser humano.

Un pequeño quejido se escapó de mi boca, aunque agradecí que nadie hubiese escuchado, podría decirse que al ofrecer protección a cambio de adoración era una forma de hacerlo intocable, todos respetaban a mi padre en ese lugar, menos yo. Les había lavado el cerebro de una forma ingeniosa ¿Por qué era la única que no había sido capaz de ser inmune a ellos? Puede que yo puedo ver a través de su alma y conocer sus propias y sucias intenciones, puede tener honor de guerrero, pero siempre busca un interés detrás de ello, se aprovecha de lo que es bueno, para un mal común que se confunde con protección.

—¿Qué clase de personas adoran a alguien así? —exclame para mí misma en forma de susurro, pero en realidad, parecía que lo había dicho mucho más alto de lo que había pensado, pues varias personas dirigieron una mirada asesina hacia mí y, aun con aquel costal en mis espaldas, me tomaron y me lanzaron en medio del camino. Caí sobre la tierra de lava de nuevo, aunque ahora el polvo era más fácil de aspirar cuando los caballos levantaban y volvían a retumbar sobre la tierra la llegada de un ídolo de la comunidad.

No podía creerlo, había evitado verlo desde un principio, incluso me escondí de las últimas filas donde las personas en contrario de ellas; varias de ellas querían ver a un guerrero después de una batalla.

Siempre era lo mismo, se iba por un buen tiempo a una guerra que, últimamente se habían vuelto mucho más continuas, traía recursos para nosotros y parecía que había una feria en el pueblo la noche de su regreso; pero era de admirarse desde la ventana, o bueno, en realidad era un desperfecto en mi habitación que se encontraba hasta el ático de la gran casa donde vivíamos, desde ahí podía ver la diversión de las personas y los fuegos artificiales.

¿Y aun me preguntan porque no considero a esos dos mis padres?

No sabía mucho de lo que hacía Ryu, pero en realidad que parecía ser bueno en ello, en cierta forma el mismo rostro de siempre me miro con superioridad desde aquel animal de carrera, que usaban más como medio de transporte más que como alguien cercano a uno mismo. Su rostro no mostraba ninguna expresión que pudiera identificar, siempre era lo mismo, no sabía que pensaba y mi mente quedaba en blanco, por consecuente era la persona que más se aprovechaba de mí y sin poder pensar algo al respecto, él había encontrado la manera de quitarme la libertad de pensamiento.

No dijo nada, solamente lanzo un costal de no sé qué cosas y después, retiro su mirada, fue algo relajante al momento, pues cuando mantenía la mirada fija en mí, me costaba trabajo respirar, como si cualquier ruido hiciera que desenvainara su acero contra mí. Aunque no creo que lo hiciera frente a todos, tendría la vida asegurada hasta que llegara a casa.

—Carga eso hasta casa—agregó el temerario Guerrero sin mirar a su receptor, simplemente halo de la cuerda que dirigía al caballo a su merced y me evito, los demás soldados miraron como su líder hacia aquello y continuaron con su sendero.

Siempre era lo mismo, yo era como una simple sombra frente a ellos.

La multitud comenzó a dispersarse, uno que otro soltó un gruño a cerca de mi grosería, otros se acercaron a mí y escupieron a mi lado, muchos trataron de darme un sermón sobre lo agradecida que debía estar con Ryu, además de que no sabían cómo no me sentía orgullosa de que fuera mi padre. Tragé mi odio como si fuera veneno, como me gustaría decirles los motivos por los cuales odio más que admiro a mis padres día con día.

Ignoré todas aquellas quejas, me levante al momento que tomaba con la mano derecha el costal que mi padre me había aventado y con la izquierda sostenía contra mi espalda el costal, tenía que hacer dos cosas antes de regresar a casa.

*

Después de haber entregado el pedido a la mujer anciana que tanto hablaba, era lo más cercano a un gesto de cariño que me habían mostrado, pero era limitado, aunque en realidad podía considerarla en mi propio mundo la única persona que no odiaba en este grande y a la vez, tan pequeño pueblo.

Poco a poco el pueblo se expandía, conseguía territorio, en realidad no soy muy seguidora de todo lo que ocurre en las Guerras de Conquista, puede que su nombre lo diga todo, pero no es lo mismo   leerlo en un libro que vivirlo en carne propia.

—Muchas gracias niñita—agrego la mujer que con sus arrugadas mejillas se movían y creaban una sonrisa un poco hueca por la falta de algunos dientes, que parecía que había perdido hace mucho tiempo.

Respondí con un gesto amable, una sonrisa que pocos conocían, no la fingida que siempre colocaba como una máscara al momento de llegada de muchas personas a la casa, pues debía mostrar un respeto, al mismo tiempo me daba cuenta que también portaban una máscara, simplemente engañándose a si mismos.

—Ten pequeña—susurró la anciana mujer que muy amable siempre fue conmigo, en realidad no sabía porque me ayudaba de esa forma, tan arriesgada y al mismo tiempo limitada, si era que tenía un poco de cariño hacia mí, o solamente ya estaba preparada para la muerte. —Te gusta mucho el arroz ¿No? Hoy he conseguido un poco para que puedas comer durante el festival de bienvenida.

Un poco perpleja mire como en sus manos estiradas sostenían un pequeño plato cubierto con un papel, en realidad me sentí muy alegre, sonreí y, asegurándome que nadie nos hubiera visto me incline mostrando mi gratitud.

-En efecto, me encanta el arroz—asegure mientras guardaba esta comida en mi morral recargado en mi cintura del lado derecho, para esconderlo cuando llegara a casa, sabría que si se daban cuenta todo saldría mal. Unas cuantas lagrimas salieron de mi rostro, pero en realidad no fue algo muy notorio, simplemente unas cuantas gotas se asentaron en las orillas de mis orbitas.

—Muchas gracias—agregue mientras tomaba ahora solamente el costal que debía llevar a casa. La mujer sacudió su mano, haciendo ademan que no era nada.

—Espero que lo disfrutes…—cayo un momento mientras me miraba, en realidad pareció sorprendida y al mismo tiempo apenada— pequeña niña ¿Cuál es tu nombre?

Calle, ante esa pregunta no tenía respuesta, la verdad era que había llegado a este mundo, desde que tengo memoria, sin un nombre. Ella pareció comprender el significado del silencio que, muchas veces expresaba más lo que sentíamos que con las palabras.
—Muchos me dicen Norainu[Perro callejero]—acepte, tratando de mostrarlo como una broma, de hecho y esboce una carcajada exagerada y falsa, pues ella comprendió que todo eso era para no hacerme sentir mal a mí misma, y no movió alguno de sus músculos.

En seguida, cambio su rostro a uno más amable.

—Entonces debería ponerte uno—comento mientras sonreía con una confianza radiante y sorprendente—veamos…eres tan fuerte y feroz Como un Tigre, tan libre y ligera como un ciervo, y …¡Tan linda y tierna como un gato¡ —no pude evitar abrir los ojos de par en par al escuchar aquellas comparaciones, además de tratar de entender la última.

—Pero…no soy fuerte, soy débil. No soy libre, vivo encadenada…y ¡Por dios¡ Parezco un chico—dije tratando de corregir todo aquello que había dicho, pero ella cayo y en vez de eso, comenzó a pensar—.Podría ser Koshitora, o Rashiko, también Shirane, ¡Oh¡ Neshito.

Sonreí internamente y también físicamente, era la única mujer que lograba hacer eso, mostrar mi verdadero yo.

—Bien, bien. Me quedo con Shirane.[ しらね ] —dije algo estresada por la actitud de la mujer, pero agradecía, porque en realidad me había dado ahora una identidad.

—Muy bien Shirane, será un secretito de ambas ¿Si? Solo serás Shirane para mí y para quien tú decidas—en realidad, que era una mujer extraña—Shirane; ¿Podrías ayudarme regando la planta? Tengo que salir—pidió la mujer que, sonreía y ponía un rostro de súplica.

—No hay problema—dije mientras sonreía y tomaba el costal, saliendo a la calle y buscaba algo con que regarlo. En realidad no sabía ni que era aquello que estaba plantando, en realidad era feo y extraño, pero parecía ser lo único que había logrado plantar la anciana mujer en una tierra tan poco fértil, y además, parecía irse hacia donde le daba la gana. Una planta rebelde.

Termine por continuar con el camino, sabiendo el transcurso en casa cuando llegaba Ryu.

Llegue a la entrada trasera donde, estaba la cocina. Rápidamente, entre la noche brillante iluminada por una inmaculada ente sobre nosotros, además, escondí rápidamente el arroz en una bolsa y la escondí en mi bolsillo.

Corrí rápidamente hacia la sala y tome el costal, colocándolo en la habitación de papá
.
—Llegas tarde—gruñó la vieja que siempre estaba a lado de mi padre cuando llegaba a casa, como perro faldero buscando por sobras del almuerzo. Jamás había visto una relación amorosa entre esos dos, aunque puede que me equivoque, tal vez solo compartan el gusto por hacer sufrir a las personas.

Me agache de hombros al momento que me dirigía hacia mi padre, en aquella habitación tan amplia, Ryu sentado como un honorable en medio de la misma y, Arisa a su lado, de pie, parecía que era más la sirvienta que su propia esposa.

—Lo siento padre, no volverá a ocurrir—agregue con un tono sereno, pues no quería ser humillada por tercera vez en el mismo día.

Mi mirada permanecía hacia el tatami sobre el cual pisaba, era un material un poco brillante y de un color café hermoso, y más cuando era limpiado muchas veces había podido ver mi reflejo como si fuera un espejo, pero ya quisiera que hubiera tenido uno, era algo que solo podía tener algunas personas, además, no era que mirarme a mí misma era lo más agradable que pudiese hacer durante el día. Pero Yuu parecía no molestarle de todo.

Como un cazador asechando a su presa, mi padre se levantó derecho y firme. No era necesario mirarlo para saberlo, el simple eco de sus pies caminando por la habitación y su respiración constante y predecible me hacía saber que me estaba mirando, que me estaba analizando.

No quería verle a los ojos, sentía como si fuera medusa y por algún motivo al mirarlo a los ojos quedaría petrificada por la eternidad, pero al menos de esa forma seria eterna.

Mientras los pasos continuaban y se detuvieron frente a mí, levante poco a poco mi mirada, aquellos cabellos que tanto odiaba me cubrieron la frente, haciendo que no pudiera centrar por completo a Ryu que , no parecía ni feliz ni triste, pero esa cara inexpresiva me hacía sentir mucho más inquieta que cuando su ceño se fruncía.

Suspire un poco nerviosa mientras le miraba tímida, espere a que dijera algo, pero pareció no importarle y se dio media vuelta.

Al notar que parecía alejarse, di un gran suspiro que, al principio creí que estaría a salvo de otro moretón en el rostro, pero pareció que no fue así.

Al principio se sintió dolor, al momento de que su mano abierta de par en par intercepto contra mi mejilla, golpear contra el suelo y quedar reposando ahí por unos cuantos segundos.

Todo quedo en silencio durante otros cuantos más, y después este se dirigió hacia mí, mirándome desde arriba como si solo fuera una abominación de la naturaleza.

—Esa vieja estúpida siempre está echando pestes a nuestro ejército, no es más que una anciana que va en contra de los deseos de su majestad—silencio un momento para después proseguir con una mirada mucho más indefinida, tanto que no podría explicar con palabras de lo que trataba.

—Estúpida protestante, no le importa que su propio hijo sea soldado…—sus palabras eran de un tono tan grotesco, como si escupiera sobre esa persona, imaginándola a sus pies e imaginando humillarla. Me daba asco.

Esto no podía soportarlo más… que hablara mal de mi, que me golpeara, podría aceptarlo…

—Vieja inmunda…

Detente…

—Sin escrúpulos…

He dicho que te detengas…

—Zorra…

—¡CALLATEEE¡ —Grité.

Creo que todos en la habitación estábamos un tanto sorprendidos sobre la actitud que había tomado, ni yo misma podría creerlo. Por mis mejillas caían lágrimas de odio hacia la persona tan repulsiva y maligna se encontraba frente a mí. No me había arrepentido, pero sabía que de esto no saldría nada bueno.

Primero fue un silencio inquietante, mientras me miraba como ojos abiertos de par en par, sorprendido sobre aquella orden hacia mi amo.

—¿Qué has dicho niña insolente? —reclamo mientras al gritarme escupía saliva que salía disparada hacia tantos lados que no podría explicar el cómo, tartamudeando, demasiado indignada. Arisa que parecía que , más que caminar se estaba arrastrando desde el lugar donde se había encontrado, al final de la habitación, mirando como todo ocurría, pero sabía que no era por la preocupación de haber sido ofendido su esposo, sino que era una oportunidad perfecta para quedar bien con el General Principal del ejercito de Su Majestad.

Me tomo del cabello grasiento y enredado , halando hacia arriba , obligándome a quedar a su altura, casi de puntitas para poder mirarla directamente a los ojos, aunque trataba de soportar el dolor de sentir como mis cabellos parecían arrancarse uno a uno, como las raíces se debaten entre quedar en mi cuero cabelludo o salir del mismo. Solamente quería que se decidieran de una vez por todas.

Gemí de dolor al estar de esta forma, la mire como desprecio sudando, fruncí el ceño sin saber lo que hacía y le mire.

—A usted…tengo muchas otras cosas que decirle…—otra bofetada marcó mi rostro con un rojizo intenso, el dolor no era algo nuevo, pero aun así seguía doliendo como cada golpiza que me habían dado bajo este mismo techo y, sorprendentemente hasta delante del pueblo.

Sentí como mi mejilla ardía, le mire con los ojos cristalinos pero no podía retractarme, a pesar del dolor se había sentido tan bien decírselo.

Ella, como si hubiese sido poseía por un demonio la hubiese poseído,  después de soltarme como a un saco de arroz, similar a los que cargo día a día con respecto a un tamaño similar al mío. Seguido comenzó a golpearme de una forma tan absurda que parecía anciana tratando de aplastar una cucaracha con un simple palo, era divertido, claro, si no pensaba en los moretones que dejaría después.

No pude hacer más que cubrirme con mis propios brazos, tratando de evitar que golpeara, pateara y demás en cualquier parte que fuera más que doloroso para mí, ciertos puntos podían dejar más de un mes adolorido. No por una simple golpiza me dejarían descansar en cama.

Arisa seguía golpeándome, manotazos, puñetazos, patadas.  Comenzó dándome simplemente unos cuantos golpes, algo parecido a las cachetadas en mis brazos y rostro. Al ver que no había podido cumplir con su objetivo, su mano se cerró creando un puño que, a decir verdad dolía como si fuera un mazo. Golpeando múltiples partes de mi cuerpo, uno de esos golpes termino dándome en mi brazo izquierdo, el cual cubría un lado de mi rostro y cabeza. Dejándome indefensa en el suelo, termino por no agacharse y comenzar a tirar patadas hacia mi pequeño cuerpo, simular a un armadillo fue lo único que pude hacer, aunque eso no evitaba que tratara de sacarme el aire.

Lo cual lo logro, en un milisegundo de tratar de cubrirme más, no note que había dejado expuesto mi estómago, lo que hizo que la punta de su pie terminara en mi estómago, casi sentía que habían tocado mis costillas.

Solté un alarido fuerte de dolor  y sufrimiento de golpe, mi reacción fue retorcerme en el suelo y quedarme ahí, tanto era mi dolor que no podía moverme, además de que agua, tanto de mis ojos como de mi boca, salían despavoridos como cascadas.
Mis fuerzas, tanto internas como externas me habían abandonado.

Mire de reojo con la vista aun borrosa hacia los dos seres que más odiaba. Arisa, que parecía más que feliz, molesta como fiera, fruncía el ceño y se estremecía al momento de que Ryu se acercaba a ella, mirándola de una forma que no pude descifrar en ese momento, giro de nuevo su mirada hacia mí.

—¿Aún quieres decir algo más? —pronuncio solamente con los labios, aunque hubiera estado en mis cinco sentidos, creo que no hubiese escuchado aquello, solamente había sido un mensaje para mí, una advertencia. Al menos tenía la decencia de advertirme.

De mi vista desapareció esa presencia, sentí un pequeño alivio mientras continuaba mirando hacia arriba con una mirada perdida y con aquel dolor en mi estómago, por un segundo sentí como si una costilla hiciera ¡crack¡ y me perforaba los pulmones, puesto que me costaba respirar en ese momento.

Arisa, con la mirada fija en su marido mientras salía de la habitación, y dejaba el lugar en silencio, el cual no tardo de romperse al tomarme de los cabellos y no poder evitar soltar alaridos, creo que era lo que más le molestaba a la mujer de arrugas que me tomaba como un tendedero a su ropa.

Aun molesta, me arrastro literalmente por el suelo y abrió la puerta corrida hacia un lado, sonido el cual había sido tan familiar para mí, mirando desde afuera. Aquel sonido familiar de madera rozando, recorriendo la puerta que te permitiría ver un paisaje de fauna de la más fina y un ente astral enorme al igual que brillante, lo primero que notarias seria la luz que iluminaria tu piel de un color más claro que el de comúnmente, terminando con un azote en los lados laterales y se detendrían.

Mi cuerpo era realmente ligero, y más para una mujer con el enfado tan igual como aquel. Lanzo mi cuerpo hacia afuera, ella salió de la misma forma y comenzó a tomarme del cabello de nuevo y arrastrarme hasta la entrada, pero no era para darme una cálida bienvenida.

Primero fue agradable la sensación del pasto sobre mis rodillas mientras me arrastraba, no podía hacer nada más que seguir a su merced, seguir la corriente que me llevaría a aguas lejanas, al menos esperaba que fuera solo esta noche, frio, refrescante y suave a comparación de las rocas, sentí alivio como las heridas parecían calmarse.

Aunque cambio de pronto esta sensación, tanto que un poco de energía salió dentro de mí, casi siguiendo a la madrastra que continuaba sacando la basura a la salida del hogar, levantaba un poco mis pies, tratando de seguir su paso y no raspar más mis rodillas que sentía que en cualquier momento sangrarían.

Algunos alaridos pequeños y débiles continuaron saliendo de mis labios, terminando en uno sonoro y sofocante a las afueras del muro. En el suelo reconfortante por haber terminado con el martirio. Quedé tirada en ese lugar.

Gire mi rostro hacia la que había traído el paquete hasta aquí, y con un rostro lleno de ira y después, de felicidad al verme así, de reojo miro el perro tirado en la calle.

—No se te ocurra volver en toda la noche. Tampoco quiero que vayas al evento en el pueblo, si te veo andando por ahí como perro callejero que eres—como signo de fortaleza y autoridad, ni siquiera de digno en mirarme al decir la última frase que, al escucharse en aquel tono y lo que significaba, sabía que era una amenaza—No te ira tan bien como ahora…

Se quedó ahí, parada, sin hacer nada, ni siquiera podía escuchar su respiración, aunque tal vez era porque la mía estaba demasiado alterada a lo común, era repetida, jadeante y demasiado pesada.

—No te quiero aquí, largo…—susurro la mujer mientras aún mantenía su postura tan derecha, en teoría, sin mirar hacia atrás.

Quede quieta un segundo, pero pareció que no quería que dudara de su orden dos veces.

—LARGO DE AQUÍ—Esta última frase la hizo sacudirse un poco por el esfuerzo en gritarme, en soltar todo aquel odio en una sola frase, un poco aturdida y herida, me levante poco a poco, con mi mano derecha en mi estómago y mi brazo izquierdo, caído y como un péndulo, balanceándose de un lado a otro por el simple hecho de caminar. Al estar por completo de pie, mire hacia ella, pero se había ido, aun así, no quería arriesgarme de nuevo.
No de nuevo.
***

Caminar con los pies descalzos sobre la tierra que, muchas veces tenia pedazos de metal que podían enterrarse en mis plantas, golpeada, lastimada, sin fuerzas y lo más importante, sin objetivo fijo hacia dónde ir, era demasiado para una niña como yo. No, no solo para una niña, sino para un humano.

Renqueando hacia la nada, comencé a darme cuenta como yo misma me contradecía, volverme egoísta en los momentos más oportunos para evitar ser lastimada, más de lo que ya estaba.  Me di cuenta que no era tan distinta a las demás personas que para protegerse a sí mismos torcían la cara hacia el lado opuesto de la forma más obvia de injusticia y sufrimiento, ignorando por completo los gritos silenciosos de alguien como yo.

Mis pies parecían moverse por sí solos, solamente buscaba salir de ahí, sin querer buscaba de la misma forma esconderme de ellos, al menos una sola noche.

No podía ir al pueblo, tampoco podía volver a casa. Regresar con la anciana amable seria sentenciarla a muerte, no podía hacerle eso a la única persona que, ponía su egoísmo en otra persona que no era ella.

Estaba sola en esta noche, no era distinta a otra de las de mi pasado, pero está en especial se sentía mucho más vacía. Esas veces que el corazón te palpita demasiado rápido como  para ser humano, pero al mismo tiempo, estar tan sereno y tranquilo que parece no tener vida.

Era tan extraño los extremos a los que llega mis sentimientos, dudo que sea humana, pero, al tocar mi pecho y sentir como bombea sangre mi corazón, al tocar mis mejillas y humedecer mis dedos de lágrimas, y también, el deseo de conseguir un futuro donde yo sea la ama y señora de la misma, la única, es señal de que sigo siendo humana.
De eso me cercioro cada mañana que me despierto.

Sentía que poco a poco podía caminar mejor, me había acostumbrado a este tipo de cosas a tal punto que podía recuperarme mas rápido que antes, pero no era que fuera ahora inmortal.

Seguí caminando por la orilla del pueblo, la cual constaba básicamente de fauna, arboles grandes, frondosos y algo oscuros por la posición en la que me encontraba según la luna.

Un poco más derecha de lo que había estado caminando, recobrando el aire y continuando mi camino hacia un lugar lejano, donde pudiese estar en paz al menos por esta noche, o por lo menos para no ser golpeada, abofeteada y humillada en público…de nuevo.

Adentrándome en lo profundo del bosque, sentí que me perdería, pero extrañamente siempre terminaba logrando regresar a casa, siempre. El camino, cual fuera el que tomara, parecía que mi destino era regresar a ese lugar. Al menos ya no me preocupaba por perderme.

Era muy oscuro, no veía por donde caminaba, en varios momentos sentí como mi pie se atoraba con alguna rama y en varias ocasiones hubiera terminado azotando contra el suelo, y si hubiera sido así, ahí hubiera terminado mi recorrido.

Conforme caminaba más adentro de lo desconocido, sentía que mi camino se iluminaba más a cada centímetro. Podría ser un sueño, pero deje la ilusión a un lado y note que la luna parecía quedar cada vez más sobre mí. Aunque era algo lejos para quedar por completo debajo de aquel ser ancestral inmaculado sobre mí, seria a varios metros frente a mí.

Si hubiera estado vigilada por alguien más, podría decirse que no trataría de huir, pero aun así, no tenía oportunidad ahí afuera. No estaba acostumbrada a enfrentar el mundo real, aunque no creo que haya mucha diferencia.

La noche era fría, no podía sumársele que estuviéramos cerca a solamente días que la nevada del año diera inicio, cubriendo los campos de una capa blanquecina de hermosura de la naturaleza. Aunque en este momento, el frio era lo menos que deseaba. Había dormido fuera muchas veces, pero nunca me habían dado una paliza tal cual la había vivido hace unos segundos.

Una pequeña risita burlona salió de mis labios al recordar el milisegundo del rostro de Arisa, aquel rostro de deshonra y en cierta forma, de sorpresa, preocupación, ofendida. Era dulce…debo admitirlo.

Esto hizo que mi estómago doliera y evitara reír, la verdad era que ciertos movimientos que realizaba, me hacían lastimarme mas. Trate de distraer mi dolor con otra cosa, pero para mi sorpresa, otro problema apareció en mis entrañas.

Hambre.


Experimentarlo antes me hacía fuerte en estas situaciones, y de esta forma pude continuar caminando hasta no poder resistir.

Mire hacia los lados, el cielo en ocasiones parecía despejarse de la frondosa cantidad de árboles cubriendo el cielo, era hermoso, más cuando aparecían los fuegos artificiales de aquella fiesta de bienvenida a los soldados después de esa lucha por mas tierras para nuestro…su gobierno.

Ryu no era la máxima autoridad, pero tenía al menos la autoridad en el pueblo, incuestionable.

Haberme detenido para mirar los fuegos artificiales, al menos desde la perspectiva en la que me encontraba era algo reconfortante, divertido y hermoso.

Mientras mantenía mi mano izquierda en mis costillas y la derecha caída, continue caminando girando mi rostro hacia donde quiera que fuera.

No era divertido caminar de esta forma, pero no quería regresar, al menos no por ahora.

***
Continué caminando un gran tramo de terreno, creo que me aleje en gran cantidad del pueblo, además había tenido que esquivar varios guardias que se encontraban en las orillas del pueblo, vigilando y en varias ocasiones como si estuvieran buscando algo, otra razón por la que me sería imposible escapar.

No sabía que ocurría, puede que la guerra con los demás pueblos y ciudades sea más grave de lo que nos dicen en el pueblo. Aunque creo que es lógico, nunca un gobierno te dice abiertamente como se encuentra su situación, entraría el pueblo entero en pánico, es una forma de mantenernos a raya, a límite, mantener nuestra boca cerrada.
—Pff...¡Que frio¡ —exclame entre la fuerza al hablar que mantenía y el chirrido de mis dientes al hablar por el mismo frio.

Un gruñido se escuchó simultáneamente al dar el siguiente paso después de esto, seria penoso si hubiese estado en presencia de otra persona, pero aquí estaba en libertad de no apenarme por ello.

Suspire.

Mire a mi alrededor y recordé lo que tenía conmigo.

—Gracias anciana amable—dije al momento de meter mi mano en el bolsillo de los pantaloncillos cortos viejos, de un color que antes pudiese haberse dicho que era verde, ahora parecían más café, grisáceo. Agradecí que no lo hubiera puesto en el bolsillo roto.
Saque el arroz con una gran sonrisa en mi rostro. Era el mejor momento del día, comer, aunque no siempre era un horario determinado.

Entre el silencio que predominaba en el bosque, el sonido de la bolsa en movimiento parecía como si fuera una atrocidad a comparación de la realidad. Me sentía como si hubiese corrompido el más puro silencio de la historia.

Pero ¿Qué se le puede hacer? El hambre es algo que no se puede evitar.

Al abrir la bolsa, el olor del arroz cocido me lleno hasta lo más profundo de mis poros nasales. Mi boca se hizo agua y lleve la bolsa cerca de mi boca, así comencé a comer un poco. Aun me costaba moverme.

Estaba demasiada distraída saboreando el neutro sabor del arroz cuando un sonido capto mi atención. Por un segundo creí que era un guardia y por instinto me limite a correr hacia un árbol y tratar de esconder mí presencia, tonto para no saber dónde se encontraba mi adversario.

El silencio predomino y, como cualquier chica curiosa de mi edad, tuve que salir para saber que había sido.

Al principio, todavía todo era oscuridad, algunos pequeños hilos de luz se colaban entre las ramas y hojas de los árboles, pero de pronto una luz mucho mejor y mucho más brillante parecía aumentar y llenar más el vacío donde me encontraba.

Sin sentido y curiosa por saber, camine unos cuantos pasos más, antes de llegar a un claro, era…pequeño, no era muy grande que digamos, aunque este lugar parecía ser olvidado por el bosque, el cielo abierto directamente iluminado por la inmaculada luna parecía hacer un alineamiento perfecto con el claro.

Aun con la bolsa de arroz, con un pequeño restante en él, camine sorprendida y con la boca abierta ante la hermosura del lugar, nunca había visto algo parecido. Por lo que no podía evitar tener el deseo de estar ahí.

Creo que había encontrado un lugar donde pasar la noche.

El ruido de una rama rompiéndose me hizo brincar de susto. Y además, girar bruscamente hacia mi derecha, donde había provenido el ruido.
Sudando frio, mire un árbol, ¿Un árbol? ¿Había sido un árbol el que había hecho aquel ruido? Aunque sea una niña no significa que sea…ingenua para pensar esto.
Aunque quería creerlo, no quería saber que había alguien más ahí.

—¿Hay alguien ahí? —inmediatamente me sentí más que estúpida, si no se había dado cuenta de mi presencia, ahora sí que estaba frita. Me quede callada mientras mantenía mi mano colocada en mi boca, puesto que había quedado impresionada por mi tonta idea de cuestionar aquello.

Aunque ningún ruido permanecía ahí, sabía que había alguien, y con la misma curiosidad que mato al gato, camine lentamente y con temblor en mis piernas hacia el árbol que mantenía oculta alguna presencia desconocida.

Cada vez estaba más cerca, sentía como si mi corazón fuera a explotar en algún momento, pero no podía echarme para atrás ahora, no ahora.

Mientras me acercaba y comenzaba a girar el tronco de árbol, en el suelo parecía aparecer los zapatos negros de alguien, claro, acorde a lo que era…un soldado. Mi estómago parecía revolverse, pero mis pies no se detenían, de pronto el sonido tan claro, cristalino y delicado de una katana desenvainándose apareció, seguido del metal precioso brillando en un ángulo perfecto con respecto a la luna, apuntando la punta directamente hacia mi cuello.

A pesar de estar de pie, aquella persona con su rostro escondido en una capucha, traje negro un poco ligero, aquel tipo de traje cómodo para caminar, zapatos que había anunciado su presencia pero había ignorado.  Bueno, al menos tenía zapatos.

Me quede petrificada mientras algo temerosa mire hacia aquella persona, materia directa y recta su katana hacia mí, sin temor ni duda, aunque la mantenía con la izquierda, con la derecha presionaba su abdomen…estaba herido.

—…¿Se encuentra?... —no pude terminar la frase, no era necesario saberlo, aunque su presión parecía estar constante reflejada en la fuerza con la que mantenía blandida su arma con un solo brazo, su respiración no parecía la más adecuada.

Además, esos zapatos…yo los conocía. Entrecerré los ojos al darme cuenta de su identidad, no conocida pero a la vez sí.

Me acerque un poco más tratando de evitar aquella opresión y amenaza contra la propia vida, decidida, pero de nuevo me apunto amenazante, ahora sus ojos azul brillante me amenazaban de una forma increíble, tanto que daba miedo.  No había ni una pizca de compasión en sus ojos, ni por una chica…que puede que piense que sea chico pero bueno.

—No eres de por aquí ¿Verdad forastero? —susurre al Chico que, para mi opinión poseía entre 20 a 23 primaveras en el mundo actual, pero…¿Quién soy yo para juzgar?  Ni siquiera recuerdo exactamente mi edad. —Nadie se atreve a ayudar a una niñata como yo en este pueblo…—ahora él sabía lo que yo conocía.

Escondió su mirada en aquella capucha, sonreí por alguna razón y moví lentamente la punta de la katana hacia un lado con la yema de mis dedos. Cuando estuvo fuera de mi camino, en la dejo caer, parecía que había estado esperando ese momento ansioso, parecía cansado. Además, de su rostro parecía caer sudor a galones, sus cabellos negros intenso recaían por los lados, y un poco por parte de arriba de su frente.

 Mantenía su rostro mirando hacia el suelo, encorvado, su pecho subía y bajaba de manera incontinua pero constantemente en aumento de velocidad. Además, la mano que apoyaba en su abdomen con la mano derecha estaba escurriendo sangre, manchando su traje negro y, por más difícil de creer, parecía ser más intenso el color carmesí al negro.

Me acerque lentamente, como si se tratara de curar a un león; a pesar de tratar de ayudarlo, no sabía si atacaría en cualquier momento, por lo que tenía mi precaución.

Agachándome me acerque a mi acompañante, mire un poco aterrada su herida, pero aun así, tuve que tragar mi cobardía y lleve mi mano temblorosa a la suya, que mantenía en su herida y también tambaleante, mire distraídamente su rostro y note que parecía que se estaba desmayando.

Levante un poco su mano para poder ver cómo era la herida, al principio y por unos cuantos segundos pude ver que era herida de la misma arma que portaba, aunque no creo que de la propia que tenía en las manos.

Inmediatamente comenzó a brotar sangre como fuente de ella, y de nuevo cubrí su herida con su mano, y encima coloque la mía mientras, algo preocupada miraba a mí alrededor.

—E-espera aquí, ahora regreso— Desesperada mientras me levantaba de golpe , note que el mismo había dejado de colocar presión, me regrese de nuevo al suelo, y tome su otra mano, con la anterior ambas estaban en la herida, así que le dije algo asustada: —Mantén presión, por favor.


Sin dudarlo me levante de nuevo y note que el obedecía, era su propia vida la que corría riesgo, y yo me sentía necesitada a ayudarlo, parecía que había sido una de las pocas personas que habían encontrado a una pequeña chica en medio de la oscuridad, o al menos se había tomado la molestia de mirarme en ella y lanzarme una moneda.


Corriendo al bosque, busque entre la oscuridad las plantas que la anciana había dicho que servían para el dolor, otras que servían para desinfectar, era lo único que creía que podía hacer ahora, lo único que podía aportar.

Dicho y hecho, encontré ambas plantas, tan extrañas como podría imaginar, no era común encontrarlas en otras partes de la región, era otra característica increíble de las tierra originarias del gobierno.

Como si desafiara la física, corrí lo más rápido que pude a donde él se encontraba, no era sorpresa que continuara ahí.

A su lado me senté mientras trataba de encontrar la forma de ayudarle, tome de mi cintura que permanecía atada a un hilo que usaba como fajo, una pequeña tela en forma de cántaro, era flexible y me permitía llevar agua fácilmente.

A mi alrededor había muy poco que usar, pero me limite a lo que tenía.

Con una piedra grande, coloque las plantas y comencé a machacarlas con otra más pequeña, de momentos le echaba una mirada a ver si continuaba despierto, al parecer el simple hecho de que respiraba me permitía continuar con mi labor
.
Con agua y la bolsa en la que llevaba el arroz, la doble para poder colocar agua en forma de recipiente y las plantas que servirían para dolor, me acerque para dársela.

—Vamos…bébela—levanto su rostro aun sudoroso por el dolor, y me miró fijamente, levantándose de forma difícil pero logrando acercar el rostro hacia el agua, la lleve hacia él, mientras le tomaba la espalda para ayudarlo a beberlo, el parecía aceptar la ayuda. Eso me alegraba.

Al terminar de beber aquello, regresé e acerque a él y susurre de forma tranquilizadora.

—Tendrás que resistir un poco…te servirá…—sin esperar a su respuesta, con el agua comencé a limpiar donde tenía la herida, al menos parecía no sangrar tanto como antes, y así limpie donde podía infectarse, y con la masa de planta que había machacado la unte poco a poco, una combinación de sangre, agua y plantas de campo curativas.

No era de sorprenderse que se quejara silenciosamente, los hombres suelen hacer eso, y más si creen que es deshonra caer tan bajo como para expresar su dolor. Escuchaba su silencioso dolor y simplemente permanecí cayada.

No podía hacer nada más, continúe untando y termine.

Con un poco de tela (que en realidad era mi suéter roto en tiras) cubrí  su herida y rodee su estómago con la misma, de forma que podría decirse que era una venda, al menos estaría un poco más tranquilo.

Todo esto fue tan rápido que olvide cuanto tiempo había estado curándolo.

Todo término en silencio, inclinado pareciendo recuperar el aliento se reincorporó cuidadosamente mientras miraba hacia el suelo. Me sentí orgullosa del trabajo, parecía estar mucho mejor que antes, era lo único que podía hacer después de lo que había hecho por mí.
De haberme mirado cuando nadie lo hacía.

Con mis piernas cruzadas, mis manos juntas en mi regazo y mirando hacia el suelo, mire las manos llenas de sangre y tinte verdoso de las plantas de antes. Abrí y cerré las mismas, mientras gire mi rostro hacia arriba, mirándolo de frente.

—Gra…—en vez de verlo de nuevo en aquella posición, débil y reconfortante, encontré su mano derecha, ensangrentada, dirigiéndose hacia mi rostro.

Petrificada me quede mirando cómo se acercaba, cuando llego a mi rostro, llego a mi mejilla, fue un toque delicado, recorriéndose hacia mi cuello, rodeando por completo el mismo con una sola mano. Mire sorprendida y confundida hacia él.


Antes de sentir aquel dolor insignificante y pequeño.


Antes de caer al suelo y cerrar los ojos sin sentido.


Lo único que recuerdo es haber visto aquellos ojos azules, eran tan brillantes como la luna que iluminaba una noche oscura.


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