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Responsabilidades
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n las clases, siempre es igual, entre a la habitación donde recibo,
bueno recibimos clases, digo recibimos porque soy yo y mi prima Angelina, ella
se parece mucho a su madre; tiene el cabello y ojos negros profundo, pero su
aspecto no es como el de su madre, en ella parece como si fuera un ángel,
siempre, desde que llego con mis tíos, siempre me pareció una chica hermosa,
siempre quise ser como ella, tenía una actitud seria, pero amigable a la vez,
dura pero comprensible, casi nunca podía jugar con migo de pequeñas cuando
estábamos cerca de la tía Teresa, pero cuando ella no estaba, siempre nos
divertíamos mucho, aunque llegamos a estar en problemas a veces, y ella,
siempre asumía la culpa por mí, un punto a favor de ella, y eso me hacia
admirarla más y querer ser como ella.
Hubo una época en la que cuando comenzamos a crecer, ella comenzó a
alejarse mas y mas de mí, me sentí sola, como cuando mis padres murieron, en
ese momento me había dado cuenta que llene el vacio con la compañía de
Angelina, hasta que llego el momento que solo hablábamos cuando era necesario. Sentí
como si una barrera enorme nos separara y esta barrera no pudiera romperse, no porque
fuera resistente, sino porque cuando intentaba derrumbarla, Angelina volvía a
reconstruirla.
Al entrar a la habitación, solo estaba Angelina sentada en la silla
del lado izquierdo, mirando hacia el frente, hacia el ventanal que no se
distinguía ante lo deslumbrante de la luz del sol, aunque esos rayos del sol no
hacían que la habitación pareciera un horno, ella se percato de que había
entrado hasta cuando cerré la puerta detrás de mí, cuando volteo a verme,
enseguida desvió la mirada, la distancia entre nosotras había hecho que cada
vez que nos viéramos nos fuera incomodo estar cerca una de otra, simplemente
camine a sentarme donde me correspondía, y espere.
Quería buscar un tema de conversación, aun no me había rendido, aun la
quería como mi propia hermana, mi hermana mayor, pensé por un segundo que era
inútil seguir intentado, pero hice a un lado eso y abrí la boca para comenzar
una plática con ella, pero cualquier sonido que hubiera hecho antes de que me
detuviera, el sonido de la puerta abriéndose de golpe, nos hizo voltear hacia
ella, ahí entraba el maestro de música. Camino y se postro frente a nosotras,
se inclino para mostrar su respeto, como siempre, todas las mañanas lo hacía, y
nosotras, como todas las mañanas, reverenciábamos para corresponderle.
Después de todo, la clase transcurrió como siempre, primero nos daba
una clase sobre el instrumento que aprenderíamos, todo sobre él, como su
historia, quien lo invento, de donde proviene, y al final, como aprender a
tocarlo.
Nunca he sido buena en algunas cosas, pero lo que me encantaba hacer
más que a nada era tocar el violín, era mi pasión, mi pasatiempo, era muchas
cosas para mí.
Cuando toco el momento de mostrar al maestro como tocábamos el piano,
fue mi turno primero, pero como siempre, se escuchaba más como ruido que como
música, el propio maestro se tapo los oídos cuando comencé a tocar, como había
dicho, mi pasión era el violín, no el piano.
Algo de lo que más admiraba era que Angelina podía hacer todo, cuando
ella paso a tocar el piano, la melodía que toco era muy bella, relajante me
hacía sentir que los problemas podían irse.
Toda la melodía quedamos en silencio, al terminar, el maestro comenzó
a aplaudir como loco y a llorar, tenía una actitud un poco femenina, y no lo
digo porque fuera maestro de música. Angelina simplemente se levanto y volvió a
su lugar como si lo que hubiera hecho no fuera gran cosa.
-Eso fue increíble Angel- le dije casi en susurro como si no
quisiera que el maestro se diera cuenta.
Ella no respondió, tenía la mirada al frente, como si no hubiera
escuchado nada, eso me hizo sentir tonta por seguir intentando acercarme a
ella, a pesar de ser maravillosa, desde que me hizo a un lado, cambio mucho, a
veces pienso que la tía Teresa le lavo
el cerebro y la puso en mi contra, pero una persona no puede soportar tanto
tiempo hacer algo que no quisiera.
En fin, solo voltee hacia el maestro como si no hubiera dicho nada, el
volteo a verme con una cara de frustración.
-Clarisse, que hare contigo, sino te esfuerzas en tocar algo que no sea
el violín nunca aprenderás.
-Pero a mí no me gusta tocar el piano, ni la flauta, ni ningún otro
instrumento, a mí lo que me gusta…
-Si, si lo sé. ``Lo que me gusta es tocar el violín´´ Cada que fallas
en tocar algún otro instrumento sales con esta excusa, deberías de ser como
Angelina.
No respondí a eso, no me gustaba que me compararan con Angelina, pero
aun así siempre quise ser como ella, aunque no me gusta que me lo restrieguen
en la cara. Baje la mirada, no podía hacer nada mas, tenía razón, no era lo
suficientemente perfecta, y menos seria buena para ser reina. Ella no podía ser
la Reyna, por más que se esforzara, solo si yo muriera. Tal vez eso la había
molestado y consecuente hubiera hecho que se alejara de mí.
Las demás clases transcurrieron como siempre, no era tan mala, pero no
era lo suficientemente buena para ello, además nunca lo evidencio. Casi todos
los maestros que nos impartían cada unas de las clases, siempre ocurría lo
mismo, siempre me decían lo mismo, ``Ser
mas como Angelina´´. Ojala fuera tan fácil serlo.
Cuando terminaron las clases, y salió el ultimo maestro por la puerta,
me quede sentada, mirando hacia el suelo, no quería mirarla a los ojos, no
quería que se diera cuenta que mis ojos estaban llenos de lagrimas, cuando
escuche que ella se levanto y se dirigió a la puerta, lance un suspiro, se
escapo, temí que Angelina se diera cuenta de eso, me lleve la mano a la boca
para evitar que otro suspiro se escapara, guarde silencio por un momento, y
Angelina abrió la puerta, espere a que se escuchara el portazo para poder
descargar mi tristeza, al darme cuenta que no era lo suficientemente buena, lo
suficientemente perfecta.
-Digan lo que te digan, nunca cambies, recuérdalo.-Esto me hizo
levantar la mirada, pero no tuve el valor de voltear a verla, cuando pude
voltear, ella había cerrado la puerta.
Eso suena como lo que diría una chica que es perfecta, para no hacer
sentir mal a los que no llegan a su nivel, pero aun fuera así, me hizo sentir bien
conmigo misma, el llanto se había ido.
Inmediatamente me seque las lagrimas y trate de hacerme ver que no
pasaba nada, me levante y salí de la habitación, comencé a caminar por el
pasillo hacia la biblioteca, ahí era donde dijo Antonia que el tío Ernest me
esperaría después de las clases, por lo que me apresure para no llegar tarde, a
los 15 minutos ya estaba afuera de la biblioteca, toque la puerta para ver si
él estaba ahí.
-Adelante
Escuche su voz dentro de la habitación, abrí la puerta y lo vi viendo
hacia lo lejos a través de la ventana, dándome la espalda, tenía su pipa que
tanto me molestaba que fumara dentro de la habitación, impedía que el aire
fuera respirable. Me acerque al escritorio que estaba enfrente de mí, había
muchos libros sobre ella, no me moleste en ver cuáles eran, me dirigí hacia mi
tío, me detuve a un metro de el, esperando a que comenzara a hablar de lo que
quería. Pero solo siguió viendo a través de la ventana.
-¿Querías verme tío?
-¿Te has dado cuenta, de que tenemos
muchos enemigos no?
-De cierta manera, lo sé.
-Por décadas, los Lewrence se ha
dedicado a cazar a los que no cumplen las reglas, más que nada a los piratas-comenzó a caminar de un lado a otro
de la habitación- mi abuelo, después tu
padre, y después de que tu padre ya no estuvo aquí, la responsabilidad paso a
nuestra familia, pero aun así tú sigues siendo la heredera al trono. Además,
hay una amenaza recientemente, he de suponer que has escuchado hablar de él…-dijo
seriamente, yo asentí
-Si, solo he escuchado un poco al
respecto…-comencé
a comentar como si fuera una letanía- Herson
Black, de 56 o más años de edad, ha estado saqueando y atacando gran variedad
de islas, puertos y demás…pero, no comprendo que tiene que ver conmigo- dije
algo confundida, pero temerosa a la respuesta.
-Llegara el momento en el que yo no
esté aquí, por lo que tendrás que hacerte cargo, junto a alguien que te apoye,
en cumplir con esta tarea que ha pasado de generación en generación.
-Entonces…-me interrumpió, casi nunca me dejan
terminar una oración.
-Como tenemos muchos enemigos, debemos proteger nuestro reino a como dé
lugar, el reino vecino posee un gran ejercito. Alexander Basterra, heredero al
trono, y tu se casaran en una semana, en dos días anunciaremos su compromiso en
un baile que realizaremos e invitaremos a todos los reinos cercanos.
Quede paralizada, no podía creer lo que estaba diciendo, no podía
aceptarlo, que no pensaba en mi, en lo que opinaba, al parecer no. Me
precipite, me altere y comencé a gritarle.
-NO QUIERO, NI SIQUIERA LO CONOZCO, ¡¿COMO VOY A CASARME CON ALGUIEN A
QUIEN NO AMO?¡,¡ ¿COMO…?¡
Vi como su mano extendida se levanto y se dirigió hacia mi rostro, me
hizo perder un poco el control y quedar con la mirada baja con esa cachetada,
de hecho me calmo un poco, me lleve la mano a la mejilla, donde había sido el
impacto, no levante la mirada por miedo a encontrarme con su mirada, comencé a
llorar, pero no era porque me doliera el golpe, era sentimental, sentía que
nadie me quería en ese lugar. Cuando de repente levanto la voz.
-¡Deja de solo pensar en ti¡¡Acepta tu
responsabilidad para proteger a tu reino¡
Eso me pego duro, ¿En serio solo pensaba en mí? ¿Alguna vez me había
preocupado por alguien que no fuera yo? Suspiro tratando de calmarse, después
desvió la mirada al ver que yo la había levantado.
-Si te hace sentir mejor, yo no me case con mi esposa por amor.
-Eso ya lo sé.
Me di cuenta que lo había lastimado, le di a entender que no me
importaban sus sentimientos, pero, el nunca se había preocupado por los míos,
¿Por qué debería preocuparme ahora yo por él? Pero tenía razón con la
responsabilidad que tenia ante el reino entero.
-¿Comprendes?
-Si
No dije más que eso, no podía decir que estaba contenta, sino todo lo
contrario, pero lo hacía por mi reino, no por él.
-Cuando contraigas matrimonio con el príncipe, serán Rey y Reyna.
Me quede en silencio.
-Si es todo, me retiro.
Camine recta, sin mirar atrás hacia la puerta, y cuando salí, la cerré
con fuerza. Me dirigí hacia el jardín, siempre me ayudaba a aclarar mis ideas,
camine con tanta fuerza que si alguien se hubiera tropezado conmigo lo hubiera
tirado sin piedad, estaba furiosa, no quería casarme con alguien que no
conozco, no quería.
*
Llegue al jardín, era enorme, muy bello, debe ser porque miles de
sirvientes lo cuidan y arreglan todas las mañanas para, como en este momento,
alguien pueda apreciar su hermosura.
Frente a mí, el jardín real, estaba lleno de arboles frondoso,
arbustos verdes con flores de distintos colores, azul, amarillo, rojo, morado.
Reaccione a lo que había ocurrido esta mañana, y comencé a buscar el tipo de
rosa y el color de esta, para saber si quien me había dejado aquella, la había
tomado de aquí, comencé a observar todo, había de todo los colores, pero no
había del tono de la rosa que había encontrado en mi tocador.
No sabía en qué me ayudaría saber eso, pero, lo único que quería era
no pensar en que en una semana me casaría con un hombre al que ni siquiera
conozco, no podía creerlo. Ahora que reacciono, el domingo de la siguiente
semana cumpliré 18 años, pero, ¿Cómo puedo saber si estoy lista para ser Reyna?
No puedo, ¡No puedo¡ Una chica de esta edad no puede ser Reyna, además…
Angelina podría… ¿Angelina? ¿Por qué acabo de pensar en ella? ¿Acaso Angelina
podría ser mejor Reyna que yo? Claro, siempre ha sido mejor que tu, en todo,
absolutamente todo, y ayudaría mas al Reino que tu siendo Reyna. Pero, no puedo
arruinarle la vida a ella de esa forma, si yo no soportaría hacer eso, no puedo
condenar a otra persona con la misma suerte.
Simplemente me senté en el pasto, debajo de un árbol grande y que
proporcionaba una refrescante sombra. Agache la mirada, y cerré los ojos. Trate
de pensar que no estaba ahí, que estaba con mi madre, que aun era una niña
pequeña sin responsabilidades enormes, lo único que quería era sentir el calor
de los brazos de mi madre, abrazándome, la extraño tanto.
Comencé a llorar, me lleve las manos a el rostro, tantas emociones en
un solo instante me había hecho romper a llorar, hacia un poco de aire ahí
afuera, como siempre, y normal.
De repente, una brisa fue diferente a todas, esta había sido más
rápida y más fuerte que cualquier otra que hubiera sentido, era como, ¡Era como
en esta mañana¡
Inmediatamente me quite las manos de mi rostro y voltee hacia la
derecha, donde había provenido aquella brisa, para mi sorpresa, había una flor
idéntica a la que había encontrado en mi habitación esta mañana, tenía el mismo
aroma, nunca había apreciado un aroma tan delicado. Esto hizo, olvidarme de mis
problemas, sentía que podía simplemente borrarlos de mi cabeza y relajarme.
Mientras apreciaba el olor de aquella rosa, escuche como alguien se
paro justo detrás de mí, me asuste un poco, pero cuando hablo, inmediatamente supe
de quien se trataba.
-¿Se encuentra bien mi Lady?- se escuchaba un poco preocupada y
apenada
Me limpie rápidamente las lagrimas para que no se diera cuenta que
estaba llorando, aunque parece que no sirvió de nada, mis ojos estaban rojos, y
al voltear, me levante y voltee hacia ella.
-Si, estoy perfecta.
Pensé que esa respuesta había sido buena, no había ningún rastro de
nudo en la garganta que me delatara, pero después sentí que las lágrimas
comenzaron a recorrer mi rostro, no podía controlarme, ella se acerco a mí, y
después recargo mi cabeza debajo de su cuello, me abrazo y comenzó a llorar
junto a mí.
-Lo siento, debí habértelo dicho antes, pero me lo prohibió
No me sorprendió, Antonia siempre había sido mas una madre para mí que
otra cosa, mas madre que la Tía Teresa, siempre me apoyaba, me aconsejaba, ella
sabe todo sobre mí, después del accidente de mis padres ella fue la que más me
apoyo que nadie.
-Sabia que me ocultabas algo, nunca te comportas de esa manera como lo
hiciste esta mañana.
-Lo siento, no volverá a ocurrir Claire. Te quiero mucho y sabes que te
quiero como una madre quiere a su hija, pero lo que realmente soy me lo
impidió. Lo siento.
Dejamos de llorar un poco, me despegue de ella, aunque no quería, era
muy grato estar en sus brazos, casi sentía como si fuera mi propia madre. Ella
estaba tan llena o más de lagrimas que yo.
-No, está bien, no quiero que tengas problemas con mi Tío.
-Claire, yo…
Se detuvo en seco, aun no sabía porque lo hacía, pero su mirada lo
decía todo, había alguien detrás de mí, inmediatamente bajo la mirada, parecía
como si esperara que le dijeran algo.
-Ella es señorita Clarisse o Lady, para ti, Antonia.
Esa voz siempre me daba escalofríos, aunque a la vez le tenía odio. La
Tía Teresa llego de la nada, como si siempre estuviera vigilándome y solamente
llegara en el momento menos esperado. Se acerco detrás de mí y apoyo sus manos
en mis hombros, estaban pesados, y parecía que ella intentaba tumbarme con eso.
-Quiero darle algo a Clarisse, así que nos retiraremos. Y tu Antonia
sigue con tu trabajo.
-Si Señora.
Inmediatamente se dio media vuelta y entro por la puerta derecha del
jardín, parecía tener prisa en dejar ese lugar, ¿Y quién no? Ella siempre había
causado mucho miedo, más que el Tío Ernest, por lo menos el tenia un poco de
simpatía y honestidad en cuanto a lo que piensa; con la Tía Teresa, no sabes lo
que pretende con sus acciones.
-Sígueme
Clarisse, querida. Tengo algo para ti.
Siempre que quería hacerse pasar por la ``madrastra´´ amable, hablaba
con ese tono con el que lo había hecho, era algo entre delicado y agudo, que me
hacía en ocasiones reír, pero por esta ocasión, trate de que no ocurriera.
Ella comenzó a caminar hacia adelante y se dirigió a una puerta de
muchas que había en el corredor más cercano para entrar al castillo, no tuve
más remedio que seguirla y darme cuenta antes de llegar que era lo que
pretendía con eso.
Antes de seguirla, recordé la flor misteriosa, regrese rápidamente por
ella, la tome del suelo, y corrí rápidamente hacia donde ella se dirigía.
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