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Una Excusa para continuar
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emos pasado 4 días sin descanso, buscando
alguna pista que nos llevara a Claire, o algo que pudiéramos usar como una
excusa para continuar con la búsqueda. Era inútil. Parecía que hubieran borrado
cualquier rastro de ella, sí era un secuestro… NO, en realidad es un secuestro,
no puede ser otra cosa más. Ella nunca haría eso. Lo sé… la conozco.
La verdad es que mentí. Mientras caminaba
sin parar por mi camarote, pensaba impacientemente en ella. Claire, no la había
conocido hace solo unos pocos días. La conocí cuando éramos unos pequeños
niños. Sus padres aun no habían fallecido, y la conocí en la época en la que
más feliz era, a decir verdad, me enamore de ella desde el primer día que la
vi, tal vez en esa época no sabía lo que sentía, pero después me di cuenta de
ello.
Cuando me dieron la noticia de que ella
sería mi prometida, sentí que era muy afortunado. ``Debe ser cosa del destino´´ Por algo volvimos a reunirnos de
nuevo, a estar juntos, y no permitiré que esto interfiera. Hay muchas cosas que
aun oculto. Pero a veces no es bueno revelarlos… aun no.
-Hemos llegado.- dije para mí mismo.
Había escuchado como los demás tripulantes ya habían desembarcado hace unos
segundos. Me aliste para salir y comenzar a buscar a Claire. A encontrarla.
Rápidamente llegue a la cubierta del barco
y observe la ciudad. Era el puerto de Santa Mónica. No estaba muy lejos desde
donde Claire fue raptada. ``Tal vez este
aquí, tengo un presentimiento´´.
Un grupo de guardias y yo salimos en busca
de Claire. Nos dividimos en grupos.
Caminamos por horas, las personas nos
miraban solo al vernos pasar, llamamos mucho la atención, pero no importaba
para mí. En el horizonte el sol se escondía, avisándonos que era tiempo de
irnos también. No habíamos logrado obtener mucha información a través de las personas.
No decían nada. Al parecer aquí eran muy temerosos de los resultados que
tuviera decirnos algo. Esto es otra señal de que puede haber algo aquí.
-¡Príncipe Alexander. Príncipe Alexander.¡-
la voz de uno de mis hombres me llamaba a lo lejos. Aunque venia directo hacia mí.
Deben ser noticias… espero que sean buenas.
Llego demasiado cansado y tuvo que
agacharse un poco y respirar para lograr recuperar el aliento. Casi
inmediatamente se levanto y me dijo:
-Hemos encontrado algo.
-Vamos.
No dude ni un segundo. Rápidamente me
dirigí hacia donde me había señalado. No entendía porque a una tienda de
vestidos, pero debía tener algún motivo.
Llegamos y me
pare frente a la tienda. Señalo un
vestido… color lila, con
flores un poco más oscuras que el tono general del vestido, brillos, un fajo
del mismo color que las flores, pequeños tirantes… ese era…
-¿Ese vestido no es el que la señorita Clarisse…?- pregunto
-Si… es ese.
Me dirigí a la puerta del establecimiento y
abrí de golpe. Había muchos vestidos a mí alrededor. Frente a mí un mostrador y
al parecer al fondo probadores. No eran de buena calidad los demás vestidos… y
era más sospechoso que ese vestido que habían visto en el aparador estuviera en
una tienda así.
El que pareciera el supuesto dueño sabía
que estaba detrás del mostrador, temeroso se escondió en cuanto escucho el
azote de la puerta. No fue difícil para mí encontrarlo, pero no quise ser tan
agresivo… por ahora.
-Discúlpeme caballero…
Espere a que este me respondiera… nada.
Pero poco a poco comenzó a levantarse y mirarme con terror, no solo a mí,
miraba alrededor, como si alguien lo vigilara.
-¿Dónde ha conseguido ese vestido?
Pregunte mientras señalaba el que estaba en
el aparador. Parecía muy nervioso solo al ver aquel vestido. Y bajo la mirada.
-No… puedo decirlo…- no dijo nada más.
Estaba llorando.
-No me confundirá con esas lágrimas de
cocodrilo señor.- respondí fríamente.
Aquel hombre no parecía fingir. Pero no
podía dejar pasar esta oportunidad, esta pista para llegar a Claire. De
repente, todo comenzó a tener sentido.
-No se preocupe, no le harán daño.-
esta era mi única oportunidad de comprobar lo que estaba pensando.
-Usted no los conoce…- inmediatamente
se dio cuenta que había dicho algo que no debía. Se tapo la boca y después
comenzó a decirnos.
-Ya estaba por cerrar así que…
-Por favor, solo… dígame quien ha sido…
Me quede esperando ansioso por la respuesta,
pero si no me lo decía por las buenas, lo haría por las malas.
-Por favor, pasen…- me dijo mientras me
señalaba con la mano una puerta.-No quiero que nos puedan ver hablando…
Mientras caminaba hacia aquella puerta,
comencé a seguirlo. Señale a mi acompañante que se quedara vigilando que nadie
nos interrumpiera. Entre en una habitación no muy diferente a la entrada
principal. Había una mesa en el centro con 2 sillas, parecía que me había
estado esperando, obviamente era lo que el menos se había esperado.
Se sentó y yo me senté en la otra silla. El
hombre, algo nervioso tenía la mirada baja y sus manos temblaban.
-Yo… no puedo decirle mucho… espero que me
entienda.
Asentí con la cabeza.
-Solo escúcheme, no pregunte, porque de lo
que le diré, no diré más.
-Claro, continúe.
Suspiro antes de comenzar a hablar.
-Este vestido en realidad me lo han dado,
con la condición de no decir nada. Hace unas noches, vi como unos piratas
llevaban a una mujer, yo estaba en el bar, así que vi cuando la metieron a un
cuarto. Con la condición de no decir nada, me darían el vestido que llevaba
puesto aquella chica, claro, ellos sabían que tenía una tienda de ropa.
-Y acepto.- era claro
que había aceptado, pero había sido molesto para mí que hubiera hecho eso. Al
parecer noto que me había enfadado. Tenía el seño fruncido.
-Debe entenderme caballero.- dijo algo
apenado- aquí no tenemos muchas oportunidades,
además este vestido me proporcionaría más de 5 meses en alimento para mi
familia.
-No me dirá donde esta ese lugar ¿Verdad?
-No.- dijo sin rodeos.- pero si lo que quiere es encontrar a la chica puedo decirle algo. Hace
un día que hubo un conflicto en las calles. Aquellos piratas habían perdido a
la chica, había escapado. Al parecer los acorralaron…
-¿Los? ¿Había alguien más con ella?
-Sí. Uno de esos piratas. Derek
Williams.
Al escuchar ese nombre, sentí como la ira
comenzó a apoderarse de mí, pero no podía perder la compostura en un momento
como este. Pero… tenía unos asuntos pendientes con ese hombre. Ahora tenía otro
motivo por el cual perseguirlo.
-Al parecer les robo el ``botín´´ a sus
propios compañeros. Y se la llevo…
-¿Sabe a dónde?
-En realidad no.
Eso me desanimo. Ya no quedaba mucho
tiempo, no había podido encontrar nada que me llevara hacia Claire. ¿Qué haría
si no podía encontrar algo para continuar?
-Pero
con respecto a la hora que escuche que los vieron, solo un barco zarpo a esa
hora.
-¿Cuál?- dije algo desesperado, eso
había encendido en mis adentros una llama de esperanza.
-La isla de Brighton.
No era muy lejos de aquí. Solo era a dos
días del punto actual. Me sentí algo feliz,
no la había encontrado pero tenía una excusa para continuar con la
búsqueda.
No pude evitar sonreír y reír de alegría, abrace
al hombre de alegría, y le di las gracias. Salí rápidamente de la habitación y
señale a mi compañero que tomara nota de lo que decía.
Comencé a dictar una carta a Angelina. Ella
era la que se encargaría de hacérselo saber a sus padres y ellos a los demás.
Por fin… he encontrado la manera de seguir a Claire.
Inmediatamente después de haber mandado la
carta. Todos zarpamos de aquel pueblo a la isla de Brighton.
``No te preocupes Claire, te salvare, lo
prometo´´.
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