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La Propuesta
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L
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os pasos de
aquella mujer eran muy apresurados, como si quisiera que no la alcanzara y la
perdiera de vista, y quisiera que me perdiese. Pero intente caminar a su ritmo
y situarme justo detrás de ella a unos 2 pasos de distancia, así tendría tiempo
para reaccionar si de repente se detuviera, como siempre tenía esa costumbre.
Parecía que aquel
castillo era un laberinto, pero sabía exactamente a donde nos dirigíamos, era
exactamente en el vestidor, donde guardaban los vestidos y joyería para ocasiones
especiales, aparte cada miembro de la familia teníamos un vestidor dentro de
nuestras habitaciones.
Al llegar, abrió
la puerta rápidamente, entro y espero a lado, indicándome que entrara, a lo que
rápidamente entre, ella reacciono cerrado la puerta de golpe.
Esto me dio mala
espina, sentía como si estuviera preparando la escena del crimen de un
asesinato para no ser descubierta. Se digirió a un tocador enorme, y me hizo
una seña, con una sonrisa fingida que me sentara en una silla que tomaba y
colocaba cerca del tocador.
Camine lentamente
hacia ella, tratando de descifrar en su mirada lo que tenía pensado hacer, esto
era más extraño de lo usual, simplemente se portaba bien cuando era necesario,
cuando había gente que nos observara, si no era necesario, ni siquiera me
dirigía la palabra.
Llevaba aun la
rosa en mi mano izquierda, ella estaba del lado derecho, por lo que no se había
percatado de ella, acomode mi vestido y me senté en la silla, estaba un poco
alta, pero aun así ella estaba por encima de ella. Camino lentamente hacia la
derecha y abrió un cajón, y saco un alhajero que de él salían varios diamantes, collares y brazaletes de
él. Lo coloco justo de lado mío, y comenzó a buscar algo, no sabía si en
realidad lo hacía o solo fingía hacerlo; al final saco un collar de perlas un
poco chico, de tres tiras grueso.
Lo tomo y lo
coloco alrededor de mi cuello de forma delicada, mientras acomodaba el collar,
apoyándose en el espejo frente a nosotras, para que quedara de forma
equilibrada conforme a mi rostro y mi pecho, comenzó a hablar.
-Este
collar fue de mi bisabuela hace mucho tiempo, cuando ella murió, se lo obsequio
a mi abuela, ella a mi madre, y finalmente ella a mí. Y ahora… yo te lo regalo
a ti.
Esto me dejo
impactada, sería tan mala madre para regalármelo a mí y no a su verdadera hija
Angelina, ¿Qué quería lograr con esto?
-Yo…
no puedo aceptarlo. Es demasiado importante para que me lo…
-Acéptalo
por favor, me gustaría que lo conservaras.
-De
acuerdo- tenía un mal presentimiento de esto
-Aunque
no lo creas, y a pesar de que no lo he demostrado, nunca fui buena como madre,
ni con Angelina, ni contigo.
No me sorprende,
eso ya lo sabía.
-Pero,
me gustaría ayudarte con esto que está ocurriendo.
-Ayudarme…
¿Con que?
-Se
que en dos días haremos un baile en donde anunciaremos tu compromiso con el
príncipe Alexander Basterra, para unir nuestros reinos.
Sentí como si
algo rascara la herida de nuevo dentro de mí. Ella se dio cuenta, porque baje
la mirada, tomo mi mentón y levanto mi rostro para poder apreciarlo, aunque lo
que mirábamos ambas era nuestro reflejo en el espejo, limpio mis lagrimas y
después esa mano la uso para cerrar el seguro del collar dejándolo en mi
cuello.
-Se
por lo que estas pasando, y no es justo, siempre tenemos que pensar en los
demás y nunca en nosotros, debemos dar todo por los demás ¿Y qué hay de los
sentimientos, que hay de nuestra opinión? Las mujeres somos las que más nos
quedamos calladas ante eso, no podemos decir nada porque somos el ``sexo
débil´´ solamente nos usan en este tipo de actos, matrimonios para unir reinos.
Tenía razón,
ahora parecía más honesta, no tenía ni un rasgo de falsedad en su rostro, ahora
me parecía más agradable que antes.
-¿Tu…
pasaste por lo mismo verdad?
Cuando dije esto,
inmediatamente tomo otra silla y la coloco a lado de mí, y se sentó. Me miro
llorando y tomo mi mano, como si eso la hiciera sentir más fuerte. Se percato
de la rosa que tenía en las manos, me la quito y la coloco en el tocador, al
principio me molesto, pero sabía que esto era más importante que una rosa.
-Mi
esposo y yo nos conocimos solo un día antes de nuestro matrimonio. No tenía ni
idea de cómo era él, mis padres me obligaron a casarme y no tuve alternativa,
ellos no comprendían lo que sentía.
-
Aquí nadie me entiende
-Estas
equivocada--- tomando mi mano con las suyas y apretándolas
tratando de transmitir la energía, la esperanza de lo que quería darme a
entender--- yo te entiendo completamente,
y no quiero que pases por esta situación. Por eso quiero hacerte una propuesta.
-Una
propuesta
-Sí.
Sé que no quieres casarte con ese hombre, y lo comprendo, aunque Ernest no, yo
sí. Y te ayudare a escapar si así lo deseas.
-¡¿Escapar?¡- me di el levantón de la silla y casi gritando, ella me hizo una seña
de que bajara la voz y me sentara, no podía creer lo que me estaba diciendo.
Ella comenzó ahora a hablar en susurro.
-Se
que es algo precipitado, pero me he enterado hoy mismo, estoy tan sorprendida
como tú. Podría conseguir que entraras en un barco para que te fueras lejos de
aquí, podrías llevarte el dinero que quisieras para vivir en cualquier parte de
la región, o fuera de ella. Serias libre. No sé si te parezca correcto, pero
eso fue lo que yo pensé quise hacer cuando estuve en tu situación, pero me
descubrieron, y no fue posible.
-Yo…
no se--- la verdad era que no tenía ni idea
de que responderle, quería ser libre, pero ¿Y el pueblo? ¿A dónde iría?
-Si
quieres no me respondas ahora, piénsalo lo que resta del día de hoy, y mañana,
y yo esperare tu respuesta. Y no te preocupes, si quieres hacerlo o no, estaré
de acuerdo, y eres lo suficientemente fuerte como para hacer lo que te plazca.
Toco mi mejilla y
después se marcho de la habitación. Logre escuchar un --- Procura no comentárselo a nadie, sino podrían descubrir nuestro
plan--- antes de que saliera de la habitación, estaba de acuerdo con eso.
El silencio era
muy intenso, no soportaba tener que pensar en ello, pero ¿Y si era la única
oportunidad de hacerlo? Ni siquiera tenía un pretendiente o un enamorado por el
cual luchar, pero no quería darme el lujo de perder la oportunidad de
encontrarlo. Pero aun así tenía una responsabilidad con mi pueblo. Voltee a ver
la rosa, la tome, pero ahora el aroma se había desvanecido, los pétalos
comenzaron a caerse y estaba marchita, la deje donde estaba.
No quería
pensarlo por ahora, salí de la habitación y me dirigí a mi recamara.
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