lunes, 7 de octubre de 2013

~Sinceridad después del Incauto~ Cap.5

5
Melodía para la Luna
C
erré el libro, sentí que ese libro estaba dirigido para mí, pero, había estado muy nerviosa últimamente, así que guarde el libro donde lo había encontrado, y me fui a la cama, me recosté, mire hacia la ventana, ya era de noche, faltaban unos minutos para que Antonia llegara con la cena, últimamente no usábamos el comedor, el Tío Ernest había estado muy ocupado preparando sentencias de muerte a piratas que había atrapado en estos días. Tocaron a la puerta.
            -Pase
Antonia traía la cena, un pequeño vaso de leche con un pan, que tenía un aspecto delicioso, tenía crema encima y una cereza de adorno, aunque aun así me la comería. Lo dejo a un lado de mí, en una mesita, después me miro y pregunto.
            -¿Tienes algo Clarisse?
         -Llámame Claire, sabes que yo no te lo prohibiría, solo en la presencia de mi Tía trata de evitarlo.
         -Está bien Claire, gracias. Pero aun no me has respondido mi pregunta.
Trate de esconder mis nervios de que le dijera a ella lo que había ocurrido con la Tía Teresa, por lo que le respondí con otra cosa.
            -No, claro que no. Es solo que estoy… cansada de todo.
         -Bueno, tal vez esto te anime un poco.
Detrás de ella saco un estuche de un violín, y lo abrió mostrándome el instrumento, brillaba a la luz de la luna, sonreí y después la abrace como signo de agradecimiento por lo que había hecho.
            -¿Cómo lo lograste? Me habían prohibido tocar el violín hasta que no aprendiera a tocar otro instrumento
            -Tu solo aprovecha la situación.
         -Está bien- respondiéndole con una sonrisa en el rostro.
            -Ten cuidado cuando salgas.- dijo casi susurrando, como si hubiera alguien más, dormido en la habitación.
            -Si
Me levante rápidamente, debajo de mi cama saque una caja café, la abrí y tenía un vestido mal hecho y muy sucio, unos zapatos rotos y una capa polvorienta y sucia. Me vestí rápidamente, tome el estuche con el violín dentro, y me acerque a la ventana.
            -Gracias en verdad Antonia
         -Sabía que te animaría esto.
Sin más que decir, mire el reloj, decía las 9  de la noche en punto, abrí la ventana, y comencé a bajar por una soga que ya tenía amarrada a un lado de la ventana, muchas veces la había usado para salir sin que se dieran cuenta.
Baje despacio, sin que nadie me viera, cuando baje completamente, camine rápidamente a la puerta principal. Pude dejar atrás a varios guardias, el castillo estaba lleno de ellos, era comprensible, pero tenía la suerte de haberme aprendido la cantidad exacta y sus recorridos dependiendo del día y de la hora. Llegue por fin a la puerta principal, estaba custodiado por guardias a caballo, y algunos a pie. A un lado de la puerta principal, había un hueco que estaba cubierto con plantas, por lo que pocos lo conocían, por ahí me escabullí.
Llegue al pueblo, había pocas vendimias abiertas, muchas casas ya tenían las luces apagadas, algunas las estaban apagando, las casas eran de piedra, algunas de lamina, las más pobres. El suelo estaba un poco mojado y olía a animal muerto, no tenía idea de que animal en específico, era una combinación de todos. Me lleve la mano a la nariz para evitar que el olor fuera más penetrante y causara que me mareara, aunque ya era demasiado tarde. Las luces de las calles eran débiles, contra a penas lograba ver el camino , me apoyaba más de la luz de las casas alrededor, los pasos sonaban en eco, era lo único que se escuchaba, además se escuchaban susurros , eso la hacía sentir que la perseguían y por un momento me sentí amenazada y nerviosa, pero, lo más extraño era que la sensación de ser vigilada no era tan intensa como la que había sentido los últimos días, ignore mi infinidad de emociones y continúe caminando hacia la colina que estaba al sur del castillo.
Mientras subía a la colina, me tope con muchos arbustos y ramas que me lastimaron, pero todo valía por llegar a ese lugar especial, donde siempre tocaba una melodía a la luna, todas las noches que tenía la oportunidad de tener el violín en mis manos.
Llegue a lo más alto de la colina, era un claro hermoso, al ver desde este lugar, tenía una vista de todo el reino, por un segundo pensé que en pocos días, esto era lo que tendría que proteger. Sin más por el momento, saque el violín de su estuche, tome el arco y me acomode para tocar.
Comencé a tocar una melodía que tocaron el día del funeral de mis padres, nunca la olvide y nunca lo hare, a pesar de que me recuerda una época triste, nunca olvidare lo que me dijo el Tío Ernest ese día tratando de hacer que dejara de llorar:
``-Las personas no mueren cuando se van físicamente, mueren cuando las olvidamos´´
Había hecho una costumbre venir a este lugar, donde había huido del funeral de mis padres, creí que al huir y volver a casa, ellos estarían de nuevo, esperando por mí, pero era ridículo pensar en eso, obviamente al regresar me sentí mucho mas vacía por haberme hecho la ilusión de que estuvieran vivos.
Esta melodía era una forma de recordarlos, de no olvidarlos, de mantenerlos en mi corazón para que no murieran también en nuestros recuerdos.
Al tocar, era por impulso, en realidad al tocar, reflexionaba y pensaba sobre una infinidad de cosas, me encantaba esta sensación, al estar al borde de la colina, la brisa llegaba y me refrescaba, mis pensamientos volaban.
Estaba tan concentrada en lo que estaba haciendo, que de repente me percate de una figura detrás de mí, sentí que la sangre se me bajo hasta los pies, esta figura nos se movía, parecía analizar que haría después de haberme dado cuenta de su presencia y como actuaría ante ello.
Gire la mirada hacia donde sentía la presencia, para mi sorpresa, no encontré nada, me sentía paranoica al pensar que había alguien detrás de mí, pero, ¡No lo había pensado¡ En realidad había alguien detrás de mí, y no solo hoy, estos últimos días me había seguido, ¡Esta misma persona, esta misma presencia¡ Y esta misma persona era la que había dejado las rosas. La pregunta era ¿Por qué?¿Que era lo que quería?
Al interrumpir mi pieza, ya no pude volver a tocar, sentí como si algo me lo impidiera, algo me decía que tenía que volver. Me acerque a donde estaba el estuche para guardarlo y salir de ahí.
No lo podía creer, ya era la tercera vez. El mismo tipo de rosa que había dejado en mi habitación, en el jardín, estaba ahí, encima de la roca donde había dejado mi estuche, ahora era un hecho, alguien me vigilaba.
*
Llegue a mi habitación, todo estaba oscuro, mire el reloj buscando la luz de la luna, eran casi media noche. Era muy tarde, y más que relajarme, había conseguido más cosas por las cuales preocuparme. Supe que tenía que dejar el violín en la sala de estudios antes de que se dieran cuenta que lo habían tomado.
``Me levantare temprano y lo dejare en su lugar antes de que comiencen las clases´´ Pensé. Me quite el vestido que llevaba y lo remplace por un fondo de color rosa claro, algo ligero. Me dirigí a la ventana y la abrí, hacía mucho calor en esta temporada.
Camine hacia mi cama, y sentí la brisa del aire frio, reaccione.
-Sera mejor que la cierre.

No quería arriesgarme que el acechador entrara en mi habitación. Regrese y cerré la ventana, dejando entrar un poco la luz de la luna. Me metí entre las sabanas y cerré mis ojos, por una vez en las últimas noches, me quede inmediatamente dormida.

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