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La Primera
Impresión.
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M
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e quede un
momento en shock, no creí que me pondría tan nerviosa por el simple hecho de
decirme que ya era momento de conocer a quien sería mi futuro marido.
-Hay
que bajar rápido.
Antonia me tomo
de la mano, y Marlene también nos siguió, salimos disparadas de la habitación
directo a la entrada principal del castillo. Comenzamos a correr lo más rápido
que pudimos, después de mucho correr, recorrer pasillos enormes, atravesar
puertas, bajar escaleras, atravesar personas para llegar. Lo logramos, llegamos
justo a tiempo para que las puertas se abrieran, mis tíos ya estaban en la
entrada acomodados, y Angelina a lado de ellos, llegue agitada y me acomode de
lado de Angelina, el Tío Ernest me lanzo una mirada asesina que me decía-
Llegaste tarde.
Antonia se había
acomodado del lado izquierdo, opuesto a nosotros, donde se encontraba también
Marlene y el resto de los sirvientes.
Cuando de
repente, el anunciador nombro a los visitantes:
-El
príncipe Alexander Basterra
Entonces llego el
momento, comenzó a entrar a la sala, parecía más agradable de lo normal, pero
no era bueno confiarse, como dicen, ``Las
apariencias engañan´´.
-La Reyna Carmela de Basterra
No me esperaba
que también conociera a mi suegra de anticipo, pero ella parecía más agradable
que mi Tía.
Ambos comenzaron
a caminar hacia nosotros, la Reyna Carmela llevaba un vestido ampón con holanes
y adornos alrededor, muy exagerado para mi gusto. El príncipe, que llevaba un
traje negro con una corbata y detalles de color azul rey,(que ironía), su
cabello era corto y rubio, y más brillante que el mío, por un segundo me dio
envidia. Me dirigió una sonrisa, a lo que yo respondí rápidamente, además hizo
que me sonrojara ¿Por qué me sentía así? Ni siquiera lo conocía, además, uno no
se debe dejar guiar por las apariencias, pero al pensar en esto, Angelina, que
ahora estaba a lado mío, me susurro.
-Tranquila Claire, estas toda roja.
Lance una
exclamación ahogada por la pena de pensar como me veía y lo que los demás
pensaran, me lleve la mano a la boca, y solo mire hacia el suelo, no quería que
se dieran cuenta de cómo estaba.
``Tranquilízate Claire, tranquila, no es más que…´´
Cuando de repente
escuche que alguien se acerco frente a mí, eran zapatos negros, grandes y
brillantes, entonces escuche su voz tan clara y profunda.
-Señorita
Clarisse ¿Se encuentra bien?
Levante la
mirada, ¡Era él¡ El príncipe. Tenía una mirada de preocupación por haber bajado
la mirada y mi cambio drástico de color de piel.
-S...si,
e...stoy bien.
``Claire, por dios, deja de
tartamudear´´ Me dije a mi misma.
-Creo
que ya lo sabes, pero es mejor que me presente apropiadamente. Mi nombre es
Alexander Basterra, príncipe del reino
Este. Gusto en conocerte Clarisse.
Tomo mi mano y la
llevo a su boca, mientras se inclinaba un poco y la beso. Mi rostro comenzó a
hacerse rojo de nuevo, no era necesario mirarme al espejo para darme cuenta de
ello.
Cuando se alejo,
dejo un delicado aroma, y mi mano estaba cálida, por un segundo me agrado esa
sensación.
-Bueno,
lo conveniente sería pasar al comedor.
Dijo el Tío
Ernest, hizo una seña de que pasáramos al comedor, todos comenzamos a caminar
hacia él.
Unos minutos
después, todos estábamos ya instalados en el comedor. Ya ahí, comenzaron a
servirnos, a veces me confundía de cuáles eran los cubiertos que debía usar
dependiendo de la comida, pero siempre me ayudaba ver a Angelina usarlos, solo
si tenía una duda solo volteaba hacia ella y hacia lo que ella hacía.
Quedamos
acomodados de esta forma, del lado derecho del comedor, la parte larga, estaba
Angelina y la Tía Teresa, su mirada me hacía sentir un poco incomoda, como si
me quisiera decir algo, tal vez estaba esperando que de diera la respuesta que
decidiría el futuro del reino. A lado de Teresa, estaba el Tío Ernest, siempre
derecho y serio como siempre, parecía que eso no le incomodaba a los invitados,
del lado opuesto, estaba el príncipe y su madre, por lo que reaccione que no se
encontraba el Rey, ¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo, no había puesto atención,
o no recuerdo que me lo hubieran mencionado, además no me interesaba en el
momento.
Carmela parecía
algo distraída, estaba un poco vieja, me imagino que su esposo es mayor que
ella, me imagino cómo será aquel hombre. Algo apenada se dirigió a nosotros,
pero parecía que en especial a mí:
-Me
disculpo por la ausencia de mi Rey, tenia asuntos pendientes y no podía
cancelarlos, pero aun así estará en el baile de compromiso, lo aseguro.
Con esta palabra
comenzó la conversación, diciendo que entendían por que había faltado, y
después se desencadenaron diversos temas, no les puse mucha atención, más que
nada solo esperaba que la comida llegara a mi plato, estaba hambrienta.
No preste
atención a la conversación, Teresa, Ernest y hasta Angelina participaba más en
la conversación con los invitados que yo, y eso que yo era la que se iba a
comprometer con el príncipe, esto me hacía sentir más que no servía ni siquiera
para entrar en una conversación decente. Baje la mirada, ya habían servido el
primer plato, parecía una especie de sopa de champiñones con alguna plantita verde de adorno, pero en
realidad nunca le daba sabor. Era una de mis comidas preferidas, levante la
cuchara para comenzar a comerla, ni siquiera me fije cual había tomado, pero de
repente, se me quito el hambre.
¡Se suponía que
esta comida era para conocernos más entre nosotros los dos reinos, y yo solo
pensaba en la comida, me sentí… avergonzada… tonta…incompetente.¡ Un punto a
favor de huir de aquí.
No hacía más que
seguirles la corriente, a veces me tomaban en cuenta y hacían que participara
en la conversación, pero si yo quería integrarme a ella por mí misma, no tenía
ni idea de cómo hacerlo, no entendía muchas cosas de lo que decían, y si le
entendía la verdad no llamaban la atención, nunca me ha gustado ser como soy,
ser una princesa. A veces el príncipe me lanzaba miradas cariñosas y yo las
correspondía, parecía una buena persona, y creo que ya no me importaba que él
fuera a ser mi esposo, el problema era decidirme si aceptaría o no este puesto.
Al pasar la hora,
el Tío Ernest se levanto y dirigiéndose a los invitados dijo:
-Si
gustan pasar a el jardín, hay unas mesas donde podremos platicar con mejor
ambiente.
Nadie dijo nada,
solo asintieron, nos levantamos, y
salimos al jardín. El jardín estaba mucho más arreglado y lleno de flores que
de lo normal, y habían colocado unas mesas en medio de este, con un paraguas y
sillas de color blanco alrededor de esta.
Al llegar, me
dirigí a una silla, pero sentí que alguien me hablo y toco mi hombro:
-Señorita
Clarisse ¿Le gustaría dar un paseo conmigo?
Era Alexander, me
sentí paralizada, sentía que cada toque de ese hombre me estremecía, tanto que
cuando me toco brinque.
-Oh...
Discúlpeme, no quise incomodarla.
-No,
no para nada, es solo que…- me detuve, no quería decirle lo que había pensado,
sería muy atrevido de mi parte. No me di cuenta que al decirle eso estaba
moviendo las manos diciendo que no, cuando me di cuenta, me detuve de golpe.
-Ha
ha, es usted divertida Señorita Clarisse. ¿Entonces aceptas la invitación?-
Me extendió su mano, también extendí la
mía alcanzando la de él, pero algo me hizo detenerme antes de tocarlo, pero era
tan irresistible la tentación de volver a sentir esa calidez de su piel, mire
su rostro, tenía la cara de un ángel, además su sonrisa me hacía sentir alegre,
me hacia sonreír.
Tomé su mano.
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