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Reflexión
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D
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e nuevo tuve este
sueño recurrente, aun seguía dentro de esta habitación oscura, seguía la madre
protegiendo a su hija, los mismos sentimientos comenzaron a inundarme sin
escapatoria, quería despertar de la pesadilla, pero sabía que era imposible,
solo quería que Antonia me despertara para no seguir observando el penar de
estas mujeres. No quería seguir viendo, pero como si no fuera yo, me asome por
el orificio.
Ahora había una
persona más en esa escena, había dos hombres, uno arrodillado y con las manos
extendidas, dando a entender que no se movería, protegía a las dos, el otro
hombre, que permanecía de pie, sostenía una espada, comenzó a girar alrededor
de ellos como si fuera un león asechando a su presa, buscando el punto perfecto
para atacar. Al parecer el hombre se irritaba, levanto el brazo con el que
portaba el arma y la ensarto en su corazón. La madre e hija gritaron y
comenzaron a llorar, me di cuenta que yo también había gritado, ahogue el grito
llevando mi mano a la boca, estaba temblando, llorando ¿Por qué lloraría por alguien
que no conozco? Pero aun así esa escena; de una familia, de una niña perdiendo
a su padre, y al parecer después a su madre, se me hacía muy familiar. Pero
quién sabe si la niña correría con la misma suerte.
Cuando voltee de
nuevo, el hombre volteaba hacia mí, me estaba mirando, él sabía exactamente
donde estaba, y era el último lugar a donde había volteado, porque después de
un segundo que la madre e hija trataran de hacerlo reaccionar, sus ojos se
movían cada vez más lento, su pecho ya no se levantaba, y después dejo de
parpadear.
-¡Claire,
por el amor de dios, DESPIERTA¡
-¡Ah¡
Casi me golpeaba
con Antonia, ella estaba sacudiéndome desesperadamente queriendo despertarme,
al parecer estaba moviéndome mientras dormía. Me levante de golpe, por lo que
hizo que Antonia se hiciera hacia tras por impulso, me sentí caliente, pero a
la vez sudaba frio.
-Claire,
¿Te sientes bien? Estabas llorando y gritando… y
-Si,
si estoy bien- dije un poco cansada y limpiándome el sudor,
suspirando.
-¿Otra
vez?
Suspire, tenía
razón, había tenido de nuevo el mismo sueño, pienso que tal vez es una señal,
un recuerdo, después del accidente donde mis padres habían muerto en el ataque
en la nave donde regresábamos a nuestras tierras.
-Si…
de nuevo. Pero…
Antonia bajo la
mirada, estaba igual o peor que yo, le había contado todo lo que había soñado
en los últimos días, siempre había sido el mismo sueño, solo veía a una madre y
a una hija llorando por sus vidas, pero hoy fue diferente, ahora habían más
personas en el sueño.
-Ahora
hay más.
-¿Mas?¿A
qué te refieres?
-Bueno,
ahora hay dos hombres, uno las está defendiendo, y otro lo asesina.
Quedo en
silencio, esperaba al menos una expresión de sorpresa, o preguntarme algo.
Nada.
-¿A
caso me estas ocultando algo Antonia?
-No-
dijo algo nerviosa
-¿Estás
segura?
-Si
No seguí la
conversación, pero de algo estaba segura, ella me ocultaba algo y no quería
decirlo, a veces me siento mal cuando no me dice este tipo de cosas, que sabe
que me preocupan mucho, pero sé que tiene sus razones, y estaré lista para
cuando tenga que decirlo.
-Dios
mío, ¿Qué hora es?
-Tarde,
Lady, por eso he venido a despertarla.
-Tengo
que apurarme.
-A
que se debe que tenga tanta prisa en levantarse.
-Si
no llego más temprano a clase, no tendré tiempo para regresar el violín a su
lugar.
-A
eso también he venido Lady, el día de hoy se suspenderán las clases habituales.
Así que por el violín, no se preocupe, yo lo llevare a su lugar.
-¿Cual
es el motivo?- no tenía ni idea de lo que se trataba
-De
10:00 a 11:00 de la mañana, le tomaremos las medidas del vestido para la fiesta
de compromiso, y aprovecharemos para el vestido de bodas.
``Boda´´ Tan solo
esa palabra hizo que mi cuerpo temblara.
-De
11:00 a 12:00 estaremos eligiendo los adornos para el baile de compromiso, pero
eso no le corresponde a usted Lady.
-Entonces
¿Qué hare en ese transcurso de tiempo?
-El
Sr. Ernest ha invitado al príncipe Alexander para… que se conozcan.
-Claro,
solamente con conocernos un día antes de nuestro compromiso, nos enamoraremos, no habrá problema, y
seremos felices para siempre.- Esto hizo que
explotara de enfado, por lo menos me lo hubiera presentado con mas
anticipación, no un día antes de anunciar nuestro compromiso a todos los reinos
vecinos.
-En
ese transcurso podrá arreglarse y prepararse para la visita. Tiene todo el día
libre y puede usar el tiempo que tenga de sobra como te plazca Claire.
-¿A
qué hora llegara el príncipe?
-A
las 2:00. Se hará una comida para recibirlo, y hasta las 5:00 el príncipe se
retirara.
A pesar que no
sentía nada por esa persona, me dio un poco de nervios que el día de hoy
conocería a la persona con la que pasaría el resto de mi vida. Pero, no tendría
que ser así, podría… escapar.
Esto me hizo
recordar la propuesta de la Tía Teresa, no lo había pensado, tendría que
considerarlo, porque sería la única oportunidad que tendría antes de que
tuvieran que anunciar mi compromiso, aun así, me había dado hasta el día de hoy
para responderle, no me especifico en qué momento.
-De
acuerdo, entonces ¿Qué hora dijiste que era?
-Según
el reloj, son las 9:50 de la mañana
-¡¿9:50?¡
No lograre estar lista para la primera actividad.
-No
se preocupe Lady, los sastres y costureras vendrán a su habitación para aquí
mismo tomarle las medidas, solo le recomiendo que se dé una cepillada y se coloque
el corcel.
-Esta
bien, está bien, solo tengo que apurarme.
En ese mismo
instante me levante, me dirigí a mi tocador. El cabello no estaba tan mal, solo
me di una cepillada rápida y me agarre el cabello en una coleta, después corrí
hacia mi closet, pero antes de eso me di cuenta que Antonia ya tenía un
conjunto de ropa, vestido de color verde oscuro, unas zapatillas del mismo
color, también había una diadema con un tocado de flores de diversos colores
oscuros. A lado estaba el corcel preparado, era lo que más me daba miedo cuando
usaba un vestido ajustado, tenía que usar el corcel, y a veces este me impedía
que respirara.
Tocaron a la
puerta, era tiempo de ponerse el corcel. Sin autorización, como 6 personas,
todas mujeres, comenzaron a entrar a la habitación, colocaron alrededor de un
banquito todas sus cosas para poder tomar las medidas, Antonia me llevo a este
banquito, me subió y después me coloco el corcel, y jalo los hilos de tal forma
que me hizo lanzar un suspiro para poder recuperar el aire que había perdido.
No podía moverme, el corcel me había que perdiera la total movilidad de mi
cuerpo, me molestaba mucho.
Las mujeres
comenzaron a tomarme medidas, de alto, cintura, brazos, entre muchas cosas que
yo no entendía, este trabajo debería ser difícil, deben tomar en cuenta muchas
cosas, medidas y detalles para lograr una obra maestra, así duraron
aproximadamente una hora.
Cuando se
retiraron, le pedí a Antonia que me quitara el corcel, no podía aguantar un
segundo más con él. Al quitármelo, sentí como si estuviera en el paraíso, las
mujeres debemos sacrificar mucho para vernos lindas.
-Comenzaremos
a arreglar para la llegada del príncipe esta tarde. Así que…
-¡Espera¡-
no sabía porque había hecho eso
-¿Qué
ocurre?
-No
lo sé, es solo… que no quiero quedarme sola.
-¿Por
qué?
-Tengo…
miedo.
-¿A
que le tienes miedo? El castillo está protegido por miles de guardias que
darían su vida con tal de salvar la tuya.
-No…
es ese tipo de miedo.
-¿Entonces
a que le tienes miedo?
-Al
matrimonio
Se quedo
sorprendida, pero tenía una mirada de que comprendía lo que estaba pasado. Así
que se acerco a mí y me hizo la seña que me sentara en mi cama, seguido de eso,
ella también se sentó a lado de mí.
-Tienes miedo al matrimonio, o a llegar a ser Reyna.
Eso en verdad me
hizo reflexionar, ¿A caso no quería casarme, no porque no conociera o no amara
al príncipe, sino por el miedo a llegar a ser algo más? ¿A llegar a ser Reyna,
tal vez era porque no me creía capaz de gobernar a nuestro reino? Parecía que
Antonia me conocía más de lo que yo quisiera.
-Si,
tal vez es eso.
-
Solo quiero decirte algo Claire, si tú crees que lograras gobernase nuestras
tierras como tus antepasados lograron mantenerla, lo lograras. Además, no
nacemos con el don, nos esforzamos para lograr nuestras metas. Todo depende de
que quieras hacerlo. Nadie dijo que iba a ser fácil, pero con todo tu esfuerzo,
lograras llegar a ser una excelente Reyna.
-Eres
increíble Antonia, gracias
-Estoy
para servirte, así que con tu permiso, me retiro.
Y salió de la
habitación, me sorprendía como Antonia lograba cambiar completamente mi punto
de vista de manera drástica, además hacia verme que mis problemas, o preocupaciones
tenían una solución más sencilla de la que pensaba, por eso siempre me gustaba
hablar con ella, ahora el problema era reflexionar, ¿En realidad quiero
gobernar estas tierras? Era difícil para mí decidirlo.
*
Después de unas
dos horas aproximadamente, seguía con una bata ligera, sentada en mi cama solo
para no estar en ropa interior había salido de bañar hace una hora. No tenía ganas de
vestirme aun, ahora que lo pensaba ¿Era necesario tanto tiempo para arreglarme?
Está bien que digan que las mujeres tardamos más que los hombres para arreglarnos,
pero esto era una exageración.
No había hecho
nada en estas últimas horas, me sentía un poco aturdida de todo lo que había
pasado en apenas dos días.
-Hace
un día era una mujer libre, pero ahora estoy comprometida con alguien a quien
no conozco.
Ahora que lo
pienso, en realidad no era muy diferente, nunca había sido una mujer libre, a
pesar de que mis Tíos me cuidaban, me trataban mas como un estorbo a como un
familiar, siempre tenían que corregirme, siempre tenía que obedecerlos, por más
que me doliera hacer algo, nunca tomaban mi opinión en cuenta, simplemente me
decían- Es por tu propio bien. Siempre creí en esas palabras, aunque a veces
siento que solo me lo decían para lograr mantenerme a un margen y poder
manipularme a su antojo. Angelina era la hermana perfecta, siempre y, hasta
ahora, tenía que ser como ella, siempre era disciplinada, no reclamaba ante
nada, me cuesta decirlo, pero si, era perfecta. Por eso siempre quise ser como
ella. Pero, aun así, siempre busque en ellos una familia, pero nunca logre
tenerla.
Mire el reloj que
se encontraba en mi buro, al lado derecho de mi cama, a mi lado izquierdo. Era
la 1 en punto.
-Tengo
que apresurarme. ---Creo que tal vez sabrían que me quedaría pensativa. Por
eso me dieron tanto tiempo.
Por fin encontré
el motivo.
La ropa que
Antonia había escogido y colocado sobre mi cama, seguía como la había dejado,
acomodado de tal forma como se acomodaría en mi cuerpo. Tome un medio fondo que
tenia, el vestido, los zapatos, unas medias del color de mi piel y me vestí. De
repente tocaron a la puerta.
-¿Quién
es?
-Soy
Antonia, Lady.
-Y
también yo, Claire.
Me dio risa la
voz de Marlene detrás de la puerta. Comencé a escuchar como Antonia le dio un
zape, a lo que Marlene se quejo, reprendió de cómo había contestado. Después
Marlene, un poco apenada, desde el otro lado de la puerta, con voz más
tranquila se dirigió a mí.
-Soy
Marlene, Lady.
-He
he, pasen.
Aun me daba risa.
-Lady,
he venido para ayudarla en el peinado.
-Gracias
Antonia
-Yo
he venido a apoyarte. Conocerás a tu futuro esposo ¿Verdad Claire? ¿Cómo crees
que sea? ¿Sera apuesto?¿Inteligente?¿Alto? Estoy emocionada por saber quién
será tu marido.
-Creo
que tu estas mas emocionada por conocer al príncipe Alexander que yo, Marlene.
-Bueno…
es solo que… quiero saber si es la persona correcta con la que deberías estar
el resto de tu vida.
-Hm,
eso es lo que yo también quisiera saber.
Era cierto, tal
vez era una persona amable, apuesta, lo que toda mujer desea, y al final
termine enamorándome, pero no me gusta tener que hacerlo en este tipo de
circunstancia.
-De
acuerdo, comencemos con su cabello.
Antonia me tomo
por los hombros, aun seguía sentada, se coloco detrás de mí, Marlene, a lado
mío, observando cómo Antonia comenzaba a juguetear con mi cabello mientras
pensaba en que me haría con el cabello.
-No es una ocasión especial, pero no debemos dejarlo de esta forma.
Comenzó a
cepillar mi cabello color rubio, parecía como si Antonia y Marlene les gustara
admirarme, me sentía un poco incomoda, y trataba de disimular que no notaba su
mirada sobre mí.
Después comenzó a
colocarme unos tubos en el cabello, para hacer mi cabello un poco mas rizado.
Mientras lo tenía, giro mi silla, y comenzó a maquillarme. Nunca me había
gustado el maquillaje, sentía una plasta de farsa en mi cara, como si eso no me
dejara mostrar mi verdadero yo. No veía que era lo que me colocaba en la cara.
Ahora que ya no estaba de frente al espejo, no lograba verme a mí misma. Así
pasaron varios minutos, cuando comenzó a quitarme los tubos del cabello, note
que Marlene se había aburrido y se había recostado en mi cama y se había
quedado dormida. Cuando Antonia quito de
mi cabeza el último tuvo, sentí como mi cabello se había elevado un poco, tenía
unos cabellos en mi cara, pero al darse cuenta, los retiro de inmediato,
después tomo la diadema que estaba en mi tocador y me la coloco, me la
acomodaba de tal manera que parecía que buscaba el ángulo perfecto para que la
flor luciera mejor.
-Estas
lista. Puedes verte en el espejo si quieres.
Eso fue lo que
hice, voltee al espejo, mi rostro no parecía muy diferente de lo normal, solo
parecía que mis pequeñas imperfecciones las había escondido, me había alargado
un poco las pestañas y había colocado un delicado color café en mis parpados,
mis labios tenían solo brillo y mis mejillas tenían un color rosado como los de
Marlene. Llevaba la diadema muy acomodada, la flor se encontraba en mi lado
derecho, llevaba unos pendientes pequeños, de color verde oscuro.
-Sabía
que querías parecer tu misma. Así que solo hice unos pequeños detalles.
-Me
encanta, gracias Antonia.
En serio, sentía
que ella era más mi madre que la Tía Teresa, me conocía más que nadie en este
mundo.
-Que…
¿Qué pasa?
Ambas volteamos a
ver a Marlene que se había despertado, estaba tallándose los ojos. Volteó hacia
mí, y me levante, dirigiéndome a ella di una vuelta.
-Y
bien Marlene ¿Cómo me veo?
-Ohh,
te ves Hermosa Claire, el príncipe no podrá resistirse a ti. Tenlo por seguro.
Nos quedamos en
silencio, en realidad quería reírme por el comentario, pero Antonia había
quedado en silencio, creí que la reprendería, pero de repente, como si nos
hubiéramos puesto de acuerdo, comenzamos a reír a carcajadas, como locas. Me
encantaba estar con ellas.
Las risas se interrumpieron
cuando comenzó a escucharse el sonido de un carruaje acercándose al castillo.
Antonia fue la que se acerco a la ventana para observar.
-Ya
ha llegado.
Un escalofrío
recorrió mi cuerpo al escuchar aquellas tres palabras que habían salido de su boca.
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