lunes, 7 de octubre de 2013

~Sinceridad después del Incauto~ Cap.6

6
Reflexión
D
e nuevo tuve este sueño recurrente, aun seguía dentro de esta habitación oscura, seguía la madre protegiendo a su hija, los mismos sentimientos comenzaron a inundarme sin escapatoria, quería despertar de la pesadilla, pero sabía que era imposible, solo quería que Antonia me despertara para no seguir observando el penar de estas mujeres. No quería seguir viendo, pero como si no fuera yo, me asome por el orificio.
Ahora había una persona más en esa escena, había dos hombres, uno arrodillado y con las manos extendidas, dando a entender que no se movería, protegía a las dos, el otro hombre, que permanecía de pie, sostenía una espada, comenzó a girar alrededor de ellos como si fuera un león asechando a su presa, buscando el punto perfecto para atacar. Al parecer el hombre se irritaba, levanto el brazo con el que portaba el arma y la ensarto en su corazón. La madre e hija gritaron y comenzaron a llorar, me di cuenta que yo también había gritado, ahogue el grito llevando mi mano a la boca, estaba temblando, llorando ¿Por qué lloraría por alguien que no conozco? Pero aun así esa escena; de una familia, de una niña perdiendo a su padre, y al parecer después a su madre, se me hacía muy familiar. Pero quién sabe si la niña correría con la misma suerte.
Cuando voltee de nuevo, el hombre volteaba hacia mí, me estaba mirando, él sabía exactamente donde estaba, y era el último lugar a donde había volteado, porque después de un segundo que la madre e hija trataran de hacerlo reaccionar, sus ojos se movían cada vez más lento, su pecho ya no se levantaba, y después dejo de parpadear.
            -¡Claire, por el amor de dios, DESPIERTA¡
         -¡Ah¡
Casi me golpeaba con Antonia, ella estaba sacudiéndome desesperadamente queriendo despertarme, al parecer estaba moviéndome mientras dormía. Me levante de golpe, por lo que hizo que Antonia se hiciera hacia tras por impulso, me sentí caliente, pero a la vez sudaba frio.
            -Claire, ¿Te sientes bien? Estabas llorando y gritando… y
         -Si, si estoy bien- dije un poco cansada y limpiándome el sudor, suspirando.
         -¿Otra vez?
Suspire, tenía razón, había tenido de nuevo el mismo sueño, pienso que tal vez es una señal, un recuerdo, después del accidente donde mis padres habían muerto en el ataque en la nave donde regresábamos a nuestras tierras.
            -Si… de nuevo. Pero…
Antonia bajo la mirada, estaba igual o peor que yo, le había contado todo lo que había soñado en los últimos días, siempre había sido el mismo sueño, solo veía a una madre y a una hija llorando por sus vidas, pero hoy fue diferente, ahora habían más personas en el sueño.
            -Ahora hay más.
         -¿Mas?¿A qué te refieres?
         -Bueno, ahora hay dos hombres, uno las está defendiendo, y otro lo asesina.
Quedo en silencio, esperaba al menos una expresión de sorpresa, o preguntarme algo. Nada.
            -¿A caso me estas ocultando algo Antonia?
         -No- dijo algo nerviosa
            -¿Estás segura?
         -Si
No seguí la conversación, pero de algo estaba segura, ella me ocultaba algo y no quería decirlo, a veces me siento mal cuando no me dice este tipo de cosas, que sabe que me preocupan mucho, pero sé que tiene sus razones, y estaré lista para cuando tenga que decirlo.
            -Dios mío, ¿Qué hora es?
         -Tarde, Lady, por eso he venido a despertarla.
         -Tengo que apurarme.
         -A que se debe que tenga tanta prisa en levantarse.
         -Si no llego más temprano a clase, no tendré tiempo para regresar el violín a su lugar.
         -A eso también he venido Lady, el día de hoy se suspenderán las clases habituales. Así que por el violín, no se preocupe, yo lo llevare a su lugar.
         -¿Cual es el motivo?- no tenía ni idea de lo que se trataba
            -De 10:00 a 11:00 de la mañana, le tomaremos las medidas del vestido para la fiesta de compromiso, y aprovecharemos para el vestido de bodas.
``Boda´´ Tan solo esa palabra hizo que mi cuerpo temblara.
            -De 11:00 a 12:00 estaremos eligiendo los adornos para el baile de compromiso, pero eso  no le corresponde a usted Lady.
         -Entonces ¿Qué hare en ese transcurso de tiempo?
         -El Sr. Ernest ha invitado al príncipe Alexander para… que se conozcan.
         -Claro, solamente con conocernos un día antes de nuestro compromiso,  nos enamoraremos, no habrá problema, y seremos felices para siempre.- Esto hizo que explotara de enfado, por lo menos me lo hubiera presentado con mas anticipación, no un día antes de anunciar nuestro compromiso a todos los reinos vecinos.
            -En ese transcurso podrá arreglarse y prepararse para la visita. Tiene todo el día libre y puede usar el tiempo que tenga de sobra como te plazca Claire.
         -¿A qué hora llegara el príncipe?
         -A las 2:00. Se hará una comida para recibirlo, y hasta las 5:00 el príncipe se retirara.
A pesar que no sentía nada por esa persona, me dio un poco de nervios que el día de hoy conocería a la persona con la que pasaría el resto de mi vida. Pero, no tendría que ser así, podría… escapar.
Esto me hizo recordar la propuesta de la Tía Teresa, no lo había pensado, tendría que considerarlo, porque sería la única oportunidad que tendría antes de que tuvieran que anunciar mi compromiso, aun así, me había dado hasta el día de hoy para responderle, no me especifico en qué momento.
            -De acuerdo, entonces ¿Qué hora dijiste que era?
         -Según el reloj, son las 9:50 de la mañana
         -¡¿9:50?¡ No lograre estar lista para la primera actividad.
         -No se preocupe Lady, los sastres y costureras vendrán a su habitación para aquí mismo tomarle las medidas, solo le recomiendo que se dé una cepillada y se coloque el corcel.
         -Esta bien, está bien, solo tengo que apurarme.
En ese mismo instante me levante, me dirigí a mi tocador. El cabello no estaba tan mal, solo me di una cepillada rápida y me agarre el cabello en una coleta, después corrí hacia mi closet, pero antes de eso me di cuenta que Antonia ya tenía un conjunto de ropa, vestido de color verde oscuro, unas zapatillas del mismo color, también había una diadema con un tocado de flores de diversos colores oscuros. A lado estaba el corcel preparado, era lo que más me daba miedo cuando usaba un vestido ajustado, tenía que usar el corcel, y a veces este me impedía que respirara.
Tocaron a la puerta, era tiempo de ponerse el corcel. Sin autorización, como 6 personas, todas mujeres, comenzaron a entrar a la habitación, colocaron alrededor de un banquito todas sus cosas para poder tomar las medidas, Antonia me llevo a este banquito, me subió y después me coloco el corcel, y jalo los hilos de tal forma que me hizo lanzar un suspiro para poder recuperar el aire que había perdido. No podía moverme, el corcel me había que perdiera la total movilidad de mi cuerpo, me molestaba mucho.
Las mujeres comenzaron a tomarme medidas, de alto, cintura, brazos, entre muchas cosas que yo no entendía, este trabajo debería ser difícil, deben tomar en cuenta muchas cosas, medidas y detalles para lograr una obra maestra, así duraron aproximadamente una hora.
Cuando se retiraron, le pedí a Antonia que me quitara el corcel, no podía aguantar un segundo más con él. Al quitármelo, sentí como si estuviera en el paraíso, las mujeres debemos sacrificar mucho para vernos lindas.
            -Comenzaremos a arreglar para la llegada del príncipe esta tarde. Así que…
         -¡Espera¡- no sabía porque había hecho eso
         -¿Qué ocurre?
         -No lo sé, es solo… que no quiero quedarme sola.
         -¿Por qué?
         -Tengo… miedo.
         -¿A que le tienes miedo? El castillo está protegido por miles de guardias que darían su vida con tal de salvar la tuya.
         -No… es ese tipo de miedo.
         -¿Entonces a que le tienes miedo?
         -Al matrimonio
Se quedo sorprendida, pero tenía una mirada de que comprendía lo que estaba pasado. Así que se acerco a mí y me hizo la seña que me sentara en mi cama, seguido de eso, ella también se sentó a lado de mí.
            -Tienes miedo al matrimonio, o a llegar a ser Reyna.
Eso en verdad me hizo reflexionar, ¿A caso no quería casarme, no porque no conociera o no amara al príncipe, sino por el miedo a llegar a ser algo más? ¿A llegar a ser Reyna, tal vez era porque no me creía capaz de gobernar a nuestro reino? Parecía que Antonia me conocía más de lo que yo quisiera.
            -Si, tal vez es eso.
         - Solo quiero decirte algo Claire, si tú crees que lograras gobernase nuestras tierras como tus antepasados lograron mantenerla, lo lograras. Además, no nacemos con el don, nos esforzamos para lograr nuestras metas. Todo depende de que quieras hacerlo. Nadie dijo que iba a ser fácil, pero con todo tu esfuerzo, lograras llegar a ser una excelente Reyna.
            -Eres increíble Antonia, gracias
         -Estoy para servirte, así que con tu permiso, me retiro.
Y salió de la habitación, me sorprendía como Antonia lograba cambiar completamente mi punto de vista de manera drástica, además hacia verme que mis problemas, o preocupaciones tenían una solución más sencilla de la que pensaba, por eso siempre me gustaba hablar con ella, ahora el problema era reflexionar, ¿En realidad quiero gobernar estas tierras? Era difícil para mí decidirlo.
*
Después de unas dos horas aproximadamente, seguía con una bata ligera, sentada en mi cama solo para no estar en ropa interior había salido de  bañar hace una hora. No tenía ganas de vestirme aun, ahora que lo pensaba ¿Era necesario tanto tiempo para arreglarme? Está bien que digan que las mujeres tardamos más que los hombres para arreglarnos, pero esto era una exageración.
No había hecho nada en estas últimas horas, me sentía un poco aturdida de todo lo que había pasado en apenas dos días.
            -Hace un día era una mujer libre, pero ahora estoy comprometida con alguien a quien no conozco.
Ahora que lo pienso, en realidad no era muy diferente, nunca había sido una mujer libre, a pesar de que mis Tíos me cuidaban, me trataban mas como un estorbo a como un familiar, siempre tenían que corregirme, siempre tenía que obedecerlos, por más que me doliera hacer algo, nunca tomaban mi opinión en cuenta, simplemente me decían- Es por tu propio bien. Siempre creí en esas palabras, aunque a veces siento que solo me lo decían para lograr mantenerme a un margen y poder manipularme a su antojo. Angelina era la hermana perfecta, siempre y, hasta ahora, tenía que ser como ella, siempre era disciplinada, no reclamaba ante nada, me cuesta decirlo, pero si, era perfecta. Por eso siempre quise ser como ella. Pero, aun así, siempre busque en ellos una familia, pero nunca logre tenerla.
Mire el reloj que se encontraba en mi buro, al lado derecho de mi cama, a mi lado izquierdo. Era la 1 en punto.
            -Tengo que apresurarme. ---Creo que tal vez sabrían que me quedaría pensativa. Por eso me dieron tanto tiempo.
Por fin encontré el motivo.
La ropa que Antonia había escogido y colocado sobre mi cama, seguía como la había dejado, acomodado de tal forma como se acomodaría en mi cuerpo. Tome un medio fondo que tenia, el vestido, los zapatos, unas medias del color de mi piel y me vestí. De repente tocaron a la puerta.
            -¿Quién es?
         -Soy Antonia, Lady.
         -Y también yo, Claire.
Me dio risa la voz de Marlene detrás de la puerta. Comencé a escuchar como Antonia le dio un zape, a lo que Marlene se quejo, reprendió de cómo había contestado. Después Marlene, un poco apenada, desde el otro lado de la puerta, con voz más tranquila se dirigió a mí.
            -Soy Marlene, Lady.
         -He he, pasen.
Aun me daba risa.
            -Lady, he venido para ayudarla en el peinado.
         -Gracias Antonia
         -Yo he venido a apoyarte. Conocerás a tu futuro esposo ¿Verdad Claire? ¿Cómo crees que sea? ¿Sera apuesto?¿Inteligente?¿Alto? Estoy emocionada por saber quién será tu marido.
         -Creo que tu estas mas emocionada por conocer al príncipe Alexander que yo, Marlene.
         -Bueno… es solo que… quiero saber si es la persona correcta con la que deberías estar el resto de tu vida.
         -Hm, eso es lo que yo también quisiera saber.
Era cierto, tal vez era una persona amable, apuesta, lo que toda mujer desea, y al final termine enamorándome, pero no me gusta tener que hacerlo en este tipo de circunstancia.
            -De acuerdo, comencemos con su cabello.
Antonia me tomo por los hombros, aun seguía sentada, se coloco detrás de mí, Marlene, a lado mío, observando cómo Antonia comenzaba a juguetear con mi cabello mientras pensaba en que me haría con el cabello.
            -No es una ocasión especial, pero no debemos dejarlo de esta forma.
Comenzó a cepillar mi cabello color rubio, parecía como si Antonia y Marlene les gustara admirarme, me sentía un poco incomoda, y trataba de disimular que no notaba su mirada sobre mí.
Después comenzó a colocarme unos tubos en el cabello, para hacer mi cabello un poco mas rizado. Mientras lo tenía, giro mi silla, y comenzó a maquillarme. Nunca me había gustado el maquillaje, sentía una plasta de farsa en mi cara, como si eso no me dejara mostrar mi verdadero yo. No veía que era lo que me colocaba en la cara. Ahora que ya no estaba de frente al espejo, no lograba verme a mí misma. Así pasaron varios minutos, cuando comenzó a quitarme los tubos del cabello, note que Marlene se había aburrido y se había recostado en mi cama y se había quedado dormida. Cuando  Antonia quito de mi cabeza el último tuvo, sentí como mi cabello se había elevado un poco, tenía unos cabellos en mi cara, pero al darse cuenta, los retiro de inmediato, después tomo la diadema que estaba en mi tocador y me la coloco, me la acomodaba de tal manera que parecía que buscaba el ángulo perfecto para que la flor luciera mejor.
            -Estas lista. Puedes verte en el espejo si quieres.
Eso fue lo que hice, voltee al espejo, mi rostro no parecía muy diferente de lo normal, solo parecía que mis pequeñas imperfecciones las había escondido, me había alargado un poco las pestañas y había colocado un delicado color café en mis parpados, mis labios tenían solo brillo y mis mejillas tenían un color rosado como los de Marlene. Llevaba la diadema muy acomodada, la flor se encontraba en mi lado derecho, llevaba unos pendientes pequeños, de color verde oscuro.
            -Sabía que querías parecer tu misma. Así que solo hice unos pequeños detalles.
            -Me encanta, gracias Antonia.
En serio, sentía que ella era más mi madre que la Tía Teresa, me conocía más que nadie en este mundo.
            -Que… ¿Qué pasa?
Ambas volteamos a ver a Marlene que se había despertado, estaba tallándose los ojos. Volteó hacia mí, y me levante, dirigiéndome a ella di una vuelta.
            -Y bien Marlene ¿Cómo me veo?
         -Ohh, te ves Hermosa Claire, el príncipe no podrá resistirse a ti. Tenlo por seguro.
Nos quedamos en silencio, en realidad quería reírme por el comentario, pero Antonia había quedado en silencio, creí que la reprendería, pero de repente, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, comenzamos a reír a carcajadas, como locas. Me encantaba estar con ellas.
Las risas se interrumpieron cuando comenzó a escucharse el sonido de un carruaje acercándose al castillo. Antonia fue la que se acerco a la ventana para observar.
            -Ya ha llegado.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo al escuchar aquellas tres palabras que habían salido de su boca.


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