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Pesadilla
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M
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iedo, tristeza y una desesperación incontrolable, estos eran mis sentimientos
en ese momento, no sabía dónde me encontraba, todo estaba oscuro, sobre un
suelo frio, aunque la habitación se movía de un lado para otro, comencé a
buscar desesperadamente con mis manos alguna salida en las paredes, estas se encontraban
húmedas y astillosas, hasta sentí como por la ansiedad de huir de ese tenebroso
lugar, hizo que algunas se enterraran en mis manos, pero eso no importo, continúe buscando, de repente, note
algo que era tan obvio haber visto desde el principio que me sentí tonta; una
débil luz a través de un orificio en la madera de la puerta, podía lograrse ver
a través de ella, comencé a arrastrarme e intente lograr ver algo a través de
esa mira, cuando logre visualizar algo, vi a una mujer, una mujer hermosa,
tenía una cabellera castaña hasta la cintura , ondulado, tenía la piel clara y
parecía suave, había cuerpos en el suelo, ensangrentados, sin vida. Note que
tenia a una niña en sus brazos, esta, como la mujer que la protegía, lloraban
descontroladamente, la niña se aferraba tanto a su madre como si de eso
dependiera su vida, su madre se comportaba igual, aunque no por ser protegida,
sino por proteger a la indefensa criatura que mantenía entre sus brazos.
Comencé a sentir algo en mi rostro, lleve mi mano hacia donde suponía que
estaba mi rostro, puesto que la oscuridad no me permitía calcular bien mi
posición, cuando toque mi mejilla, sentí algo cálido, que hasta en ese momento
me pareció reconfortante, pero después fue frio, mire mi mano , apoyándome con
la poca luz que había en la habitación. Eran lágrimas. Tal vez era muy
sentimental, o tantas emociones al mismo tiempo me habían afectado, pero había
algo en esa escena que me parecía familiar, después, al regresar mi mirada
hacia el orificio, alguien impedía que pudiera ver a través de ella. Después
esta persona comenzó a caminar hacia las dos mujeres que se encontraban en el
suelo, los pasos sonaban tan distantes, pero cada vez más cerca, cada vez más
claros, cada vez más fuertes, cuando de repente escuche una voz familiar
llamándome:
-Clarisse…
Clarisse
De repente esa voz fue demasiado real.
-¡CLARISSE¡
Esa voz fue tan fuerte que me despertó del sueño, la mujer que me
había despertado, voltee hacia esa persona, llevaba un vestido largo café
oscuro, con holanes blancos y un mandil del mismo color, su cabello corto y
chino de color negro, sus ojos me miraron atentos.
-Buenos días Clarisse-me dijo con una sonrisa de oreja a oreja
-Buenos días Antonia- le respondí algo enojada pero a la vez cansada,
mientras me sentaba en mi cama, y comencé a frotarme los ojos con los puños de
mis manos.
Ella comenzó a caminar hacia el gran ventanal de mi habitación, y
recorrió las cortinas de golpe, haciendo que la luz me segara por un instante,
cerrando los ojos y llevando mis manos hacia mis ojos.
-Es tarde Lady- se acerco hacia un lado de mi
-¿Tarde para qué?- sentí una sensación como de saber lo que respondería,
y eso me arruinaba el día por completo.
-Sus clases mi Lady, se le hará tarde si no se baña y arregla pronto.
- Está bien
-Además…
Me quede en silencio, analicé la manera en la que lo había dicho, no
era muy alegre, y de eso no podía esperar nada bueno, creo que ya sabía con
quien tenía que ver todo esto.
-El Sr.
Ernest quiere hablar con usted, me pidió que la llamara, la espera en la
biblioteca después de sus lecciones del día.
-¿El Sr Ernest?
-Sí. El baño está listo.
El Sr. Ernest para los criados de la casa, el Rey Ernest para la
sociedad, el Tio Ernest para mi, el junto a su esposa Teresa y su hija
Angelina, fueron los herederos después de que mis padres murieron, el Tio
Ernest había regresado a estas tierras con el objetivo de cuidarme, había
quedado huérfana después del ataque por piratas al barco donde regresábamos a
nuestras tierras, aunque no nos fue muy bien que digamos.
-Está
bien, gracias Antonia, puedes retirarte.
-Si lady
Se dirigió a la puerta, y después la abrió, se detuvo por un instante,
quiso decirme algo, abrió la boca, pero de repente la cerró y salió de la
habitación. Últimamente Antonia se había comportado muy extraña, tal vez ella
sabía algo que me esperaba, pero no le tome importancia, me levante, me dirigí
a mi tocador, mire como mi cabello se había salido de la órbita de mi cabeza,
siempre había sido muy loca para dormir.
Comencé a cepillar mi cabello, frente al espejo, me senté en una
pequeña silla acolchonada y recordé lo que había soñad---Solo es un sueño--- me dije a mi misma para intentar
tranquilizarme--- más que un sueño es
una pesadilla---.
Al terminar, comencé a buscar lo que me pondría, abrí el cajón
superior derecho, y observe todas las alhajas y joyas que habían en el, observe
varios collares y accesorios para vestir, aunque no era un día especial, elegí
un collar de oro, con un diamante como dije, tenía unos pequeños adornos de oro
alrededor de este, también tome unos aretes pequeños, delicados, hechos del
mismo diamante que tenía el collar, un brazalete, y después los acomode en
orden sobre el tocador. Después me levante de la silla, y camine hacia mi
closet, donde estaban mis vestidos y calzado, lo abrí y observe la infinidad de
vestidos, no me podía decidir entre un azul claro o un morado, saque los dos
del closet y los comencé a mirar.
-Con el morado te vez hermosa Claire
Esa voz chillona y pequeña me hizo dar un brinco de susto, había estado
muy concentrada en esto, me di la vuelta de golpe y me recargué contra la
puerta de mi closet, tratando de recuperar el aliento.
- ¡Dios, Marlene, casi me matas de un susto¡-Esa niña que llevaba
un vestido café oscuro, llena de tizne y su cara igual, aun así tenía una sonrisa
de oreja a oreja, como la de cualquier niño feliz. Ella camino hacia mí y
después se detuvo justo delante de mí, agachándose y tratando de ver mi rostro
que miraba hacia el suelo.
-Últimamente todo te mata de un susto- me había dado cuenta que lo decía
en un todo burlón, pero era cierto, pero era porque estos últimos días había
sentido algo, que algo estaba mal, que algo ocurriría, mis sentidos se habían puesto
alerta sin haberme pedido permiso, me sentía vigilada.
-¿Claire? ¿Estás bien? – reaccione a la voz de Marlene, había
quedado en transe por unos segundos pensando en la sensación que había tenido. Su cara tenía una expresión de preocupación,
yo era la causante de estuviera así, por lo que inmediatamente sonreí, y como
siempre me había gustado, comencé a apachurrar sus cachetes que; a pesar de
estar sucia y polvorienta, estaban muy suaves y sus mejillas seguían con el
mismo tono rosado que siempre había tenido, y le daba una expresión de alegría.
-¡Claire basta¡- a pesar de gritar que me detuviera y tratando de
quitarme las manos de sus mejillas, ella seguía riendo y, por la poca
resistencia que hacía, comprendí que quería que siguiera haciéndolo, de repente
ella comenzó a hacerme lo mismo, por lo que comenzamos una competencia de quien
resistía mas, todo ese rato transcurrió en pellizcos y risas, que al parecer,
se escucharon por toda la Mansión.
La Sra. Teresa, la esposa de mi tío, la ``Reyna´´ de nuestras tierras,
llego a mi habitación de golpe, donde nos encontró a mí y a Marlene en el suelo,
inmediatamente, nos separamos y levantamos, Marlene, fue la primera que
reacciono, y bajo la mirada, ella tendría más problemas que yo, ella era una
sirvienta, y yo, bueno yo era la princesa.
Teresa comenzó a entrar lentamente a la habitación, reaccione que ni
siquiera nos habíamos molestado en cerrar la puerta antes de hacer tremendo
desorden, ahora estos eran los resultados, habíamos tenido la mala suerte de
que ella estuviera caminando por estos pasillos, en este preciso momento.
Caminaba recta, con la mirada levantada, y una expresión de superioridad a las
criaturas que estaba observando, su cabello rizado que casi parecía no tener
dirección especifica, negros como la noche, y sus ojos profundos hacían imposible hacer contacto
visual con ella, su bastón era de madera exportada del Oriente, y tenía una
agarradera de oro, cada golpe del bastón al tocar el suelo de madera, sonaba
más que sus pasos, y estos hacían un fondo perfecto para la escena. Llego
enfrente de nosotros, sentí que cuando el último golpe sonó en el suelo,
Marlene brinco de un susto, la mire de reojo, y estaba temblando, Teresa había
sido siempre muy dura, con todos, desde que llego a nuestra casa se sintió
adueñarse de todo, aunque el tío Ernest siempre le había puesto sus límites,
era una de las pocas cosas que me agradaban de él.
Marlene parecía ponerse pálida y nerviosa, Teresa se acerco a ella.
Así que intervine.
-No la culpes, es mía la responsabilidad.-Marlene, aunque no vi su
rostro en el momento, me di cuenta que se había sorprendido y calmado un poco.
Inmediatamente Teresa giro mirándome, pero ya no tenía la misma
expresión, ahora parecía la de una madre, aunque parecía fingida y me daba un
poco de miedo, cambia su actitud de repente, lo que me hace pensar cuáles son
sus intenciones realmente. Acerco su mano a mis mejillas.
-Clarisse, mira como tienes las mejillas llenas de tizne… oh… y tus
manos también. –tomando mis manos-Sera
mejor que tomes un baño, además tus lecciones comenzaran dentro de poco y tu
primer maestro llegara en 30 minutos, apresúrate ¿Quieres cariño?
Esa sonrisa de madre cariñosa me daba escalofríos por todo el cuerpo,
voltee hacia Marlene y aun seguía ahí, con la mirada agachada.
-¿Sigues aquí? Vete a seguir con tu trabajo niña.-. Su voz cambio
por completo
-Si Señora.- inmediatamente comenzó a salir de la habitación, no
dejo de mirar hacia abajo, como un perro regañado y mandado a dormir afuera.
Poco antes de que saliera, escuche a mi tía decirle en un tono tan bajo que
parecía que lo decía para sí misma.
-Y que no se repita niña insolente.
Esto, en realidad no me sorprendió, solo esperaba que Marlene no lo
hubiera escuchado, no quería que se sintiera mal. De repente, solo se volteo y
salió de la habitación sin previo aviso, y cerró la puerta.
La habitación quedo en completo silencio, tanto que podía escuchar mis
pensamientos en el aire, así que me dirigí al baño, abrí la puerta, y comencé a
ducharme. Siempre me había encantado bañarme en tina, siempre…siempre me había
gustado, porque mi madre era la que se encargaba de bañarme cuando era pequeña,
era uno de los muchos momentos con los que convivía con ella, y era divertido,
siempre bromeaba y me hacia reír. Pero creo que esos tiempos se han terminado.
Simplemente entre a la tina y comencé a ducharme. Tome la esponja, el
agua estaba llena de espuma, ya no me gustaba emocionarme con eso, porque eso
haría recordar cosas que se que ya no ocurrirían. En seguida tome el jabón
liquido y lo derrame sobre la esponja, esta fue directamente a mi cuerpo,
comencé tallando mis brazos, después mis piernas y mi espalda, después el resto
de mi cuerpo, mi cabello lo humecte con una esencia que no tenía idea que era,
pero me dejaba el cabello en perfectas condiciones, había terminado cuándo de
repente escuche que la puerta se abrió un poco.
Esto hizo que soltara la esponja y callera al suelo, inmediatamente
voltee hacia la puerta, estaba un poco abierta. Pensé que tal vez la había
dejado un poco abierta y con el aire se había recorrido.
-¿Hay alguien ahí? ¿Antonia? ¿Eres tú?
Reaccione que no obtendría respuesta si no fuera alguien que
conociera, de repente, ese miedo que había tenido, comenzó a recobrar mi
cuerpo, como si hubiera recordado algo espantoso y mi cuerpo hubiera quedado
inmóvil. Pero, no supe de donde saque fuerza para salir de la bañera, tomar una
toalla para cubrirme y acercarme a la puerta.
Cuando llegue a ella, la abrí lentamente, no sabía en qué me ayudaría
eso, más bien le daría oportunidad al invasor de huir, pero sentía que no
quería ver lo que había detrás de la puerta.
Lo que vi no fue nada diferente a como lo había dejado, mi cama a la
derecha, aun des tendida, pero en unos minutos Antonia llegaría a arreglarlo,
la puerta cerrada a la derecha, el ventanal con las cortinas abiertas y
cerradas, cerca del ventanal mi tocador con las joyas, la luz del sol hacia que
brillaran. Todo estaba en orden, me voltee, y sentí como una brisa ligera
recorrió mi cuello, por reflejo voltee, ahora el ventanal está abierto, las
cortinas se movían al compas del viento como si estos valsaran.
Por lo que reaccione que al ver
el tocador, no se veía el resplandor de las joyas, lo primero que me vino a la
cabeza fue que un ladrón había entrado y robado lo que tenía en el tocador, me
acerque rápidamente al tocador, esperando no encontrar las joyas, pero en vez
de eso, encontré las joyas, lo que impedía que brillaran era lo que había
encima de ella, un pequeño racimo de lilas…lilas blancas.
Tome el pequeño y aparente indefenso
racimo de lilas blancas y la lleve a mi nariz, rozándola un poco para sentir su
textura suave y poder apreciar su aroma, esa exquisito, delicado, tan solo
olerla me hizo olvidar todo a mi alrededor.
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