martes, 8 de octubre de 2013

~Sinceridad después del Incauto~ Cap.11

11
            El Baile de Compromiso.
L
o mejor que me paso en estas últimas horas fue bañarme. Lo demás fue una completa tortura, no creí que verse bien costara tanto, tanto en productos como en sufrimiento. Ya no sentía mi cabello como si fuera mío, el rostro no lo sentía tan diferente, pero lo que más me incomodaba era el corcel y el vestido tan enorme.
            -Todo por la belleza.
Era lo que me respondía la chica que me estaba arreglando cuando me quejaba o comenzaba a desesperarme por no poder respirar como de costumbre.
``Si estoy sufriendo así, tiene que salir algo de esto´´. Pensé. Al terminar de arreglarme, ya casi era hora del evento, escuchaba como los empleados ya se habían acomodado para la entrada de todos los invitados, muchos eran exactamente puntuales, algunos ya estaban adentro… y otros, pues llegaban a medio evento.
Escuchaba voces en el salón principal, a pesar de la lejanía del lugar, los escuchaba como susurros en mi habitación, no podía distinguirlos bien, ya que en mi habitación, todas las mujeres encargadas de hacerme lucir bien, estaban haciendo comentarios, hacia mí.
            -Te vez hermosa.
Una mujer de aproximadamente 30 años me hizo el comentario, a pesar de su corta edad, tenía algunas arrugas y ojeras en sus ojos, tenía la piel rasposa, lo supe porque me ayudo a bajar del banquito en el que estaba, no me había mirado al espejo en las últimas horas.
Me dirigí al espejo grande que tenia a un costado de mi cama. Me quede sin habla. El vestido que llevaba era de color lila, llevaba unas flores un poco más oscuras que el tono general del vestido, además tenía brillos y algunas capas sobre la tela principal, en la parte del vientre hasta el peto, llevaba una de las causas que me impedía respirar con libertad, un fajo del mismo color que las flores, me voltee para mirar la parte de atrás, un gran moño se encontraba en mi espalda, además, en la parte de atrás del vestido, había gran cantidad de holanes y unos arrastraban un poco más atrás de donde terminaba el vestido. Tenía unos pequeños y delicados detalles en las orillas, tanto de arriba como de abajo.
El vestido era strapless, pero tenía unos pequeños tirantes desde el centro de donde terminaba el vestido, y lo convertía como en un collar conectado a mi vestido, los tirantes también estaban adornados con pequeños cristales, esto se me  hizo algo exagerado.
Mi cabello estaba recogido, aunque caía una parte en mi hombro derecho, mi rostro estaba maquillado con un color más claro, pestañas resaltadas, sombras blancas con lila, hacían que mis ojos se vieran más grandes y vivos, y un color rosado a mis labios. Tenía mis mejillas de un color rojizo.
Levante mi vestido, llevaba zapatillas de tacón, hasta los zapatos, que ni siquiera se lograban notar, tenían infinidad de detalles y adornos.
En términos generales… no parecía yo.
Escuche que alguien abrió la puerta, voltee por instinto.
Mire a Antonia, algo agitada, pero al verme, se quedo quieta, en silencio, calmada. Hizo una cara de sorpresa y algo de alegría.
            -¡Claire… te vez hermosísima¡
Todas las demás mujeres comenzaron a hacer comentarios como ``te lo dije´´ o  ``lo logramos´´, algunas eran entre ellas, y otras eran dirigidas a mí. Me quede en silencio.
         -Claro…
Al parecer no notaron la forma en la que respondí, aun seguían metidas en sus líos. Antonia se me acerco, me tomo de la mano y me dio una vuelta para observarme completamente.
            -Los invitados se quedaran impactados.
            -Y lo que menos quiero es llamar la atención.
            -¿Como no vas a llamar la atención? Eres el evento principal Claire… tú te vas a…
La interrumpí.
            -¡Lo sé¡
No me di cuenta que había gritado, todas las voces a mi alrededor habían cesado, mire las caras asustadas de las mujeres, sin habla. Antonia les hizo una señal con la cabeza y en pocos segundos, solo ella y yo estábamos en la habitación.
Con una voz baja y serena me pregunto.
            -¿Qué te ocurre Claire?
No pude evitar soltar unas lágrimas, pero recordé que si lloraba, el esfuerzo de todas seria en vano.
            -No lo sé… eso solo que… CREI que ya me había preparado, mentalmente para lo que ocurrirá hoy. Pero… tengo miedo.-No pude evitar que esta ultima oración se me quebrara la voz.
Antonia se me acerco y me abrazo. Gracias a dios que lo hizo, si no lo hubiera hecho tal vez hubiera caído al suelo. No podía sostenerme en pie. Este sentimiento, pensamiento que habia tenido mientras me arreglaban, me había inundado por completo. ¿Y si fallo? Todos los que creen en mi; Antonia, Marlene, Los Tíos, Ángela… el reino entero. ¿Los decepcionare? No puedo llevar en mi espalda tal carga, no la soportaría mucho tiempo.
Sentía que en vez de sostenerme a mí misma, Antonia lo hacía por mí.
         -Se lo que piensas.
Me dijo Antonia como si ya se lo hubiera esperado.
            -Si no confías en ti, todo saldrá como lo imaginas.
Siempre me sorprendía lo acertada que era Antonia al adivinar mis pensamientos. No, no los adivinaba, al parecer era demasiado predecible.
            -Puedes llegar a ser alguien grande, que ni siquiera puedes imaginar. El problema es que tu no lo crees así… con perseverancia todo se logra.
         -Tengo miedo.
Me abrazo más fuerte, parecía que el mismo miedo lo hubiera experimentado ella a través de mi. Pero después me soltó, y me pellizco la mejilla.
            -Además, nunca estarás sola ¿Entendiste?- me pregunto con los ojos rojizos
            -Sí.-dije limpiando las lágrimas de mis mejillas
            -Entonces vamos haya, ya ha comenzado el evento. Todos se quedaran con la boca abierta.
Me sorprendía la rapidez con la cual Antonia lograba recuperarse. Hace unos momentos estaba al borde de llorar. Y ahora, estaba feliz. Siempre me gusta aprender de los demás, para ser una persona mejor de la que soy ahora, pero… a veces es demasiado difícil tratar de ser alguien que no soy, una persona fuerte.
*
           
Antonia ya se había adelantado, se lo había pedido porque necesitaba tomar aire, fueron aproximadamente unos 10 minutos sacando la cabeza de mi ventana.
Me dirigí a la sala principal, era tan enorme que pienso que más de 500 personas podrías estar ahí sin ninguna incomodidad. Mientras caminaba, sin querer golpee estampándome de frente  a un empleado, me di cuenta que había sido el mismo con el que me había topado ayer. El cabello café era diferente a muchos peinados que había visto y era fácil de recordar.
Era mucho más grande que yo, tanto que hasta me dio un poco de miedo, llevaba el traje habitual en todos los empleados. Pantalón negro, una camisa blanca y un chaleco negro con una flor en el bolsillo. Este al ver que me disculpe, me respondió con una sonrisa:
            -Discúlpeme señorita.
         -No, discúlpeme a mi caballero, ha sido mi culpa.- en realidad había sido mi culpa
            -Ni hablar, ha sido mi culpa.
            -No porque sea de la familia real, significa que no deba aceptar mis errores.- le respondí sin rodeos, al parecer aquel hombre era muy testarudo.
Lo que más me confundió fue cuando comenzó a reírse y se llevo su mano a la boca para que no saliera una carcajada. Después de unos segundos, dejo de reír, pero aun con una sonrisa en su rostro me dijo:
            -De acuerdo. Que sea un empate. Ha sido la culpa de ambos. Así que discúlpeme señorita.- haciendo una reverencia- y si acepta mis disculpas- tomando mi mano , eso me puso algo nerviosa- aceptare las suyas.
Asentí con la cabeza, pero reaccione que esa no era manera de responder, me había quedado paralizada.
         -Si, las acepto.
Ambos nos quedamos mirándonos por unos segundos, el sonreía, y yo… bueno yo no sabía que expresión tenia, pero me sentía sonrojada. Me di cuenta que aun estaba tomando mi mano, justo en ese momento la llevo a su boca y la beso.
            -De acuerdo, es hora de que me retire. Lady.- haciendo una reverencia y comenzó a caminar al lado contrario del pasillo. No voltee a verlo, solo escuche sus pasos. Me quede unos segundos en el mismo lugar, pero después reaccione y me dirigí a las escaleras.
Llegue hasta donde estaban las escaleras, había otras del lado derecho de la sala, y ambas llegaban a un descanso donde se desprendía una última escalera hacia el centro, me dio nervios el solo pensar que tenía que bajar, pero de repente alguien me toco mi hombro y me dijo al oído.
         -Bu.
No hice ningún movimiento, me quede sin habla y sin movimiento. Lo primero que pensé fue ``El intruso´´
            -Clarisse, si tienes miedo, puedo acompañarte.
Esa voz la conozco, era Teresa. Por un momento creí que había sido el intruso que había estado en la mansión. Voltee para apreciarla mejor, llevaba un vestido de color tinto, no era tan exagerado, ni ampón, solo era largo y un poco plisado, además tenía unos detalles de color dorado en el vestido, era de manga larga, llevaba guantes y mucho, pero mucho maquillaje, labial rojo y demasiado polvo, las pestañas alargadas y sombra roja, aretes de perla y un peinado con su cabello agarrado con unos adornos dorados en el cabello.
Coloco su brazo para que yo me tomara de él. Lo hice, en realidad me había sorprendido que no estuviera ``enojada´´ por no haber aceptado su oferta, pero creo que en realidad quería que hiciera lo que quería, a fin de cuentas, ella había pasado por lo mismo.
Fue lo que pensaba mientras bajábamos las escaleras, escuche como alguien anuncio mi llegada, ``¿Por qué?´´ fue lo que pensé. No me gustaba llamar la atención.
Al llegar al final de las escaleras, muchas personas comenzaron a acercarse, preguntando cosas, diciendo lo grande que estaba, sobre la boda, mi futuro marido, y algunas por negocios, ya que la unión de ambos reinos, nos convertiría en una gran potencia comercial.
Todas las mujeres llevaban vestidos ligeros, algunas ampones, los hombres traje, muchos tenían distinto tipo de camisa, de color o de terminado, la mayoría negro, azul marino y verde oscuro. Lo que más me sorprendió, era que el príncipe Alexander aun no había llegado, había escuchado comentarios que tenía un asunto por resolver, y por motivo aquel aun no había llegado, pero era seguro que vendría.
En la sala, había muchas mesas donde había comida de todo tipo, me acerque a ella, en realidad tenía mucha hambre. No había comido desde en la mañana. Pero, creo que de cierto modo, quería ver a aquel sirviente de nuevo.
Llegue a la mesa de la derecha, tenía muchas cosas, así que me acerque a tomar un plato, después acerque mi mano a unos panques que había, tenían cubierta glaseada, además también quería probar  un poco el pan francés que había en las charolas con relleno de queso. Solo pensarlo se me hacia agua la boca.
            -Espero que no sea un inconveniente con el corcel.
No aguante, lleve un panque a mi boca, para mi sorpresa, del plato a mi boca había desaparecido, me lo había quitado alguien. Voltee arrebatadamente, estaba furiosa, era Teresa.
            -Oye. ¿Porqué…?
            -Clarisse, querida. Engoradas si te comes todo eso.
         -Pero... tengo hambre.
Suspiro.
            -Bueno, qué más da. Es tu fiesta, disfrútala.
Me devolvió el panque, sentí que mi estomago se había puesto feliz, finalmente, lo lleve a la boca, pero de nuevo me lo arrebataron, voltee para decirle algo a la Tía Teresa, pero… para mi sorpresa. Era el. El empleado de cabello café, con el que me había topado hace unos minutos. No sabía si quedarme callada o enfadarme, ¿Cómo se atrevía a hacerme eso? No es que me sienta superior, pero él conoce mi puesto,  y él el  suyo, ¿No le teme a lo que puedan decir, o a las consecuencias? Se supone que se le debe guardar respeto a alguien de mi nivel.
            -¡Oye, devuélveme eso¡ Como se atreve…
Ambos escuchamos y volteamos hacia el lugar donde provenía la música, era movida, así que todos comenzaron a buscar una pareja, teníamos una costumbre extraña, en realidad, mi madre la había hecho por un capricho mío. Cada baile, la primera melodía a bailar se daban disfraces y antifaces para participar, antes pensaba que así era más divertido, aunque a Teresa no le agrado mucho que digamos.
Voltee debido a que tenía que seguir con el asunto anterior, pero ahora el tenia un saco largo de color negro y un antifaz, me coloco uno a mí, y después me tomo de la mano, sin preguntar me jalo a la pista de baile diciéndome:
            -Bailemos.
         -No le he respondido que si.- Le dije mientras me llevaba jalando.
            -Pero no ha respondido un no.
No pude detenerlo, llegamos a la pista de baile, uno de sus brazos rodeo mi cintura, hecho que hizo estremecerme y por instinto di un paso al frente, queriendo correr, el problema era que él estaba frente a mí y choque, quedando en su pecho, no sabía qué hacer, mi corazón comenzó a acelerarse. ¿Qué me está pasando?
Tomo mi mano con la que tenia libre, y comenzó a moverse al compás de la música, no tuve más opción que seguirlo. ¿En realidad no tenía más opción o en realidad quería hacerlo? Ya no quiero pensar, ya que estoy aquí le seguiré la corriente.
Comenzamos a bailar, me divertí muchísimo, el se reía igual que yo, no por burlarse, sino porque en realidad se la estaba pasando bien. Toda la canción duramos así, cuando por fin termino, como todos los caballeros hicieron a sus damas una reverencia, el también la hizo. Pero en ese momento escuche como se abrieron las puertas, anunciando la llegada del ´´Príncipe Alexander Basterra´´ para ser específicos.
Había volteado la mirada para observar su llegada, estaba muy bien vestido, hasta sospeche que por eso aun no había llegado. Llego con un traje blanco, zapatos negros, su cabello estaba más hermoso de lo usual, y llevaba una rosa ¡Esa rosa¡ Es idéntica a las que había recibido desde hace 3 días¡ No puedo creerlo. Algo en mi hizo que me sintiera, feliz. Feliz que el haya sido el que me mandaba esas rosas, esas rosas, a pesar de que no sabía quien había sido, me habían mantenido en pie en muchas ocasiones.
Parecía que buscaba a alguien entre la multitud que lo inundo ante su llegada, me imagine que era para decirle lo mismo que a mí, pero parecía aun desesperado por encontrar a alguien. Al encontrarse nuestras miradas, dejo de buscar. Era yo a quien él buscaba. Eso hizo que mi corazón palpitara rápidamente, al encontrarme, comenzó a acercarse a mí y a apartar a las personas en su camino. Llego a mí.
            -Hola- respondí instantáneamente, sentía mi cara hirviendo.
            -Hola Claire. Lamento la demora, pero ya estoy aquí contigo.
Sus palabras fueron tan dulces y su mirada transmitía tanto cariño que me contagio. Lo tome de la mano y le dije mirándolo a los ojos.
            -Gracias.
No se pudo continuar con la conversación puesto que llegaron mis Tíos, parecían algo enojados, diciéndole que ya era tiempo de anunciar el compromiso. El sin rodeos acepto, me tomo de la mano y nos dirigimos al descanso de las escaleras, donde todos podían verlos. La calidez de su mano me hizo sentir tranquila a pesar de la situación que tanto me había dado nervios llegar. No creí que solo al tomarme de la mano se arreglaría el asunto.
Hicieron un anuncio de que todos pusieran atención. Así comenzó todo.
No fue un anuncio más que nada, sino que fue la presentación de que el príncipe Alexander me pidiera ser su esposa. Cuando menos me lo espere, ya estaba frente a mí, estábamos frente uno del otro, después hinco una rodilla y la otra la mantuvo firme, el típico acomodo del novio al pedirme su mano a la novia. Del bolsillo saco una pequeña cajita, me sentía en un sueño, la coloco en sus manos, con una la sostuvo y con otra la abrió diciéndome:
-      Princesa Clarisse Lewrence. ¿Aceptaría ser mi esposa?
Sé que todos sabían la respuesta, hasta yo sabía la respuesta, esperar algo que ya sabes cómo ocurrirá no era nada emociónate, pero para mí, mi corazón casi explotaba, sentía como si me fuera a desmayar, como si esto fuera algo repentino.
            -Sí.
Al escuchar la respuesta, saco el anillo del estuche, y me coloco el anillo en el debido dedo, al recorrerlo hasta donde era debido, sentí que cada segundo que pasaba hacia que mi corazón latiera más rápidamente.
Al terminar, todos comenzaron a aplaudir, parecía que alguien les hubiera avisado a todos en qué momento hacerlo, porque lo hicieron demasiado sincronizados. El príncipe se levanto y me tomo de las manos. Me miro, llevo su mano a mi mejilla y la tomo, sin darme cuenta, llevo mi rostro a el suyo, y me beso, no hice ninguna resistencia, pero si me quede paralizada, escuche como las personas dejaron de aplaudir de repente, hasta vi como los Tíos, Angelina y los padres de Alexander, que estaban de frente unos de otros del lado derecho e izquierdo de nosotros respectivamente, parecía que esto no estaba planeado.
Aun no se despegaba de mí, sentía que ahora mi rostro estaba completamente rojo. Cuando por fin se despego de mi, note que no era la última sonrojada ahí. El también lo estaba. Hubo un momento de silencio, y después escuche que alguien comenzó a aplaudir. Era Angelina, pero parecía que nadie le seguiría la corriente, en seguida aplaudió Antonia, Marlene, y por fin los padres de Alexander, mis Tíos, y los demás. Me sentía menos… apenada.
Inmediatamente comenzó a sonar una melodía tranquila, todos comenzaron a tomar una pareja, note que Angelina tomo a un príncipe que estaba solo, los padres de Alex también se unieron, hasta mis Tíos entraron en el baile, al ver esto Alexander me extendió su mano:
            -¿Me concedes esta pieza?
         -Por supuesto.- le di mi mano.
El baile fue tranquilo, me sentía aun tibia por lo ocurrido. Comenzamos a bailar.
            -Perdón si fue algo… repentino lo que acaba de ocurrir.
Uh-Oh, el sonrojo ha vuelto. Baje la mirada para que no lo notara, al parecer el ya podía distinguir cuando me sonrojaba.
            -E… No… claro que no. En realidad... me gusto.
Escuche como se sorprendió, voltee a verlo, el también estaba sonrojado. Me hizo sonreír, el al notarlo también sonrió.
Al terminar de bailar, se despidió dándome un beso en la mano, dijo que tenía que irse porque había problemas en su palacio, no me quiso decir para no preocuparme. Cuando se fue, me sentí… sola. Se había vuelto una parte de mí.
*
El baile aun seguía, pero preferí salir a tomar un poco de aire, Salí por una gran puerta que salía a un corredor, este a unas escaleras y al jardín de la entrada, donde había una fuente y muchos arbustos. Me recargué en  el barandal, mire el jardín, y la luna, quería distraerme, el hecho de que se hubiera ido me hacía sentir incompleta.
            -Miau.
Esto me hizo asustarme, voltee, en el barandal caminando hacia mi estaba la pequeña gatita, tan tierna como siempre, esta se me acerco y comenzó a acercárseme, al llegar a mi brazo que estaba recargado comenzó a replegárseme, la acaricie.
            -Parece que me quieres animar.
Esta respondió con su típico Miau, aunque creo que quiso decir que sí.
            -Gracias.
Esta salto del barandal al suelo y comenzó a correr.
            -Eh, ¿a dónde vas? Si te ven te echarán de aquí.
Corrí tras ella, baje las escaleras, y se acerco a la fuente, después se dirigió a un arbusto y se escondió. Me acerque y agache al arbusto para sacarla de ahí, antes de que algún guardia, o peor Antonia, la encontrara  y la echará de aquí.
         -Ven pequeña gatita.
Abrí el arbusto, pero para mi sorpresa no estaba la gatita, unas manos se me acercaron y con un trapo me taparon la boca, intente forzarme, quitar las manos de mi, gritar por ayuda, pero de repente comencé… a sentir… sueño. Y caí.
Sentí como un hombre me metió en un costal, pero aun así dejo espacio para que pudiera respirar, veía todo borroso, comencé a escuchar todo en eco. Unos minutos después sentí como subimos a una carreta, iba a gran velocidad.
Alexander. Pensé.¡ Ayúdame¡ ¡Sálvame¡. Cuando menos pensé, ya estaba inconsciente.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario