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El Baile de Compromiso.
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o mejor que me paso en estas últimas horas fue bañarme. Lo demás fue
una completa tortura, no creí que verse bien costara tanto, tanto en productos
como en sufrimiento. Ya no sentía mi cabello como si fuera mío, el rostro no lo
sentía tan diferente, pero lo que más me incomodaba era el corcel y el vestido
tan enorme.
-Todo por la belleza.
Era lo que me respondía la chica que me estaba arreglando cuando me
quejaba o comenzaba a desesperarme por no poder respirar como de costumbre.
``Si estoy sufriendo así, tiene que
salir algo de esto´´. Pensé. Al terminar de arreglarme, ya
casi era hora del evento, escuchaba como los empleados ya se habían acomodado
para la entrada de todos los invitados, muchos eran exactamente puntuales,
algunos ya estaban adentro… y otros, pues llegaban a medio evento.
Escuchaba voces en el salón principal, a pesar de la lejanía del
lugar, los escuchaba como susurros en mi habitación, no podía distinguirlos
bien, ya que en mi habitación, todas las mujeres encargadas de hacerme lucir
bien, estaban haciendo comentarios, hacia mí.
-Te vez hermosa.
Una mujer de aproximadamente 30 años me hizo el comentario, a pesar de
su corta edad, tenía algunas arrugas y ojeras en sus ojos, tenía la piel
rasposa, lo supe porque me ayudo a bajar del banquito en el que estaba, no me
había mirado al espejo en las últimas horas.
Me dirigí al espejo grande que tenia a un costado de mi cama. Me quede
sin habla. El vestido que llevaba era de color lila, llevaba unas flores un
poco más oscuras que el tono general del vestido, además tenía brillos y
algunas capas sobre la tela principal, en la parte del vientre hasta el peto,
llevaba una de las causas que me impedía respirar con libertad, un fajo del
mismo color que las flores, me voltee para mirar la parte de atrás, un gran
moño se encontraba en mi espalda, además, en la parte de atrás del vestido,
había gran cantidad de holanes y unos arrastraban un poco más atrás de donde
terminaba el vestido. Tenía unos pequeños y delicados detalles en las orillas,
tanto de arriba como de abajo.
El vestido era strapless, pero tenía unos pequeños tirantes desde el
centro de donde terminaba el vestido, y lo convertía como en un collar
conectado a mi vestido, los tirantes también estaban adornados con pequeños
cristales, esto se me hizo algo
exagerado.
Mi cabello estaba recogido, aunque caía una parte en mi hombro
derecho, mi rostro estaba maquillado con un color más claro, pestañas
resaltadas, sombras blancas con lila, hacían que mis ojos se vieran más grandes
y vivos, y un color rosado a mis labios. Tenía mis mejillas de un color rojizo.
Levante mi vestido, llevaba zapatillas de tacón, hasta los zapatos,
que ni siquiera se lograban notar, tenían infinidad de detalles y adornos.
En términos generales… no parecía yo.
Escuche que alguien abrió la puerta, voltee por instinto.
Mire a Antonia, algo agitada, pero al verme, se quedo quieta, en
silencio, calmada. Hizo una cara de sorpresa y algo de alegría.
-¡Claire… te vez hermosísima¡
Todas las demás mujeres comenzaron a hacer comentarios como ``te lo
dije´´ o ``lo logramos´´, algunas eran
entre ellas, y otras eran dirigidas a mí. Me quede en silencio.
-Claro…
Al parecer no notaron la forma en la que respondí, aun seguían metidas
en sus líos. Antonia se me acerco, me tomo de la mano y me dio una vuelta para
observarme completamente.
-Los invitados se quedaran impactados.
-Y lo que menos quiero es llamar la atención.
-¿Como no vas a llamar la atención? Eres el evento principal Claire… tú
te vas a…
La interrumpí.
-¡Lo sé¡
No me di cuenta que había gritado, todas las voces a mi alrededor
habían cesado, mire las caras asustadas de las mujeres, sin habla. Antonia les
hizo una señal con la cabeza y en pocos segundos, solo ella y yo estábamos en
la habitación.
Con una voz baja y serena me pregunto.
-¿Qué te ocurre Claire?
No pude evitar soltar unas lágrimas, pero recordé que si lloraba, el
esfuerzo de todas seria en vano.
-No lo sé… eso solo que… CREI que ya me había preparado, mentalmente
para lo que ocurrirá hoy. Pero… tengo miedo.-No pude evitar que esta ultima
oración se me quebrara la voz.
Antonia se me acerco y me abrazo. Gracias a dios que lo hizo, si no lo
hubiera hecho tal vez hubiera caído al suelo. No podía sostenerme en pie. Este
sentimiento, pensamiento que habia tenido mientras me arreglaban, me había
inundado por completo. ¿Y si fallo? Todos los que creen en mi; Antonia,
Marlene, Los Tíos, Ángela… el reino entero. ¿Los decepcionare? No puedo llevar
en mi espalda tal carga, no la soportaría mucho tiempo.
Sentía que en vez de sostenerme a mí misma, Antonia lo hacía por mí.
-Se
lo que piensas.
Me dijo Antonia como si ya se lo hubiera esperado.
-Si no confías en ti, todo saldrá como lo imaginas.
Siempre me sorprendía lo acertada que era Antonia al adivinar mis
pensamientos. No, no los adivinaba, al parecer era demasiado predecible.
-Puedes llegar a ser alguien grande, que ni siquiera puedes imaginar.
El problema es que tu no lo crees así… con perseverancia todo se logra.
-Tengo
miedo.
Me abrazo más fuerte, parecía que el mismo miedo lo hubiera
experimentado ella a través de mi. Pero después me soltó, y me pellizco la
mejilla.
-Además, nunca estarás sola ¿Entendiste?- me pregunto con los ojos
rojizos
-Sí.-dije limpiando las lágrimas de mis mejillas
-Entonces vamos haya, ya ha comenzado el evento. Todos se quedaran con
la boca abierta.
Me sorprendía la rapidez con la cual Antonia lograba recuperarse. Hace
unos momentos estaba al borde de llorar. Y ahora, estaba feliz. Siempre me
gusta aprender de los demás, para ser una persona mejor de la que soy ahora,
pero… a veces es demasiado difícil tratar de ser alguien que no soy, una
persona fuerte.
*
Antonia ya se había adelantado, se lo había pedido porque necesitaba
tomar aire, fueron aproximadamente unos 10 minutos sacando la cabeza de mi
ventana.
Me dirigí a la sala principal, era tan enorme que pienso que más de
500 personas podrías estar ahí sin ninguna incomodidad. Mientras caminaba, sin
querer golpee estampándome de frente a
un empleado, me di cuenta que había sido el mismo con el que me había topado
ayer. El cabello café era diferente a muchos peinados que había visto y era
fácil de recordar.
Era mucho más grande que yo, tanto que hasta me dio un poco de miedo,
llevaba el traje habitual en todos los empleados. Pantalón negro, una camisa
blanca y un chaleco negro con una flor en el bolsillo. Este al ver que me
disculpe, me respondió con una sonrisa:
-Discúlpeme señorita.
-No,
discúlpeme a mi caballero, ha sido mi culpa.- en realidad
había sido mi culpa
-Ni hablar, ha sido mi culpa.
-No porque sea de la familia real, significa que no deba aceptar mis
errores.- le respondí sin rodeos, al parecer aquel hombre era muy
testarudo.
Lo que más me confundió fue cuando comenzó a reírse y se llevo su mano
a la boca para que no saliera una carcajada. Después de unos segundos, dejo de
reír, pero aun con una sonrisa en su rostro me dijo:
-De acuerdo. Que sea un empate. Ha sido la culpa de ambos. Así que
discúlpeme señorita.- haciendo una reverencia- y si acepta mis disculpas- tomando mi mano , eso me puso algo
nerviosa- aceptare las suyas.
Asentí con la cabeza, pero reaccione que esa no era manera de
responder, me había quedado paralizada.
-Si,
las acepto.
Ambos nos quedamos mirándonos por unos segundos, el sonreía, y yo…
bueno yo no sabía que expresión tenia, pero me sentía sonrojada. Me di cuenta
que aun estaba tomando mi mano, justo en ese momento la llevo a su boca y la
beso.
-De acuerdo, es hora de que me retire. Lady.- haciendo una
reverencia y comenzó a caminar al lado contrario del pasillo. No voltee a
verlo, solo escuche sus pasos. Me quede unos segundos en el mismo lugar, pero
después reaccione y me dirigí a las escaleras.
Llegue hasta donde estaban las escaleras, había otras del lado derecho
de la sala, y ambas llegaban a un descanso donde se desprendía una última escalera
hacia el centro, me dio nervios el solo pensar que tenía que bajar, pero de
repente alguien me toco mi hombro y me dijo al oído.
-Bu.
No hice ningún movimiento, me quede sin habla y sin movimiento. Lo
primero que pensé fue ``El intruso´´
-Clarisse, si tienes miedo, puedo acompañarte.
Esa voz la conozco, era Teresa. Por un momento creí que había sido el
intruso que había estado en la mansión. Voltee para apreciarla mejor, llevaba
un vestido de color tinto, no era tan exagerado, ni ampón, solo era largo y un
poco plisado, además tenía unos detalles de color dorado en el vestido, era de
manga larga, llevaba guantes y mucho, pero mucho maquillaje, labial rojo y
demasiado polvo, las pestañas alargadas y sombra roja, aretes de perla y un
peinado con su cabello agarrado con unos adornos dorados en el cabello.
Coloco su brazo para que yo me tomara de él. Lo hice, en realidad me había
sorprendido que no estuviera ``enojada´´ por no haber aceptado su oferta, pero
creo que en realidad quería que hiciera lo que quería, a fin de cuentas, ella había
pasado por lo mismo.
Fue lo que pensaba mientras bajábamos las escaleras, escuche como
alguien anuncio mi llegada, ``¿Por qué?´´ fue lo que pensé. No me gustaba
llamar la atención.
Al llegar al final de las escaleras, muchas personas comenzaron a
acercarse, preguntando cosas, diciendo lo grande que estaba, sobre la boda, mi
futuro marido, y algunas por negocios, ya que la unión de ambos reinos, nos convertiría
en una gran potencia comercial.
Todas las mujeres llevaban vestidos ligeros, algunas ampones, los
hombres traje, muchos tenían distinto tipo de camisa, de color o de terminado,
la mayoría negro, azul marino y verde oscuro. Lo que más me sorprendió, era que
el príncipe Alexander aun no había llegado, había escuchado comentarios que
tenía un asunto por resolver, y por motivo aquel aun no había llegado, pero era
seguro que vendría.
En la sala, había muchas mesas donde había comida de todo tipo, me
acerque a ella, en realidad tenía mucha hambre. No había comido desde en la
mañana. Pero, creo que de cierto modo, quería ver a aquel sirviente de nuevo.
Llegue a la mesa de la derecha, tenía muchas cosas, así que me acerque
a tomar un plato, después acerque mi mano a unos panques que había, tenían
cubierta glaseada, además también quería probar un poco el pan francés que había en las
charolas con relleno de queso. Solo pensarlo se me hacia agua la boca.
-Espero que no sea un inconveniente con el corcel.
No aguante, lleve un panque a mi boca, para mi sorpresa, del plato a
mi boca había desaparecido, me lo había quitado alguien. Voltee
arrebatadamente, estaba furiosa, era Teresa.
-Oye. ¿Porqué…?
-Clarisse, querida. Engoradas si te comes todo eso.
-Pero...
tengo hambre.
Suspiro.
-Bueno, qué más da. Es tu fiesta, disfrútala.
Me devolvió el panque, sentí que mi estomago se había puesto feliz,
finalmente, lo lleve a la boca, pero de nuevo me lo arrebataron, voltee para
decirle algo a la Tía Teresa, pero… para mi sorpresa. Era el. El empleado de
cabello café, con el que me había topado hace unos minutos. No sabía si
quedarme callada o enfadarme, ¿Cómo se atrevía a hacerme eso? No es que me
sienta superior, pero él conoce mi puesto,
y él el suyo, ¿No le teme a lo
que puedan decir, o a las consecuencias? Se supone que se le debe guardar
respeto a alguien de mi nivel.
-¡Oye, devuélveme eso¡ Como se atreve…
Ambos escuchamos y volteamos hacia el lugar donde provenía la música,
era movida, así que todos comenzaron a buscar una pareja, teníamos una
costumbre extraña, en realidad, mi madre la había hecho por un capricho mío.
Cada baile, la primera melodía a bailar se daban disfraces y antifaces para
participar, antes pensaba que así era más divertido, aunque a Teresa no le
agrado mucho que digamos.
Voltee debido a que tenía que seguir con el asunto anterior, pero
ahora el tenia un saco largo de color negro y un antifaz, me coloco uno a mí, y
después me tomo de la mano, sin preguntar me jalo a la pista de baile
diciéndome:
-Bailemos.
-No
le he respondido que si.- Le dije mientras me llevaba jalando.
-Pero no ha respondido un no.
No pude detenerlo, llegamos a la pista de baile, uno de sus brazos
rodeo mi cintura, hecho que hizo estremecerme y por instinto di un paso al
frente, queriendo correr, el problema era que él estaba frente a mí y choque,
quedando en su pecho, no sabía qué hacer, mi corazón comenzó a acelerarse. ¿Qué
me está pasando?
Tomo mi mano con la que tenia libre, y comenzó a moverse al compás de
la música, no tuve más opción que seguirlo. ¿En realidad no tenía más opción o
en realidad quería hacerlo? Ya no quiero pensar, ya que estoy aquí le seguiré
la corriente.
Comenzamos a bailar, me divertí muchísimo, el se reía igual que yo, no
por burlarse, sino porque en realidad se la estaba pasando bien. Toda la
canción duramos así, cuando por fin termino, como todos los caballeros hicieron
a sus damas una reverencia, el también la hizo. Pero en ese momento escuche
como se abrieron las puertas, anunciando la llegada del ´´Príncipe Alexander Basterra´´
para ser específicos.
Había volteado la mirada para observar su llegada, estaba muy bien
vestido, hasta sospeche que por eso aun no había llegado. Llego con un traje
blanco, zapatos negros, su cabello estaba más hermoso de lo usual, y llevaba
una rosa ¡Esa rosa¡ Es idéntica a las que había recibido desde hace 3 días¡ No
puedo creerlo. Algo en mi hizo que me sintiera, feliz. Feliz que el haya sido
el que me mandaba esas rosas, esas rosas, a pesar de que no sabía quien había
sido, me habían mantenido en pie en muchas ocasiones.
Parecía que buscaba a alguien entre la multitud que lo inundo ante su
llegada, me imagine que era para decirle lo mismo que a mí, pero parecía aun
desesperado por encontrar a alguien. Al encontrarse nuestras miradas, dejo de
buscar. Era yo a quien él buscaba. Eso hizo que mi corazón palpitara
rápidamente, al encontrarme, comenzó a acercarse a mí y a apartar a las personas
en su camino. Llego a mí.
-Hola- respondí instantáneamente, sentía mi cara hirviendo.
-Hola Claire. Lamento la demora, pero ya estoy aquí contigo.
Sus palabras fueron tan dulces y su mirada transmitía tanto cariño que
me contagio. Lo tome de la mano y le dije mirándolo a los ojos.
-Gracias.
No se pudo continuar con la conversación puesto que llegaron mis Tíos,
parecían algo enojados, diciéndole que ya era tiempo de anunciar el compromiso.
El sin rodeos acepto, me tomo de la mano y nos dirigimos al descanso de las
escaleras, donde todos podían verlos. La calidez de su mano me hizo sentir
tranquila a pesar de la situación que tanto me había dado nervios llegar. No
creí que solo al tomarme de la mano se arreglaría el asunto.
Hicieron un anuncio de que todos pusieran atención. Así comenzó todo.
No fue un anuncio más que nada, sino que fue la presentación de que el
príncipe Alexander me pidiera ser su esposa. Cuando menos me lo espere, ya
estaba frente a mí, estábamos frente uno del otro, después hinco una rodilla y
la otra la mantuvo firme, el típico acomodo del novio al pedirme su mano a la
novia. Del bolsillo saco una pequeña cajita, me sentía en un sueño, la coloco
en sus manos, con una la sostuvo y con otra la abrió diciéndome:
- Princesa Clarisse Lewrence. ¿Aceptaría
ser mi esposa?
Sé que todos sabían la respuesta, hasta yo sabía la respuesta, esperar
algo que ya sabes cómo ocurrirá no era nada emociónate, pero para mí, mi
corazón casi explotaba, sentía como si me fuera a desmayar, como si esto fuera
algo repentino.
-Sí.
Al escuchar la respuesta, saco el anillo del estuche, y me coloco el
anillo en el debido dedo, al recorrerlo hasta donde era debido, sentí que cada
segundo que pasaba hacia que mi corazón latiera más rápidamente.
Al terminar, todos comenzaron a aplaudir, parecía que alguien les
hubiera avisado a todos en qué momento hacerlo, porque lo hicieron demasiado
sincronizados. El príncipe se levanto y me tomo de las manos. Me miro, llevo su
mano a mi mejilla y la tomo, sin darme cuenta, llevo mi rostro a el suyo, y me
beso, no hice ninguna resistencia, pero si me quede paralizada, escuche como
las personas dejaron de aplaudir de repente, hasta vi como los Tíos, Angelina y
los padres de Alexander, que estaban de frente unos de otros del lado derecho e
izquierdo de nosotros respectivamente, parecía que esto no estaba planeado.
Aun no se despegaba de mí, sentía que ahora mi rostro estaba
completamente rojo. Cuando por fin se despego de mi, note que no era la última
sonrojada ahí. El también lo estaba. Hubo un momento de silencio, y después
escuche que alguien comenzó a aplaudir. Era Angelina, pero parecía que nadie le
seguiría la corriente, en seguida aplaudió Antonia, Marlene, y por fin los
padres de Alexander, mis Tíos, y los demás. Me sentía menos… apenada.
Inmediatamente comenzó a sonar una melodía tranquila, todos comenzaron
a tomar una pareja, note que Angelina tomo a un príncipe que estaba solo, los
padres de Alex también se unieron, hasta mis Tíos entraron en el baile, al ver
esto Alexander me extendió su mano:
-¿Me concedes esta pieza?
-Por
supuesto.- le di mi mano.
El baile fue tranquilo, me sentía aun tibia por lo ocurrido.
Comenzamos a bailar.
-Perdón si fue algo… repentino lo que acaba de ocurrir.
Uh-Oh, el sonrojo ha vuelto. Baje la mirada para que no lo notara, al
parecer el ya podía distinguir cuando me sonrojaba.
-E… No… claro que no. En realidad... me gusto.
Escuche como se sorprendió, voltee a verlo, el también estaba
sonrojado. Me hizo sonreír, el al notarlo también sonrió.
Al terminar de bailar, se despidió dándome un beso en la mano, dijo
que tenía que irse porque había problemas en su palacio, no me quiso decir para
no preocuparme. Cuando se fue, me sentí… sola. Se había vuelto una parte de mí.
*
El baile aun seguía, pero preferí salir a tomar un poco de aire, Salí
por una gran puerta que salía a un corredor, este a unas escaleras y al jardín
de la entrada, donde había una fuente y muchos arbustos. Me recargué en el barandal, mire el jardín, y la luna,
quería distraerme, el hecho de que se hubiera ido me hacía sentir incompleta.
-Miau.
Esto me hizo asustarme, voltee, en el barandal caminando hacia mi
estaba la pequeña gatita, tan tierna como siempre, esta se me acerco y comenzó
a acercárseme, al llegar a mi brazo que estaba recargado comenzó a replegárseme,
la acaricie.
-Parece que me quieres animar.
Esta respondió con su típico Miau, aunque creo que quiso decir que sí.
-Gracias.
Esta salto del barandal al suelo y comenzó a correr.
-Eh, ¿a dónde vas? Si te ven te echarán de aquí.
Corrí tras ella, baje las escaleras, y se acerco a la fuente, después
se dirigió a un arbusto y se escondió. Me acerque y agache al arbusto para
sacarla de ahí, antes de que algún guardia, o peor Antonia, la encontrara y la echará de aquí.
-Ven
pequeña gatita.
Abrí el arbusto, pero para mi sorpresa no estaba la gatita, unas manos
se me acercaron y con un trapo me taparon la boca, intente forzarme, quitar las
manos de mi, gritar por ayuda, pero de repente comencé… a sentir… sueño. Y caí.
Sentí como un hombre me metió en un costal, pero aun así dejo espacio
para que pudiera respirar, veía todo borroso, comencé a escuchar todo en eco.
Unos minutos después sentí como subimos a una carreta, iba a gran velocidad.
Alexander. Pensé.¡ Ayúdame¡ ¡Sálvame¡. Cuando menos pensé, ya estaba
inconsciente.
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