|
E
|
stos últimos días, lo único que recuerdo es que
corría, corría sin dirección alguna, las paredes frías y metálicas no me
proporcionaban nada de calor ni protección al viento frío, cada que encontraba
un lugar donde refugiarme, tendía a seguir huyendo, a pesar del cansancio, de
las condiciones, era correr o morir. Así transcurrieron varios días.
Ahora ya no importa, me he dado cuenta que con su
muerte todos se beneficiarían, y tal vez con eso evitaría que algo malo
ocurriera. He perdido la mayoría de mis recuerdos, ni siquiera recuerdo mi nombre; la lluvia, el frío y la oscuridad poco a poco habían borrado cualquier
recuerdo de mi cabeza, excepto el que más anhelaba olvidar, el motivo por el
que huía.
Ahora, ya no sentía frio, ni dolor, el cuerpo se me había entumecido de tal manera que
solo caminaba por el impulso de lo que
había hecho estos últimos días, la vista se borraba cada vez más, algunas lagrimas
recorrían mi rostro, estas lagrimas eran tan dolorosas como si fuera sangre,
como si quemaran, el dolor era inmenso e insoportable, las piernas y brazos
temblaban sin control, no podían mantenerla en pie, y después caí, caí en un punto sin retorno.
Se dio cuenta
que mi cuerpo tampoco podía continuar con ello, me di cuenta que llegaría el
momento en el que moriría, no podía ni desviar la vista, veía el final del
callejón, oscuro, solo me iluminaba una luz débil de una lámpara publica en
aquella esquina, el suelo estaba hecho de un material frio y duro, además,
estaba húmedo por la fuerte lluvia que la acechaba ese día, escucho en eco como
una persona caminaba por la calle, lentamente, aunque su muerte no fuera dolorosa,
sintió como cada paso de aquel ser hacia que mi penar fuera más duradero, más
doloroso.
De repente esa persona se percato de mi persona, de lo que me estaba
ocurriendo, aunque eso ya no importaba, no había manera de salvarla, así que se
resigno a su destino y cerró los ojos, esperando algo que no había pensado que
sería tan tentador, la muerte.
Lo único que escucho fueron los pasos apresurados sobre
los charcos de agua que le rodeaban, corría hacia mi cuerpo, la lluvia hacia un
fondo triste y desesperado a la escena, por un segundo sintió que la sostuvo en
sus brazos, eran cálidos y le pareció reconfortante en ese momento, le pedía
que reaccionara desesperadamente, abrí los ojos, no podía ver bien, sacudía el
cuerpo débil de la chica, como el de una
muñeca de trapo con mucha fuerza, mi voz comenzó a hacerse más débil, más
lejana, mas aun cuando comencé a cerrar los ojos, no podía mantenerme así, lo único que
quería era descansar de aquel martirio.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario