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AYUDAR AL ENEMIGO
Desperté en
un momento que no sabía si era correcto o no, ni siquiera podía recordar bien
lo que había ocurrido, el simple hecho de sentirme aturdida, débil y en el
suelo, me hacía pensar que no era algo bueno.
Poco a poco,
mientras me reincorporaba, desesperación estuvo a mi alcance cuando sentí que
algo me cubría el rostro, cegándome por completo de la vista clara del paisaje.
En realidad, no veía más que luz a través de esto que me impedía ver a mi
alrededor, mientras recobraba la conciencia y unos recuerdos de lo que había
ocurrido comenzaban a regresar a mi memoria, me levante de golpe, mirando el
trapo blanco que cubría mi rostro, retirándolo de manera brusca y agresiva por
la desesperación de saber lo que ocurría.
No era algo
sorprendente ver donde me encontraba, en realidad eso esperaba. Era el mismo
claro donde había estado la noche anterior. Solamente que ahora no tenía la
misma vista hermosa, curiosa y misteriosa de un rayo de luz en medio de la
oscuridad, ya que ahora todo parecía estar encandilado con los rayos de una
mañana tan soleada como la actual. Pero, en realidad simplemente había luz,
casi calor nulo se traspasaba por las densas nubes a los habitantes del pueblo,
la primera nevada estaba cerca.
Sentada en
el suelo, en el pasto fino y delgado, pequeño para estar en una zona
deshabitada y descuidada como para estar en perfecta condición y estética; mire
mis manos, las cuales aún poseían sangre en la misma. Simplemente pensar que
tirada en el suelo, cubriendo aquello mi rostro no me alivio del todo saberlo,
más que nada me dio un escalofrío que recorrió de pies, por toda mi espalda
hasta la punta de mis cabellos.
Expandí el
trapo delicadamente mientras admiraba las manchas de sangre en el mismo, este
tinte tan característico de sufrimiento y dolor me hizo recordar más detalles
de la noche anterior.
El chico
herido.
Además,
mirar despistadamente y curiosa mis manos manchadas de la misma sangre y con la
tonalidad verde, me hizo unir más rápidamente todo lo que había ocurrido.
Me sentí por
completo indefensa. Tenía frio a pesar de ser mañana, aunque no comparado con
el de anoche. Aunque no hubiese recordado, una sensación de no haber disfrutado
dormir la noche anterior seguía vigente esta mañana.
Sentada,
mirando mi regazo con desdén, confusión y falta de ganas, suspire al momento
que miraba hacia mi izquierda. Parecía que ya no estaba ahí, era señal de que
había podido irse.
Al girar mi
cuello, sentí el dolor. Un dolor pequeño,
pero significativo. Ahora que lo recordaba… ¿Por qué había hecho aquello?
Simplemente lleve mis manos a mi cuello y acaricie delicadamente donde él había
puesto sus manos, siguiendo el camino del recuerdo tome mi mejilla y la recorrí
al cuello, dirigí mis dedos hacia donde tenía el dolor más concentrado, dándome
cuenta que era en la parte trasera de mi cuello…lo había hecho con la intención
de dejarme inconsciente.
Al menos…no
había hecho nada que me afectara. Ahora…creo que la deuda esta cobrada.
Moví un poco
mi cuello mientras me levantaba lentamente, aún seguía adolorida de la paliza,
pero creo que al menos podría estar en el pueblo esta mañana, no tenía nada que
perder, al menos eso creía yo.
Aunque,
mientras caminaba y el humo negro proveniente del pueblo no me dejo ningún buen
sabor de boca, me hubiera encantado que hubiera sido de la parte del fondo del
pueblo, pero lo peor es que provenía del noroeste del pueblo.
—¿Puede
ser que?... —fue lo único que pude articular, una cuestión que
temía que fuera real, que hubiera ocurrido algo en el pueblo, que el causante
hubiera sido aquel hombre que había salvado, que hubiera tratado con un asesino
que simplemente pareció perdonarme la vida.
Todo esto
cada vez me parecía más tétrico, más increíble de creer, pero no en el buen
sentido. De pronto, lo peor se graficó en mi mente, creando un impulso de mi
parte a correr despavorida por el bosque, evitando desesperadamente las ramas,
rocas, raíces que se interpusieran entre mi destino y yo.
Temía lo
peor, temía por mi prójimo, temía por la anciana.
Pero..¿Qué
posibilidades había que a ella la hubiesen…? No, no podía ni pensarlo, debía
estar segura de que nada había ocurrido. Aunque pensando en la mala fortuna que
me seguía desde pequeña, me hacía dudar de mi propio reconforte personal.
***
El pueblo
parecía que estaba hundido en caos, al haber llegado al mismo, todo el mercado
que pudo haber sido la fiesta de bienvenida donde los fuegos artificiales
habían sido la mayor atracción; ahora estaba repleto de gente desesperada,
muchas estaban en la calle hablando en voz alta sobre un evento de la noche
anterior que no había presenciado.
A cada paso,
a cada mirada y susurro que se presentaba en los labios de las personas me
hacían entrar en preocupación cada vez más, cada vez mayor y mucho más
frustrante.
Apresure el
paso mientras miraba como varios soldados, los soldados que habían regresado
victoriosos, ahora yacían en las orillas de los hogares, con vendas, sangrando,
heridos, débiles.
¿Qué
demonios había pasado aquí?
El humo se
disipaba de varios hogares, trate de no mirar donde no me incumbía, y procurar
llegar a mi destino. Debía asegurarme de que se encontraba bien.
No podía
asegurar que lo que veía era real, cada paso que daba parecía mostrar un terror
sobre lo que había pasado, incluso había llegado a muertes, no cabía duda,
habían atacado el pueblo los guerreros de las tierras que habían conquistado.
Pero…
¿Asesinar personas inocentes? No cabía duda que ahora nadie estaba a salvo de
esto.
Mi mirada
perdida y distraída, mientras estaba en dos partes al mismo tiempo dentro de mi
mente, trataba de saber y figurar lo que había pasado, tratando de omitir
ciertas cosas que no fueran…necesarias para comprender todo aquello.
Lloriqueo,
no parecía que era tan tarde, el sol estaba en un punto que parecía que era
madrugada, puede que las 8:00 am aproximadamente.
Camine
derecho, por el camino lleno de piedra, di vuelta a mano derecha donde se
encontraba el árbol frondoso del pueblo y, ahí, encontré la casa de la anciana.
En realidad me sentí aliviada por el hecho de que no parecía estarse quemando,
ni siquiera algo roto ni…
Mis ojos se
abrieron de par en par, mi corazón se aceleró, mi presión al mismo tiempo se
detuvo, como si hubiera sufrido un paro cardiaco.
Había…demasiada
gente fuera de ese lugar, además aquella mujer, la hija de la anciana derrama
lagrimas… ¿A caso el nuero de la anciana ha muerto en batalla?...si, debe ser
eso.
Como alma en
pena camine con ojos desorbitados a la escena, pero las personas que parecían
pilares en la entrada, comentando sobre lo horrible que había sido esa
desgracia para la familia, el cómo se había atrevido a hacer algo similar.
Cada vez me
sentía más asfixiada, las lágrimas brotaron al instante de mis ojos,
cristalizando todo mi paisaje, tratando de no caer por la vista nublada.
Gire y comencé a buscar una entrada por algún otro
lado, debía…¡Debía estar segura¡ No podía ser ella, además ¡¿Quien estaría
interesado en una anciana vieja y fea como ella?¡
Mire
desesperadamente la ventana del segundo piso, no estaba muy alto, además, de
algo habían servido las plantas que corrían por todo el muro, sostenidas por
hilos, los cuales yo misma había sujetado a petición de la anciana.
Escale
mientras subia un pie en los huecos pequeños del muro, sosteniéndome de los
mismos hilos que había colago hace poco. El pecho parecía que explotaría,
sentía que de pronto su corazón ya no bombearía sangre. Todo fue demasiado
rápido, sin darse cuenta se había raspado las rodillas, más de lo que lo haría
en unos cuantos pedidos de entrega en la tienda de su madre.
Llegando a
la ventana principal del segundo o tal vez tercer piso, noto que la misma
estaba abierta, lo cual le facilito me facilito el acceso a la misma. Con
trabajo logre subir mis brazos para poder elevar todo mi cuerpo y atravesar la
ventana.
Estando ya
dentro, estaba todo oscuro, a pesar de que era muy de mañana y la luz por la
ventaba podría iluminar el vacío del cuarto, había algo más que creaba un
escenario tétrico y tenebroso en el aire.
Al comenzar
a caminar hacia donde quiera que iria, simplemente quería buscar a la anciana,
quería creer algo opuesto a lo que pensaba, siempre pensaba en lo peor, puesto
que si después de que todo hubiera pasado y hubiera sido algo triste y malo, no
me decepcionaría demasiado, era las ventajas de ser pesimista, que al darte
cuenta de la realidad no te llegaba como una bofetada en el rostro.
Corriendo
desesperadamente por los pasillos, a travez de la gran casa de la anciana; esta
era madre de uno de los soldados que iban a lucha en campo abierto,
conquistando tierras para nuestro señor. Entre comillas.
Pero la
anciana nunca estuvo de acuerdo, ni la esposa del hijo, pero en fin, pocas
veces la visitaban por el mismo motivo de que parecía estar en contra de su
país, de su propia sangre. Era uno de los motivos por los cuales la anciana me
aceptaba felizmente en su hogar cada que le entregaba un pedido de comida para
toda la semana.
—Donde
rayos se metió…—susurre para mí misma mientras continuaba caminando
por los pasillos, abría de golpe las puertas corredizas una tras otra, buscando
la presencia de la persona que tanto anhelaba ver a salvo.
—No…—dije
mientras abría una puerta corrediza y encontraba no más que escombros del
pasado de la anciana, lámparas, fotografías, vestidos viejos.
—No…—agregue
mientras abría otra de las puertas del segundo piso y veía la habitación de la
mujer.
Continúe con
mi búsqueda cuando, de pronto, note que una de las puertas no estaba cerrada
como las demás, al contrario, abiertas de par en par como si simbolizara que
algo se encontraba ahí.
Con mis pies
temblorosos me acerque lentamente, trague saliva mientras trataba de
tranquilizar mi corazón, pero me era imposible, tenía miedo de lo que podría
ver.
El silencio
predominaba, los pasos en el tatami parecía algo nefasto, el ruido me pareció
una molestia, llegando a la puerta de la
habitación, rodeada de telas, máquinas para tejes y demás, se encontraba la
anciana, sentada tranquilamente en una silla.
—Anciana…¿Dónde
se había metido?... —cuestione a mi receptora, pero, en cambio, en vez de
recibir una respuesta de ella, el silencio parecio darme una estacada , justo
donde se encontraba mi esperanza.
—Anciana…¿Qué…?—permanecí
en silencio.
Corrí de
pronto hacia ella, me acerque a su nariz, acercando mi oído al mismo para poder
saber si seguía respirando, pero, al momento de acercarme y recargar mis manos
en las recargaderas de la silla, sentí que mis manos se habían humedecido, no
era el sudor de las manos, era algo más …
Levante mis
manos poco a poco, tratando de ver lo que era por el reflejo de la luz que
atravesaba la ventana trasera a nosotros que, a pesar de tener una cortina ahí
parecía permitir el paso de luz.
Rojo…rojo
intenso.
—¡Anciana,
despierte¡ —exclame mientras la tomaba de los hombros y la
sacudía de adelante hacia atrás, tratando de hacer que reaccionara. Incluso ya
no veía bien, la luz no era buena, tampoco ayudaba que mi vista se nublara.
—Porfavor—dije
ahorcándome en mis propias lagrimas mientras comenzaba a caer rendida poco a
poco, quedando recostado mi rostro en su regazo, llorando me mantuve así por
unos segundos. Sin saber qué hacer. Más que nada, ahora sentía que todo lo que
estaba a mi alrededor se iba a la Mierda.
No quería
que nada pasara de nuevo. Era independiente, pero por un simple momento de
egoísmo, de querer que alguien me quisiera de alguna forma u otra, refugiándome
en ella hice que cavara su propia tumba. Al menos tenía la idea de que todo
esto había sido obra de Ryu. No podía haber nadie más despiadado que él.
Continúe
llorando mientras seguía lamentándome.
—Shir…—
Levantándome
de golpe mientras abría los ojos como plato, me gire hacia la anciana, que el
rostro no le había visto, puesto que la oscuridad era demasiado densa y contra
apenas podría ver donde caminaba.
Limpiándome
los fluidos que salían de mi nariz y las lágrimas que caían de mis ojos, me
reincorpore tratando de aparentar la tristeza que me inundaba, simplemente
recobrando la esperanza que hace unos segundos había dado por muerta.
—Anciana…N..no
hable, ahora mismo ire por ayuda—me levante
de golpe para poder correr desesperadamente hacia afuera en busca de alguien
que me ayudara, que la ayudara, estaba sangrando, sabia que no era para nada
buena señal, terminando dejarme llevar por los sentimientos, fueron
interrumpidos antes de emprender vuelo por la anciana, quien me había tomado la
mano con una fuerza quejamas había sentido por parte de ella, debido a su edad
parecía frágil y débil, pero parecía que había conseguido, a pesar de estar
lastimada a punto de la muerte; una fuerza divina para detenerme.
Me miro,
entrecerró los ojos y sonrió dulcemente como todos los días lo hacía cuando me
veía pasar por la calle.
—¿P…podrias
…seguir regando esa planta Shirane? —dijo con
tanta tranquilidad y como si fuera algo usual, como si el día siguiente
estuviese bien, coleando por su casa y esperando a que llegara con su pedido.
¿Cómo podía
pensar en algo así en ese momento?
—Claro
que…—mire fijamente a la anciana que continuaba
sonriendo, esa sonrisa solamente la había visto hacia mí, no es que sea egoísta
ni me sobrevalore, pero nunca había visto una sonrisa tan sincera por parte de
ella , al mismo tiempo tenía un toque de pena y tristeza, pero esta sonrisa…me
dijo algo más.
Sin embargo,
sus ojos no se movieron, ni la siguieron, permanecieron fríos y fijos hacia una
dirección, su sonrisa continuaba ahí, pero ella ya no lo estaba.
Como
cascadas desbordadas, mis ojos comenzaron a soltar lágrimas, gemí de dolor, de
temor, de sufrimiento. Solloce mientras me hincaba frente a la silla de la
mujer, el aspecto tenebroso de la habitación y desolado no ayudaba en nada mi
lamento.
—No
me deje sola…—susurre entre el llanto que me impedía hablar
comunmente, ni siquiera imagino si alguien hubiese entendido lo que dije.
Me mantuve
ahí. Llorando, en realidad tenía una
causa, pero en realidad no al mismo tiempo, sabía que por más que llorara no volverían.
Llorar por mis padres, ni el hecho de que ellos siguieran por ahí, vivitos y
coleando había servido mis suplicas y llantos a un dios que parece, disfruta de
mi sufrimiento.
Continúe, continúe
sintiendo que no tenía más lagrimas que dejar caer, pero el dolor continuaba,
grite, grite desesperadamente, no podía llorar, ahora el odio llenaba lo más
profundo de mi ser, caí al suelo de rodillas y mis manos por consiguiente, mire
el suelo con mis ojos borrosos y como parecía llenarse de agua mezclada con la
sangre. Lleve mi mano derecha a la misma y delicadamente pase por encima,
manchando mi mano de sangre. La mire atenta y mi ceño se frunció, grite y comencé
a golpear frenéticamente el suelo.
—Ahhhhhhh¡….ahhhhhhhhhh¡
—gritaba en momentos debido a que mi garganta se
resecaba y no me permitía emitir sonido, pero aun así volvía a gritar, cada vez
más fuerte que la anterior.
Mis gritos
fueron perdiendo fortaleza, rindiéndome ante mi misma, además, de que logre
escuchar como por fuera susurraban sobre los gritos dentro de la casa.
Además, una
presencia se hizo presente detrás de mí, esta aura no era más que la más
nefasta que en la tierra había existido, o al menos que había conocido hasta
ahora.
—…—No
fue necesario que dijera más, en realidad con su simple mirada me hizo sentir
enfadada, con odio, le mire con el ceño fruncido y con mirada de perro rabioso.
—Vete…—susurro
Ryu. Esto me había sorprendido, me quede un momento viendo cómo se acercaba
hacia mí y de repente, abría la ventana, me tomaba de la camiseta y me jalaba a
la fuerza, aunque fuera odioso, no pude resistirme, e estaba demasiado destrozada,
por dentro y fuera. Me aventó a la orilla de la ventana y me hizo ver que había
una guía de plantas en la pared, con la cual podría bajar.
Le mire
sorprendida, pero él ya había regresado al umbral de la puerta principal y se giró,
dándome la espalda, no dude dos veces en bajar, estando aquí me culparían de lo
que había pasado…al menos eso fue lo primero que pensé. Me acerque a la ventana
y me incline, saliendo de ahí, pero no sin antes mirar a la mujer que me había dado
una personalidad.
—Lo
prometo, no le faltara agua ni un solo día…—susurre
antes de bajar por la guía de plantas en la pared de una casa que ya no sería
para mi más un hogar.
Al bajar con
mucha prisa y sin cuidado, no me di cuenta que halaba de la guía demasiado, por
lo que a tres cuartos del camino la liana se rompió y cai de espaldas, dejándome
sin aire y sin fortaleza, Bueno, no era
que antes estaba llena de ella.
Con
esfuerzos, escuchando como la gente podría acercarse, corrí y me escondí en un callejón,
estaba oscuro y nadie me vería.
Mucha gente
se acercó a la ventana mirando hacia arriba y , como cualquier gente
simplemente por enterarse de lo ocurrido.
—¿Quién
habrá sido? —cuestiono una mujer joven , pero para nada hermosa
mirando hacia arriba con curiosidad, acercándose a un grupo de gente que también
presenciaba la escena y, al parecer, la llegada del jefe militar del pueblo a
hacerse cargo.
—Dicen
que soldados del pueblo recientemente conquistado vinieron en busca del jefe
militar... —susurro una mujer anciana de cabello enredado pero
aparentemente ella creía que estaba bien alisado, en un chongo alto.
Un hombre
que al parecer era el marido de la mujer joven, pues estaba demasiado cerca de
ella como para ser cualquiera, con unos aires de sabio susurro en forma de
burla.
—¿Crees
que se atreverían a atacar directamente al jefe militar? Puede que solamente querían
venganza…—dijo mientras acariciaba su barbilla.
—O
información—dijo la anciana.
—Ha
de ser lo más razonable…buscaban al hijo mano derecha de Ryu y terminaron
encontrando a la anciana…ha sido horrible…dicen que la Han torturado—esto
me hizo abrir los ojos de par en par, cubrir mi boca con mi mano para evitar
que se escucharan mis sollozos y cerrar los ojos.
—Uno
de los asesinos fue herido …no creo que pueda ir por ahí con un agujero en el abdomen..¿No?
—cuestiono el hombre mientras se cruzaba de Brazos y
miraba hacia arriba, también pude admirar Como más gente se acercaba al círculo
de comentarios y suposiciones. Pero yo, me quede petrificada.
Había
ayudado a quien me había quitado todo.